septiembre 30, 2010

Las jornadas de protesta contra Pinochet


Las "jornadas de protesta nacional" (1983-1986): un movimiento social contra el régimen militar


La grave crisis económica de 1982 desencadenó un amplio movimiento social que buscó el fin de la dictadura. Partidos políticos, gremios profesionales y sindicatos -reforzando su papel tras años de marginación- convocaron, entre 1983 y 1986, a reiteradas "jornadas de protesta nacional", uniendo a diversos sectores afectados por los estragos de la crisis. La respuesta del régimen alternó entre la represión y una limitada apertura.


La primera protesta: 11 de mayo de 1983


La jornada inicial se programó para el 11 de mayo de 1983. Una semana antes, Rodolfo Seguel (DC, líder de la CTC) desistió de convocar una huelga general al ver minas rodeadas por militares, optando por la protesta. Seguel declaró que el llamado no era por "una ley más o una ley menos", sino contra un "sistema completo que nos trata de asfixiar con armas como el terror y la represión".


Tras casi una década de silencio, el descontento se expresó masivamente. Miles de personas evitaron enviar a sus hijos al colegio, faltaron al trabajo y limitaron el uso del transporte y las compras. La manifestación se extendió a las universidades, acompañada de bocinazos pidiendo la caída de Pinochet y el cántico "Y va a caer…". Al atardecer, el ruido se amplificó con cacerolazos, mientras en los barrios populares se levantaban barricadas.


El éxito de la protesta se debió a varios factores:



La reacción del Gobierno fue represiva. Pinochet lo tildó de "plan soviético de desestabilización" y el discurso oficial lo asoció a violencia y vandalismo. El saldo de ese día fue de dos muertos, 50 heridos y 300 detenidos.


El diálogo frustrado y la reorganización política (1983-1984)


Entre mayo de 1983 y octubre de 1984, se realizaron 11 jornadas de protestas. El rol de los dirigentes políticos se hizo más notorio, actuando como portavoces en la estrategia para poner fin al régimen, a la par que reorganizaban las fuerzas opositoras.



La AD encontró interlocutor en el ministro del Interior, Sergio Onofre Jarpa, nombrado por Pinochet para gestionar la crisis. Un diálogo se inició el 25 de agosto en casa del arzobispo Juan Francisco Fresno. Pese a ciertas medidas (fin de la censura de libros, retorno de algunos exiliados), las reuniones fueron poco fructíferas. En octubre, Pinochet aclaró que el nombramiento de Jarpa buscaba más apaciguar que negociar realmente, sentenciando que los políticos "podían seguir conversando, pero la Constitución no se alterará". El poder de Jarpa decayó, dejando el cargo en 1985.


Nuevas formas de protesta


La autoinmolación de Sebastián Acevedo en 1983 -frente a la catedral de Concepción, en protesta por la detención y posible tortura de sus hijos- causó gran impacto e impulsó la creación de grupos con tácticas creativas de manifestación:



Las manifestaciones masivas continuaron con fuerza en 1984. Una dramática se convocó para el 4 y 5 de septiembre, a la que el Gobierno respondió con Estado de Emergencia. En esa jornada, el sacerdote francés André Jarlan murió por una bala perdida en su habitación de la población La Victoria.


El ambiente siguió tenso. El 30 de octubre, el Movimiento Democrático Popular (MDP) -fundado en 1983 con la consigna de "todas las formas de lucha" e integrado por el PC, el ala dura del PS, el MIR y grupos radicalizados- convocó a una nueva protesta con huelga general. La movilización fue intensa y violenta, y la represión muy dura: 9 muertos, decenas de heridos y centenares de detenidos. Pinochet puso fin a la "apertura", decretando Estado de Sitio, toque de queda y suspensión/censura de medios el 7 de noviembre de 1984.


El endurecimiento de la represión y la vía pacífica (1985)


La mañana del 29 de marzo de 1985, fueron secuestrados en Santiago José Manuel Parada (sociólogo y funcionario de la Vicaría de la Solidaridad) y Manuel Guerrero (profesor), ambos miembros del Partido Comunista, junto al publicista Santiago Nattino. Al día siguiente, aparecieron degollados en Quilicura (Caso Degollados).


Este y otros hechos similares generaron dos reacciones:



Así, el 25 de agosto de 1985 se firmó el "Acuerdo Nacional para la Transición a la Plena Democracia", que por primera vez unió a la oposición moderada con sectores de derecha afines al régimen. Este documento no exigía la renuncia inmediata de Pinochet, sino la reforma de la Constitución, marcando un nuevo espíritu de entendimiento para la futura transición. Sin embargo, no tuvo éxito inicial, ya que Pinochet desechó la idea.


El año decisivo que no fue (1986)


En 1986, surge la Asamblea de la Civilidad, que agrupa a 15 de las organizaciones más importantes del país. Presentaron la "Demanda de Chile" al Gobierno, que fue rechazada de inmediato, provocando una protesta convocada para el 2 y 3 de julio de 1986. La represión fue particularmente severa y quedó marcada por la tragedia de Rodrigo Rojas y Carmen Gloria Quintana, quienes fueron quemados vivos por una patrulla militar (solo ella sobrevivió).


