Entre 1922 y 1929, Estados Unidos vivió un período de crecimiento económico debido principalmente a los siguientes aspectos:
El aumento de la producción. Los sectores que más contribuyeron al crecimiento fueron la construcción y las nuevas industrias, como la automovilística, la eléctrica (electricidad, teléfono, cine), la de los electrodomésticos (frigoríficos, radios), la química (refinado del petróleo, neumáticos, abonos, productos farmacéuticos) y la aeronáutica. Además, en las industrias estadounidenses se aplicaron nuevos métodos de organización del trabajo y de la producción estandarizada y en cadena, lo que aumentó la producción sin incrementar la mano de obra y abarataron los precios por la reducción de costes.
La expansión del consumo. La disminución de los precios de los productos, sumada a los nuevos sistemas de crédito o compras a plazo y al surgimiento de la publicidad, incentivó el consumo. Esto derivó en la expansión de la llamada “sociedad de consumo”, en la que se estimulaba la compra de bienes aun cuando estos no eran necesarios y que se convirtió en símbolo de bienestar y prosperidad. Así, aumentó el optimismo, y el “estilo de vida norteamericano” comenzó a ser imitado en otros lugares del mundo.
Por su parte, Europa se recuperó de la crisis de posguerra, pero dejó de ser el centro de la economía mundial. De las potencias europeas, solo algunas como Francia experimentaron un importante crecimiento de la producción industrial debido a sus necesidades de reconstrucción y basado en préstamos de capital estadounidense.

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