septiembre 17, 2010

Fray Melchor Martínez vs Fray Camilo Henríquez

El ejemplo de los Estados Unidos


Las Américas recibieron desde los principios el sistema de la Revolución francesa como el más análogo y conforme a sus deseos, pues este Nuevo Mundo cree que ya llegó al estado de la pubertad y que puede muy bien regirse sin tutores ni curadores que lo sostengan; cuyo concepto halagüeño, abrigado y fomentando en las Américas hace algunos tiempos, ha recibido cuerpo y robustez últimamente en el ejemplo constante y manifiesto de los Estados Unidos que, siendo una pequeña parte de su vasto cuerpo, ha conseguido su independencia.


Esta República, que abrió la primera puerta a la libertad americana y rompió los lazos que la unían a Europa, pone en movimiento todos los resortes imaginables para atraer a los americanos a su depravado intento. La libertad de conciencia y de imprenta le sirve para publicar y esparcir los principios y máximas subversivos y sediciosos que siempre hallan acogida en la mayor parte de los hombres dominados por la ignorancia y la malicia.


El comercio clandestino y el permiso de la pesca de ballena los introduce en todas las costas, puertos, islas y demás posesiones españolas, dándoles ocasión a persuadir a los americanos del floreciente estado y ventajosa situación de su país.


Ponderan las riquezas y proporciones de estas provincias, afirman la injusticia y tiranía con que son arrebatadas a enriquecer la Europa y el estado de oscuridad, desamparo y nulidad civil en que yacen las Américas. Ofrecen con desvergüenza todos los auxilios de su gran poder a los pueblos que quieran sacudir el yugo de la legítima y justa dominación.


En todos estos puertos, ciudades y especialmente en las capitales, conozco establecidos muchos de estos bostoneses (ciudadanos de Boston, Estados Unidos) que, además de cultivar las semillas seductoras verbalmente, mantienen correspondencia con su república, encargan y reciben los escritos libertinos de su patria, los esparcen, persuaden y descifran como buenos apóstoles de tal secta.


Redarguyendo a uno de estos en cierto concurso, y diciéndole que se abstuviera de proferir y propagar doctrinas sediciosas, concluyó diciendo que ya los americanos no necesitaban regirse ni mendigar la cultura de Europa, pues tenían la fuente de la Ilustración y las luces en su propio suelo y continente.


Fray Melchor Martínez. (1815). Memoria histórica sobre la Revolución de Chile desde el cautiverio de Fernando VII hasta 1814.


Identidad de ideas y conducta de las Juntas de Chile y Buenos Aires


La unión, que más bien puede llamarse identidad de ideas y conducta de las dos Juntas de Chile y Buenos Aires, conforme en todo a los principios revolucionarios practicados en la Francia y en casi toda Europa, empieza a desplegar los terribles efectos de crueldad, anarquía y libertad acorde enteramente con los maestros del sistema.


Empezó la Francia su revolución difamando, persiguiendo y quitando la vida al Rey, y a todos los que sostenían el partido monárquico.


Buenos Aires depone y destierra a su Virrey, a la Real Audiencia con todos los demás ministros de los Tribunales, y quita la vida ferozmente al ilustre Liniers y a otros muchos más, y ahora victorioso el ejército de Casteló en Potosí, prosigue en su sanguinario principio decapitando a los fieles defensores de la justicia y del Rey. Líbranse de igual suerte otros varios con la fuga y sufren la pena de confiscación de bienes y destierro. Estas últimas noticias recibimos el dos de enero (de 1811).


La Junta de Chile, secuaz de la misma doctrina, sigue, aunque a retaguardia, los mismos pasos: depuso a su Presidente; ahuyentó al Intendente de Concepción, tiene infamada y perseguida a la Real Audiencia y persigue y oprime a todos los empleados del Rey.


Las demostraciones de júbilo y la celebración tan extremada con que recibió este gobierno a todos los facciosos, la nota del triunfo de Casteló en Potosí manifestaba claramente el espíritu de conformidad con los insurgentes de Buenos Aires y la suerte que nos esperaba a todos los amantes del Rey y del buen orden.


Fuegos artificiales, repique general de campanas, luminarias, vivas sin fin a la Junta, y mueran los tiranos, eran los instrumentos de nuestra mortificación y los anuncios claros de nuestra futura ruina.

Ensoberbecidos con tan faustos sucesos, los sublevados daban por hecho el proyecto de independencia de la España y empezaron a declarar abiertamente sus miras, divulgando infinidad de pasquines sediciosos con que intentaban alarmar al pueblo incitándolo al total exterminio de los realistas, pintándolos a estos con los denigrativos colores de satélites del despotismo y tiranía, de usurpadores y opresores de los americanos, y últimamente ensalzando las prerrogativas y derechos de estos pueblos que tenían facultad, ocasión y poder para elegir el gobierno que mejor les pareciera. El escrito de esta especie más notable y escandaloso que se publicó en estos días es la Proclama llamada "de Quirino Lemáchez".


Fray Melchor Martínez. (1815). Memoria histórica sobre la Revolución de Chile desde el cautiverio de Fernando VII hasta 1814.


La naturaleza nos hizo iguales


¡De cuánta satisfacción es para una alma formada en el odio de la tiranía, ver a su patria despertar del sueño profundo y vergonzoso, que parecía hubiese de ser eterno, y tomar un movimiento grande e inesperado hacia su libertad, hacia este deseo único y sublime de las almas fuertes, principio de la gloria y dichas de la República, germen de luces, de grandes hombres, y de grandes obras; manantial de virtudes sociales, de industria, de fuerza, de riqueza!


Vosotros no sois esclavos; ninguno puede mandaros contra vuestra voluntad. ¿Recibió alguno patentes del cielo, que acrediten que debe mandaros? La naturaleza nos hizo iguales; y solamente, en fuerza de un pacto libre, espontáneo y voluntariamente celebrado, puede otro hombre ejercer sobre nosotros una autoridad justa, legítima y razonable. Más no hay memoria de que hubiese habido entre nosotros un pacto semejante. Tampoco lo celebraron nuestros padres. ¡Ah! Ellos lloraron sin consuelo bajo el peso de un Gobierno arbitrario, cuyo centro colocado a una distancia inmensa, ni conocía, ni remediaba sus males; ni se desvelaba porque disfrutasen los bienes que ofrece un suelo tan rico y feraz.


¿No era un absurdo, contrario al destino y orden inspirado por la naturaleza, ir a buscar un Gobierno arbitrario; un ministerio venal y corrompido; dañosas y obscuras leyes, o las decisiones parciales de aristócratas ambiciosos, a la otra parte de los mares?


Estaba pues escrito, oh Pueblo, en los libros de los eternos destinos, que fueses libre y venturoso por la influencia de una Constitución vigorosa y un Código de leyes sabias; que tuvieses un tiempo, como lo han tenido y tendrán todas las naciones, de esplendor y de grandeza; que ocupases un lugar ilustre en la historia del mundo, y que se dijese algún día, la República, la potencia de Chile, la majestad del pueblo chileno.


Fray Camilo Henríquez (1811). Proclama de Quirino Lemáchez.

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