Paralelamente, el Partido Comunista, a través del FPMR, apostó por que 1986 sería "el año decisivo", con la "Operación Siglo XX" para asesinar a Pinochet. El 7 de septiembre, el atentado contra el dictador, al regresar de El Melocotón, fracasó por un desperfecto del rocket lanzado, aunque murieron 5 guardaespaldas.


El atentado provocó una represión inmediata: cuatro profesionales de izquierda fueron secuestrados y asesinados en las horas posteriores, y en los meses siguientes se desarrolló la "Operación Albania", que resultó en la muerte de 12 frentistas.


De esta forma, 1986, en lugar de poner fin al régimen, evidenció el fracaso de los intentos por derrocar a Pinochet, ya sea por la vía violenta o por la presión social, lo que llevó al declive de las protestas. A partir de entonces, aunque la izquierda más radical mantuvo su línea de "rebelión", el resto de la oposición optó por una nueva fórmula: aceptar la institucionalidad militar y sus plazos, pero utilizando los espacios existentes para enfrentar eficazmente a Pinochet.


Testigos de la Historia. CIDOC-Universidad Finis Terrae (2010)

septiembre 19, 2010

Algunos mitos sobre la Independencia


"Uno de los mitos es el supuesto patriotismo del pueblo durante las guerras de Independencia. Indudablemente, ese sentimiento no era tal en 1810, pues sólo estaba como germen en una parte pequeña de la clase dirigente. El amor por el suelo patrio en la sociedad como conjunto se va a ir desarrollando recién al calor de la emancipación. De hecho, cuando estalla la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, en 1836, a la gente en el campo había que reclutarla con lazos. El ejército expedicionario que zarpó al Perú se formó fundamentalmente de la misma forma en que se crearon los ejércitos patriotas de la Independencia: con levas forzosas.


Este panorama, sin embargo, cambió casi radicalmente cuarenta años más tarde, durante la guerra del Pacífico. En ese conflicto, por lo menos dos tercios de las plazas del Ejército y de la Armada se llenaron con enrolamientos voluntarios. Ese cambio no es ajeno a la progresiva construcción del Estado nacional, un Estado que, a través del sistema de instrucción pública, la difusión de los símbolos patrios y el servicio militar, alcanza presencia en muchos núcleos del país. Es el Estado en su conjunto el que impone estas visiones simplificadoras de la Historia. Creer, por ejemplo, que el chileno es un pueblo guerrero, valiente, que sus Fuerzas Armadas han sido siempre vencedoras y jamás vencidas, probablemente va a alentar ciertos comportamientos chauvinistas o ultranacionalistas respecto de sus vecinos. Si se oculta, por ejemplo, que en la Independencia participaron líderes de otros países, evidentemente podrían alentarse ciertos comportamientos xenofóbicos o patrioteros. Una visión más rica y matizada de la historia puede contribuir a hacer entender que las cosas no son tan simples y que las nacionalidades son un  producto histórico que se va formando en un proceso de avances y repliegues".


El Metropolitano, 19 septiembre 1999. Declaraciones del historiador Sergio Grez.


septiembre 18, 2010

Interpretaciones históricas sobre la Independencia chilena

JAIME EYZAGUIRRE

“Ideario y ruta de la emancipación chilena”

Plantea que en los inicios de la Independencia no hubo intención separatista por parte de los primeros integrantes de la Junta de Gobierno de 1810, y que todo su accionar tuvo como fundamento teórico la doctrina hispánica medieval, en la cual se establecía que en ausencia del monarca, la soberanía retornaba al pueblo, mientras este no pudiese asumirla.

 

Por ello, según este autor, el sentimiento en 1810 era de lealtad al prisionero rey Fernando VII. Sólo las circunstancias que permitieron el ejercicio del poder local derivaron posteriormente en un anhelo de independencia.

HERNÁN RAMÍREZ NECOCHEA

“Antecedentes económicos de la independencia de Chile”

Enfatiza que los antecedentes económicos son los que explican las razones profundas y objetivas de la emancipación de Chile como colonia. Ya a finales del siglo XVIII se hacía manifiesta la contraposición de intereses entre la elite criolla, que planteaba la necesidad de un desarrollo local que para ser posible ponía en jaque las bases del sistema colonial. Por otra parte, hace mención a que no existían las condiciones subjetivas, es decir, una real conciencia separatista por parte de los criollos que mantenían en su mayoría una fidelidad al rey. Son acontecimientos circunstanciales los que precipitarán los hechos, pero las condiciones estructurales estaban dadas.

SERGIO VILLALOBOS

“Tradición y Reforma en 1810”

Enfatiza la necesidad de analizar el proceso de emancipación en forma integral y profunda, lo que demanda investigar sus causas no sólo en los documentos inmediatos a 1810, sino en aquellos que nos hacen conocer el ambiente de descontento existente en Chile desde las reformas borbónicas.

 

Un punto de inflexión en este proceso fueron los sucesos internacionales previos a 1810, que aportaron nuevos elementos a la situación existente, desencadenando la formación de la Primera Junta de Gobierno y los acontecimientos posteriores. Otro punto de inflexión es la vivencia de la Reconquista, donde el sentimiento de odio al español alcanza su momento más álgido.

ALFREDO

JOCELYN-HOLT

“La Independencia de Chile: Tradición, modernización y mito”

Postula que fueron la fuerza de las circunstancias, vale decir, el contexto histórico, y la improvisación criolla los que llevaron al proceso de emancipación. Niega la existencia de sujetos políticos revolucionarios (para él lo revolucionario eran los tiempos en que éstos vivieron); señala que los criollos van adquiriendo lentamente conciencia de la radicalidad que van tomando los acontecimientos, ante los cuales actúan reactivamente y no propositivamente.

