enero 09, 2023

Francisco Bilbao: idealista y librepensador

Un idealismo a toda prueba y un gran coraje moral marcan la personalidad de este precursor del pensamiento de izquierda. Junto a su padre y a su hermano Manuel, Francisco fue el miembro más destacado de un trío de luchadores que difundieron las ideas revolucionarias en el Chile de mediados del siglo XIX.

Nacido en 1823, vive el exilio a los once años. Rafael Bilbao, su padre, un liberal de concepciones fuertemente anticlericales, llega como proscrito a Lima en 1834 tras una azarosa actividad política: involucrado en la revolución de 1823 contra O’Higgins, constituyente en 1828, más tarde gobernador-intendente de Santiago, regresa a Chile con sus hijos en 1839 para seguir participando activamente en los sectores liberales.

En 1844, a los veintiún años, e inspirado por las ideas paternas y por sus lecturas de pensadores racionalistas, liberales y católicos con preocupaciones sociales, Francisco publica en el diario El Crepúsculo, un texto en el que sostiene la incompatibilidad entre el credo católico y la libertad. El documento, titulado Sociabilidad chilena y recordado por los historiadores como uno de los panfletos políticos de mayor impacto en nuestra historia, causa conmoción en la conservadora sociedad santiaguina.

Se lo juzga y condena como inmoral y blasfemo. Debe abandonar sus estudios de Derecho en el Instituto Nacional y, tras una estadía en Valparaíso, sale nuevamente al exilio, primero a Brasil y luego a Francia. En París conoce a Santiago Arcos Arlegui y encuentra a los que serán sus grandes referentes intelectuales, pensadores franceses como Jules Michelet, Edgard Quinet, Pierre Leroux y, especialmente, Lammenais, cuya principal obra traduce al castellano.

Bilbao persevera en sus estudios y financia su vida en Francia copiando textos musicales. En 1849 el diario El Progreso de Santiago publica su texto “Exposición abreviada del sistema falansteriano de Fourier por Víctor Considerant”. Pocos meses después regresa a Chile. El país se halla en pleno período electoral y la pugna entre conservadores y liberales es álgida. Santiago Arcos ya está de regreso. Junto a él, a su hermano Manuel, a otros intelectuales jóvenes y a un puñado de trabajadores manuales, Francisco Bilbao aporta al activo de la naciente Sociedad de la Igualdad su convicción y el prestigio asociado a su historia de rebeldía e irreverencia. Meses después el arzobispo de Santiago resuelve excomulgarlo.

En 1851, tras un abortado levantamiento militar inspirado por los liberales, toda su familia retorna exiliada a Lima. En 1855 Francisco emprende viaje a Europa y regresa a América dos años más tarde. Se instala en Buenos Aires, ciudad conmocionada por sus luchas con las provincias, organizadas en confederación. Allí ejerce como periodista y mantiene una relación cercana con el presidente Urquiza. Abraza la causa “unitaria” -contraria a la organización federal del país- y desarrolla un vigoroso pensamiento americanista que expresa con fuerza en su última obra: El Evangelio americano.


En su estadía de ocho años en Buenos Aires Francisco Bilbao alcanza notoriedad por sus ideas políticas radicales, las que da a conocer en diversas publicaciones, manteniendo siempre su tono anticlerical. En aquel tiempo se inicia en las logias masónicas y participa junto a José Hernández, el autor de Martín Fierro, en el Club Socialista Argentino. Se le considera un chileno-argentino, un ciudadano de América. Algunos historiadores indican que en sus últimos años sus preferencias políticas iban por el lado del radicalismo, que recién nacía en Chile como partido. Bilbao falleció de una afección pulmonar en 1865; despidió sus restos el representante diplomático de Chile en Buenos Aires, José Victorino Lastarria. Michelet, uno de sus viejos maestros, lo llamará, en carta dirigida a la viuda, “Un Washington del Sur”. En su último viaje desde Europa a Argentina, Bilbao escribía sobre Chile: “Es allí donde morir quisiera. Allí vi la luz, las altas cordilleras levantándose en una atmósfera azul inundada de luz. Allí mis grandes dolores y mis grandes días. ¿Por qué expulsado cuando siempre estuve en mi derecho? No me arrepiento de ninguno de mis actos públicos”.

El historiador Julio César Jobet afirma: “Bilbao es una de las figuras más curiosas de nuestra historia ideológica. Se destacó como magnífico tribuno de la libertad y de los derechos del pueblo y como un fervoroso demócrata. A lo largo de su existencia actuó con un elevado idealismo y el más completo desinterés. Todas sus actividades llevan el sello de un avasallador amor a la verdad y una confianza ilimitada en la razón”.

A fines del siglo veinte, más de ciento treinta años después de su muerte, el Gobierno de Chile repatrió los restos de Francisco Bilbao a Santiago, donde diversas organizaciones políticas y sociales laicas y de izquierda, así como la ciudadanía en general, le tributaron un último homenaje.

Fuente. Jorge Arrate y Eduardo Rojas. Memoria de la Izquierda chilena (1850-1970)