 

El autor coloca el énfasis en el escenario externo y no el interno: el derrumbe de la monarquía y su legitimidad fue accidental y su reemplazo por otro sistema se hizo a tientas, improvisadamente.

SIMÓN COLLIER

“Ideas y política en la Independencia chilena: 1808-1833”

Le otorga gran importancia al papel que jugó la difusión de las ideas liberales en un sector de la élite criolla, que ya tenía asentado el ideal separatista. Para este autor, la mencionada fidelidad al rey era solo una estrategia para lograr una legitimación de la Primera Junta de Gobierno y así poder iniciar el proceso autonomista. La importancia de las ideas liberales se expresó en todas las instituciones que se van creando en el desarrollo del proceso emancipador.

GABRIEL SALAZAR-JULIO PINTO

“Historia Contemporánea de Chile”

Plantean que en el siglo XVIII, en el marco de las reformas borbónicas, el Estado imperial español experimentó, en la misma cima de su aparente eficiencia económica, la corrosión de sus pilares ideológicos fundamentales; que la reducción de ingresos producida por la liberalización comercial, aumentó la carga tributaria de amplios sectores criollos, lo que llevó a estos grandes propietarios y comerciantes a incrementar la presión expoliadora hacia abajo, es decir a la población trabajadora, situación que produjo un descontento bastante generalizado.

El Centenario según El Mercurio

"Se cumplen hoy cien años desde el día en que los ciudadanos de Chile iniciaron el movimiento de emancipación de la metrópoli… 


Un siglo hemos vivido como nación libre, y podemos sin falsa vanagloria y sin exageraciones de amor propio nacional mirar hacia atrás con satisfacción íntima, ciertos... de que el primer siglo termina para nosotros en condiciones que hubieran satisfecho el patriotismo de los fundadores de la República.


En el orden material hemos dado vigoroso impulso a nuestras industrias.


En el orden de la defensa nacional hemos logrado organizar el primer ejército de América y tenemos una marina con espléndida tradición.


En la instrucción pública hemos levantado al nivel de los países más adelantados nuestros métodos y programas y estamos esforzándonos por orientar la educación en un sentido práctico que se armonice con las instituciones democráticas que nos rigen.


Nuestras relaciones exteriores se hallan conducidas con habilidad y la política seguida nos ha permitido resolver casi todos los problemas pendientes y nos deja esperar tranquilos, en la seguridad de que somos respetados, la solución de los que todavía subsisten. El crédito de Chile es sólido. Los mercados europeos nos ofrecen dinero para fecundar nuestro progreso y la seriedad tradicional de nuestra administración financiera nos deja libertad para movernos con facilidades en futuras operaciones.


La administración pública se haya organizada y sufre incesantes reformas que la perfeccionan y completan.


Nuestra justicia tiene prestigio y goza dentro y fuera del país de fama de honrada y prudente.


Y, por fin, en la organización política hemos llegado a un régimen de libertad en el orden de que acabamos de dar un ejemplo soberbio en hechos recientes que son como una disposición providencial para que pudiéramos mostrar al mundo que somos una nación definitivamente organizada.


El cuadro de nuestra situación presente es risueño y sólo nos falta para entrar con planta segura en el segundo siglo de la vida libre que fortifiquemos cada día más en nuestros ánimos la fe en los destinos de Chile y la confianza en la fuerza moral y física de la raza.


Somos un pueblo capaz de grandes cosas y tenemos ante el mundo y ante nosotros mismos la responsabilidad de realizarlas. Creamos fuertemente en ese destino; creamos que la colectividad chilena tiene en los designios de la providencia marcado un futuro de victorias morales y materiales; creamos que la herencia que el primer siglo nos deja, llena de glorias y de éxitos, nos obliga a luchar para el coronamiento de la obra.


¡Excelsior! es el grito que se escapa de nuestra alma en este momento. La mirada hacia atrás sólo debe servir para infundirnos una enérgica seguridad en el porvenir."


Fuente: El Mercurio de Santiago, 18 de septiembre de 1910

El Bicentenario según El Mercurio

"Al cumplirse dos siglos del acto que dio comienzo al proceso político que habría de concluir, ocho años después, en la independencia de Chile de la monarquía española, es indispensable hacer un balance de las realizaciones de la República y, sin perjuicio de una natural satisfacción por los numerosos logros alcanzados, esbozar también un diagnóstico de las deficiencias que exhibe el funcionamiento de sus instituciones y que el tercer siglo republicano debería procurar corregir.


Unos años antes de 1910, un destacado político aludió —con palabras que se hicieron célebres— al malestar que él advertía en la sociedad chilena. Cien años después abundan también las expresiones de malestar. Se han logrado, sin duda, notables avances en todo orden de cosas, en especial en los campos económico y social, pero hay ámbitos en que las inercias son de tal magnitud —salud y educación, por ejemplo— que los remedios tienen un costo político que por momentos parece casi imposible de abordar.


“El Mercurio”, nacido sólo nueve años después de haberse declarado solemnemente la independencia de Chile, ha servido de vehículo para el libre intercambio de opiniones y de observador privilegiado del desenvolvimiento de nuestra patria. Por tal motivo, sus columnas, además de celebrar como es legítimo, creen necesario plantear en este día una reflexión sobre un básico problema institucional. Y puede ayudar a iniciarla una revisión de lo que en estos 200 años ha sido la vida institucional del país.


Desplazado el régimen monárquico, durante el decenio de 1820 Chile experimentó con variadas fórmulas de inspiración liberal que resultaron inviables. Con la Constitución de 1833, el Presidente de la República fue revestido de poderes similares, si no mayores, a los que tenía el antiguo gobernador del reino en el medio siglo final de la monarquía. Eficaz para asegurar los pasos iniciales de la República, ese modelo empezó a ser resistido por los sectores políticos. Mediante la incorporación de diversas prácticas, el país derivó hacia formas parlamentarias de gobierno, lo que se hizo muy perceptible en el gobierno de José Joaquín Pérez. Pero ese parlamentarismo en ciernes estaba limitado por la Carta de 1833, y en ella se atrincheró el Presidente Balmaceda para oponerse a una evolución a la cual él mismo había contribuido. 


La revolución de 1891, triunfo de las ideas parlamentarias, no se tradujo en las obvias reformas constitucionales que le hubieran dado eficacia a esa forma de gobierno. Y esa incapacidad llevó al movimiento militar de 1924 y a una nueva Carta Fundamental al año siguiente, que creyó encontrar la solución en un reforzamiento del poder del Ejecutivo.


Frente a un Presidente dotado de amplísimas facultades, los partidos políticos se convirtieron en instrumentos de presión sobre aquél. El sistema proporcional, al impedir la formación de grandes mayorías, obligó al Presidente a negociar permanentemente con los partidos, en especial con aquellos que lo apoyaban, para lo cual la moneda de cambio fue el acceso a los cargos de la administración del Estado. Los partidos, a su vez, se sirvieron de la función legislativa para satisfacer las exigencias de sus adherentes con los fondos fiscales. Esto impidió un manejo hacendístico razonable y anuló la posibilidad de despachar proyectos de ley de buena factura. La legislación de la época, abundantísima, era caótica y contradictoria, lo que llevó incluso a aceptar la delegación de facultades —un sorprendente reconocimiento del Congreso de su incapacidad para elaborar normas aceptables.


La radicalización ideológica, justificada por sus mentores en la incapacidad del sistema democrático para resolver los acuciantes problemas económicos y sociales, dio origen a proyectos reformistas que, catalogados como “intransables”, fueron impuestos a determinados sectores sociales con costos jamás medidos. Esa tendencia, acentuada a partir de 1970 con el sometimiento al modelo marxista, pero con un programa llevado a cabo dentro de la institucionalidad vigente, demostró la inoperancia de las herramientas constitucionales frente al avasallador poder presidencial.


Cabía suponer que después de tal experiencia, cualquier nuevo marco institucional sería particularmente cuidadoso en el diseño de los equilibrios dentro del sistema político. Pero eso no ocurrió: echando mano a nuestra tradición presidencialista, la carta de 1980 aumentó aún más la preponderancia del Ejecutivo. 


Pero lo más notable es que las numerosísimas reformas recibidas por la Constitución desde antes de la restauración del régimen democrático evitaron, con singular cuidado, tocar siquiera al Presidente de la República. Como las modificaciones a la Constitución de 1980 la han aproximado cada vez más a la de 1925, Chile cuenta hoy con un arreglo institucional que ya probó sus evidentes limitaciones.


A un aparato público marcado por algunos reveladores signos de corrupción a los que no estábamos habituados, se agregan en la actualidad el desprestigio de la función parlamentaria, una legislación no pocas veces deplorable, la permanente improvisación normativa y los efectos no deseados que surgen de leyes mal estudiadas. En una suerte de singular involución, el país bien podría enfrentarse a un cuadro institucional que no se merece, por el que ya pasó hace 30 o 40 años.


Con casi dos siglos de vida republicana, Chile no muestra hoy un marco institucional suficientemente coherente. Urge, en consecuencia, ordenar las prioridades del país y enfrentar y resolver la que parece encabezarlas: la relación entre el Presidente y el Congreso.


Luego de las gravísimas fracturas políticas y de la convivencia en el extinto Estado de Derecho de los años 70, hoy podemos felizmente enorgullecernos de variadas evidencias de modernización. En cierto sentido, el país marcha a la vanguardia de aspectos renovadores clave que urgen en toda la región latinoamericana, y el ojo de los extranjeros, en general, es más elogioso que nuestro espíritu autocrítico. Sin embargo, estas satisfacciones que nos depara nuestra marcha hacia el desarrollo y la modernización no deben hacernos olvidar que aún no conseguimos superar la pobreza dura, ni que nuestras fallas institucionales y de funcionamiento del Estado pueden afectar."


Fuente: El Mercurio, 18 de septiembre de 2010

septiembre 17, 2010

Fray Melchor Martínez vs Fray Camilo Henríquez

El ejemplo de los Estados Unidos


Las Américas recibieron desde los principios el sistema de la Revolución francesa como el más análogo y conforme a sus deseos, pues este Nuevo Mundo cree que ya llegó al estado de la pubertad y que puede muy bien regirse sin tutores ni curadores que lo sostengan; cuyo concepto halagüeño, abrigado y fomentando en las Américas hace algunos tiempos, ha recibido cuerpo y robustez últimamente en el ejemplo constante y manifiesto de los Estados Unidos que, siendo una pequeña parte de su vasto cuerpo, ha conseguido su independencia.


Esta República, que abrió la primera puerta a la libertad americana y rompió los lazos que la unían a Europa, pone en movimiento todos los resortes imaginables para atraer a los americanos a su depravado intento. La libertad de conciencia y de imprenta le sirve para publicar y esparcir los principios y máximas subversivos y sediciosos que siempre hallan acogida en la mayor parte de los hombres dominados por la ignorancia y la malicia.


El comercio clandestino y el permiso de la pesca de ballena los introduce en todas las costas, puertos, islas y demás posesiones españolas, dándoles ocasión a persuadir a los americanos del floreciente estado y ventajosa situación de su país.


Ponderan las riquezas y proporciones de estas provincias, afirman la injusticia y tiranía con que son arrebatadas a enriquecer la Europa y el estado de oscuridad, desamparo y nulidad civil en que yacen las Américas. Ofrecen con desvergüenza todos los auxilios de su gran poder a los pueblos que quieran sacudir el yugo de la legítima y justa dominación.


En todos estos puertos, ciudades y especialmente en las capitales, conozco establecidos muchos de estos bostoneses (ciudadanos de Boston, Estados Unidos) que, además de cultivar las semillas seductoras verbalmente, mantienen correspondencia con su república, encargan y reciben los escritos libertinos de su patria, los esparcen, persuaden y descifran como buenos apóstoles de tal secta.


Redarguyendo a uno de estos en cierto concurso, y diciéndole que se abstuviera de proferir y propagar doctrinas sediciosas, concluyó diciendo que ya los americanos no necesitaban regirse ni mendigar la cultura de Europa, pues tenían la fuente de la Ilustración y las luces en su propio suelo y continente.


Fray Melchor Martínez. (1815). Memoria histórica sobre la Revolución de Chile desde el cautiverio de Fernando VII hasta 1814.


Identidad de ideas y conducta de las Juntas de Chile y Buenos Aires


La unión, que más bien puede llamarse identidad de ideas y conducta de las dos Juntas de Chile y Buenos Aires, conforme en todo a los principios revolucionarios practicados en la Francia y en casi toda Europa, empieza a desplegar los terribles efectos de crueldad, anarquía y libertad acorde enteramente con los maestros del sistema.


Empezó la Francia su revolución difamando, persiguiendo y quitando la vida al Rey, y a todos los que sostenían el partido monárquico.


Buenos Aires depone y destierra a su Virrey, a la Real Audiencia con todos los demás ministros de los Tribunales, y quita la vida ferozmente al ilustre Liniers y a otros muchos más, y ahora victorioso el ejército de Casteló en Potosí, prosigue en su sanguinario principio decapitando a los fieles defensores de la justicia y del Rey. Líbranse de igual suerte otros varios con la fuga y sufren la pena de confiscación de bienes y destierro. Estas últimas noticias recibimos el dos de enero (de 1811).


La Junta de Chile, secuaz de la misma doctrina, sigue, aunque a retaguardia, los mismos pasos: depuso a su Presidente; ahuyentó al Intendente de Concepción, tiene infamada y perseguida a la Real Audiencia y persigue y oprime a todos los empleados del Rey.


Las demostraciones de júbilo y la celebración tan extremada con que recibió este gobierno a todos los facciosos, la nota del triunfo de Casteló en Potosí manifestaba claramente el espíritu de conformidad con los insurgentes de Buenos Aires y la suerte que nos esperaba a todos los amantes del Rey y del buen orden.


Fuegos artificiales, repique general de campanas, luminarias, vivas sin fin a la Junta, y mueran los tiranos, eran los instrumentos de nuestra mortificación y los anuncios claros de nuestra futura ruina.

Ensoberbecidos con tan faustos sucesos, los sublevados daban por hecho el proyecto de independencia de la España y empezaron a declarar abiertamente sus miras, divulgando infinidad de pasquines sediciosos con que intentaban alarmar al pueblo incitándolo al total exterminio de los realistas, pintándolos a estos con los denigrativos colores de satélites del despotismo y tiranía, de usurpadores y opresores de los americanos, y últimamente ensalzando las prerrogativas y derechos de estos pueblos que tenían facultad, ocasión y poder para elegir el gobierno que mejor les pareciera. El escrito de esta especie más notable y escandaloso que se publicó en estos días es la Proclama llamada "de Quirino Lemáchez".


Fray Melchor Martínez. (1815). Memoria histórica sobre la Revolución de Chile desde el cautiverio de Fernando VII hasta 1814.


La naturaleza nos hizo iguales


¡De cuánta satisfacción es para una alma formada en el odio de la tiranía, ver a su patria despertar del sueño profundo y vergonzoso, que parecía hubiese de ser eterno, y tomar un movimiento grande e inesperado hacia su libertad, hacia este deseo único y sublime de las almas fuertes, principio de la gloria y dichas de la República, germen de luces, de grandes hombres, y de grandes obras; manantial de virtudes sociales, de industria, de fuerza, de riqueza!


Vosotros no sois esclavos; ninguno puede mandaros contra vuestra voluntad. ¿Recibió alguno patentes del cielo, que acrediten que debe mandaros? La naturaleza nos hizo iguales; y solamente, en fuerza de un pacto libre, espontáneo y voluntariamente celebrado, puede otro hombre ejercer sobre nosotros una autoridad justa, legítima y razonable. Más no hay memoria de que hubiese habido entre nosotros un pacto semejante. Tampoco lo celebraron nuestros padres. ¡Ah! Ellos lloraron sin consuelo bajo el peso de un Gobierno arbitrario, cuyo centro colocado a una distancia inmensa, ni conocía, ni remediaba sus males; ni se desvelaba porque disfrutasen los bienes que ofrece un suelo tan rico y feraz.


¿No era un absurdo, contrario al destino y orden inspirado por la naturaleza, ir a buscar un Gobierno arbitrario; un ministerio venal y corrompido; dañosas y obscuras leyes, o las decisiones parciales de aristócratas ambiciosos, a la otra parte de los mares?


Estaba pues escrito, oh Pueblo, en los libros de los eternos destinos, que fueses libre y venturoso por la influencia de una Constitución vigorosa y un Código de leyes sabias; que tuvieses un tiempo, como lo han tenido y tendrán todas las naciones, de esplendor y de grandeza; que ocupases un lugar ilustre en la historia del mundo, y que se dijese algún día, la República, la potencia de Chile, la majestad del pueblo chileno.


Fray Camilo Henríquez (1811). Proclama de Quirino Lemáchez.

Julio Valdés Cange - ¡Nada qué celebrar!

"Vuestra larga esperiencia i vuestra versacion en los negocios públicos me permiten juzgar que vos no sois de esos inocentes que creen en nuestra mentida prosperidad. La farsa es tan grosera, tan toscas son las bambalinas, tan desvencijados los bastidores, que los únicos que pueden engañarse son los mismos farsantes i tramoyistas que por haber tomado mui en serio sus papeles, acaso hayan llegado a creerlos reales.


Acabamos de celebrar nuestro Centenario i hemos quedado satisfechos, complacidísimos de nosotros mismos. No hemos esperado que nuestros visitantes regresen a su patria i den su opinion, sino que nuestra prensa se ha calado la sotana i el roquete, ha empuñado el incensario, i entre reverencia i reverencia, nos ha proclamado pueblo cultísimo i sobrio, ejemplo de civismo, de esfuerzo jigantesco, admirablemente preparado para la vida democrática, respetuoso de sus instituciones i de los sabios e intejérrimos políticos que lo dirijen, en una palabra, espejo milagroso de virtudes en que deben mirarse todos los pueblos que aspiren a ser grandes. Con una petulancia rayana en la imbecilidad, hemos ido a preguntar a los delegados estranjeros: "Qué les parece a Uds. nuestro ejército? I nuestra marina? I nuestros ferrocarriles? I nuestras industrias? I nuestra capital? I nuestra instruccion pública? I nuestra administracion? I nuestros políticos?... I ¡qué habrán podido contestar ellos, que vienen con carácter diplomático i han podido aquilatar nuestra fatuidad sin límites! Nosotros, sin embargo, con gravedad cómica hemos estado publicando los imparciales i encomiásticos juicios que de nuestros huéspedes hemos merecido.


I ¿a quién hemos conseguido engañar con este desvergonzado sainete? ¿A los estranjeros? ¿Creeis, señor, que por mui copioso que haya sido el champaña de los banquetes habrá bastado a perturbar su cerebro hasta el punto de que no se hayan dado cuenta de la podredumbre que nos ahoga? ¿Habrán ignorado que los ocho millones de pesos que el Congreso dedicó a celebrar el Centenario despertaron una sed de rapiña tan grande que, cuando falleció el Excmo. señor don Pedro Montt i algunos espíritus pundonorosos hablaron de la postergacion de las fiestas, levantaron una verdadera tempestad los que ya contaban como propia buena parte de aquellos dineros, i emplearon toda clase de influjos hasta conseguir que se llevasen a efecto las festividades, casi sobre los cadáveres de dos presidentes? Para vergüenza nuestro señor, los delegados estranjeros han tenido que imponerse de todas nuestras miserias: han tenido que ver a nuestros magnates convertidos en mayordomos, en contratistas de banquetes que el estado pagó a precios superfabulosos; han tenido que saber de esos arcos ridículos que se construyeron en la Avenida de las Delicias fueron contratados por 90,000 pesos, i el negocio pasó de mano en mano hasta llegar a las que del que los hizo, el cual solo recibió 14,000, i todavía obtuvo una ganancia no despreciable; han debido imponerse de que muchas familias de las mas aristocráticas se hicieron arreglar rejiamente sus palacios por cuenta del estado, so pretesto de prepararlos para recibir alguna delegacion estranjera; i de que muchas exijieron todavía, por las dos semanas que fueron ocupados, alquileres de treinta, cuarenta i cincuenta mil pesos, fuera de que hubo alguna de muchos pergaminos que luego que vió su estancia transformada i embellecida por los dineros fiscales, se aprovechó de un pretesto fútil para no facilitarlo i se quedó con las mejoras.


Todos los estranjeros han conocido por esperiencia propia nuestro ruin espíritu logrero i nuestra inclinacion invencible al alcohol i a la mentira. Sin mayor esfuerzo han podido convencerse de la abyeccion en que viven nuestras clases menesterosas, i no han necesitado de una vista de águila para llegar hasta el fondo hueco de las instituciones que mas enorgullecidos nos tienen. El Centenario ha sido una esposicion de todos nuestros oropeles i de todos nuestros trapos sucios: las delegaciones estranjeras tendrán que ser, sin duda, los pregoneros que repartan a los cuatro vientos la noticia de nuestra creciente ruina económica i moral. Vos, señor, sabeis esto, lo habeis podido ver mejor que yo, i seguramente como patriota lo lamentáis i tenéis el ánimo de ponerle atajo."


Fuente: Julio Valdés Cange (Alejandro Venegas). Sinceridad: Chile íntimo en 1910

septiembre 03, 2010

Gabriel Salazar - "El pobre de hoy es el flaite"


-¿Está preparado para la polémica que surgirá con el libro de Altamirano? Cada vez que abre la boca hace mucho ruido… Sobre todo cuando analiza a la UP, el golpe y la renovación de la izquierda…

-Altamirano es un intelectual. Así lo descubrí. Es el más intelectual de los políticos chilenos. En relación con la UP, su visión tiene que ver más que nada con la ingenuidad de lanzar un proyecto revolucionario a fondo a través de un Estado que no daba el ancho, y de promover un proceso de ese tipo cuando el mundo se dividía entre Estados Unidos y la Unión Soviética, estando nosotros en el corazón del "patio trasero" de los norteamericanos, que no querían una segunda Cuba. Eso era de una ingenuidad enorme. Dice también que, sabiendo de que eso era así - ingenuo, riesgoso-, no procuramos organizar la defensa de ese proyecto, o sea, fue una revolución desarmada. Y eso, dice él, condujo al desastre.

-¿Y qué visión le plantea sobre Salvador Allende?

-Altamirano dice que todos, incluido él mismo, procuraron ser leales al programa de la Unidad Popular. Allende también. Pero Allende, en el fondo, quería morir más que organizar la defensa. Más que atacar al enemigo que lo atacaba, él optó por pensar: "Me van a derrotar... ¡pum!, me suicido...".

-¿Como opción desesperada de último momento o esa idea le venía de antes?

-Según Altamirano, Allende tenía una concepción fatalista del final del proyecto. Por eso admiraba a Balmaceda. Y cuando apareció la posibilidad del golpe, él se dijo "de La Moneda me sacan con los pies para adelante". Fue como si en la revolución bolchevique, Lenin se hubiera suicidado en el momento clave.

-¿Y cuánto se reconoce Altamirano en lo que más tarde hicieron algunos de sus discípulos en la Concertación?

-Dice que él inició la renovación, pero no pensó que la renovación que él propuso se convertiría en un proyecto neoliberal. Porque hoy eso es el Partido Socialista para él: un partido neoliberal. Y eso es traición.

-¿Y usted coincide con esa mirada?

-En general sí. Es evidente que el PS actual y la DC actual olvidaron los fundamentos sobre los cuales se constituyeron como partidos. El PS con toda la trayectoria del Frente de Trabajadores, la revolución latinoamericana distinta de la moscovita... Y la DC, que surge también con esto de la opción preferencial por los pobres, Jacques Maritain, Juan XXIII, Pacem in Terris, todo un pensamiento humanista cristiano en pro de la justicia social. Todo ese discurso, que caracterizó al primer gobierno de la DC, hoy nadie lo menciona. Ninguno de esos discursos se menciona... hoy son todos neoliberales.

-¿Los socialistas se olvidaron de los trabajadores y los democratacristianos se olvidaron de los pobres?

-Claro, todos administraron el modelo neoliberal de Pinochet, y en su misma lógica. Y eso explica el descontento de las bases, porque son partidos de cúpulas.

La pobreza hoy

-En los 20 años de la Concertación aparecen cifras objetivas que avalan su proyecto. Un ejemplo claro es la reducción de la pobreza. ¿Usted no reconoce esos avances?

-Las cifras avalan eso si mantenemos las mismas definiciones de pobreza. La pobreza siempre se definió, en el mundo en que yo crecí, como carencias materiales. Yo vivía en una población obrera, la Manuel Montt, en el barrio Independencia, rodeada por poblaciones callampa y por conventillos. Allá llegaban los pobres a pedir "un pedacito de pan, por el amor de Dios". Y les dábamos pan duro. Yo eso lo vi, pues. ¿Quiénes eran los niños? "Cabros patipelaos", o sea, sin zapatos, con los mocos colgando, desarrapados... tú les dabas una camisita y quedaban felices. O mujeres pobres, piñinientas, todas sucias, hediondas, con un saco al hombro donde metían las cosas. Ésa era la pobreza por la cual luchamos y por la cual cantábamos La Internacional y todo eso.

-Una pobreza que hoy difícilmente se ve...

-Sí, pues. Hoy el pobre tiene una posibilidad que no tuvo en los años 40 y 50: el crédito. Tú ves a cualquier señora y tiene cuatro o cinco tarjetas de crédito de casas comerciales. ¿Cuál es el pobre típico hoy? Ya no es el cabro harapiento y sin zapatos, no es la vieja con el saco pidiendo lechuga: el pobre de hoy es el flaite. Y el flaite, que no estudia, es una especie de vago, tiene blue jeans de marca, zapatillas de marca, polerón de marca, celular, peinado con estilo que necesita de una serie de cuestiones para dejar el pelo parado. Y, por lo tanto, no se siente pobre.

-¿Hay que hacer una redefinición completa de la pobreza?

-Claro, porque la pobreza es relativa al contexto. Hoy, la pobreza no tiene que ver con esos bienes materiales, y por eso cae en las estadísticas. Hoy no se define por materialidad. Se define, por ejemplo, a partir del endeudamiento. Se mide por la capacidad de responder a una serie de exigencias: si te casas debes pagar por una vivienda, si tienes hijos debes pagar por su educación, si se te enferman tienes que pagar por la salud... y no estás en condiciones con 170 lucas mensuales, ni aunque te endeudes, para mantener una familia. Entonces, no me caso; y si me caso, me separo. La tasa de nupcialidad cayó 68% en los últimos 10 años. Los niños huachos alcanzan hoy el doble de lo que existía en el siglo XIX, que ya era récord mundial: está más alta que en Suecia, que es el país donde hay más cabros huachos. La tasa de divorcios supera a la de matrimonios. El madresolterismo sobrepasa el 30%. En ese contexto, el padre de una familia popular, o no tiene trabajo o tiene puro trabajo temporal. Como no puede mantener a su familia y hay violencia intrafamiliar -¡vamos matando mujeres!-, se separa y termina dedicándose a la droga. Si te fijas la mayor concentración del consumo de drogas no está en el tramo de etario 15 a 20, sino entre 25 y 45, que es la etapa en que el hombre puede trabajar, casarse y tener familia. ¿Cuál es el modelo para el cabro chico? El papá no está, se fue y es un desastre; madre sola, trabaja todo el día. ¿Qué hace el cabro? Se va a la calle, y tenemos enormes cantidades de pandillas juveniles, cabros chicos en la calle y ahí van construyendo su identidad. ¿Y quién es su modelo? El papá no sirve, el profesor está sometido al autoritarismo dictatorial del sostenedor y por lo mismo vale hongo: su modelo es el choro de la población. Porque el choro es audaz, valiente, tiene plata, maneja armas, se agarra a balazos con los pacos, tiene seguidores, le compra camisetas al club del barrio...

-Es una descripción desoladora...

-¡Pero eso es pobreza! No la llamo pobreza material, porque no es material. El choro tiene harta plata: por la vía del endeudamiento, del tráfico o del delito. Esto es pobreza ciudadana, cívica.

-¿Y se puede romper ese círculo?

-Es una red muy profunda... Se ve, por ejemplo, en la explosión de saqueos en el sur: cualquier desorden como el que produjo el terremoto provocará saqueos aquí y en la quebrada del ají...

-¿No fueron sorpresa para usted?

-Para nada. Eso está latente, es obvio. Estos cabros que consiguen recursos por las vías del endeudamiento o el robo están centrando su actividad simbólica en objetos como la electrónica; por eso roban puros aparatos electrónicos. En Concepción, robaron sobre todo artículos electrónicos.

-¿El problema tiene que ver con políticas sociales equivocadas?

-Tiene que ver con que no estamos leyendo en profundidad lo que está pasando en el mundo y en Chile. Seguimos mirando los grandes parámetros macroeconómicos. Y los vemos todos sanos. ¡Pero veamos los indicadores de desarrollo humano del PNUD! ¡Ahí la cosa cambia! Se ve que existe a nivel de la población chilena una enorme sensación de inseguridad, un malestar interior: no sé si podré asegurar mi salud cuando esté viejo, no sé si podré educar a mis hijos, no sé si puedo estar en mi casa tranquilo sin que me asalten... Pura inseguridad.

-El conflicto ya no está en la calle...

-¡No pues, está adentro de la casa! Y el régimen, feliz: estamos todos bien, vean las cifras, ¡pero nadie ve el enmierdamiento de las personas por dentro!

-Bonita manera de llegar a celebrar el Bicentenario…

-O bien celebramos un cumpleaños o bien hacemos un balance de vida. Son dos cosas distintas. Podemos celebrar el cumpleaños 200 de la Independencia, que es probablemente lo que predominará. Pero otra cosa es un balance de lo que hemos hecho o dejado de hacer y que nos tiene con este malestar interior. Esa evaluación no se está haciendo.

-¿Cómo ve la efeméride, entonces?

-Existirá un contraste muy fuerte entre el pan y circo que hará el gobierno -algo que la Concertación también habría hecho- y este otro pensamiento profundo que va por abajo y que es muy crítico.

-¿Quiénes se hacen cargo de esto?

-Nadie. Ése es el problema. La Concertación administró exitosamente el régimen de Pinochet, sin cambiarlo. Ni siquiera la Bachelet fue más radical: no hizo ningún cambio de fondo. ¿Qué hizo con los pobres? Les tiró bonos. ¿Y qué son los bonos? ¡Limosna!

-Es llamativo que la primera ley que mandó el presidente Piñera al Congreso haya sido el bono marzo...

-Y ahora, como gran cosa, alarga el posnatal... ¡Son medidas populistas de parche!

Los mineros de Copiapó

-Estas últimas semanas han estado tomadas por el caso de los 33 mineros atrapados en Copiapó. Usted ha estudiado la minería chilena desde el mundo del trabajo. ¿Ve antecedentes históricos en este caso?

-En Chile, la minería la desarrollaron los pobres: los buscones, pirquineros. Chile se convirtió en una potencia minera sobre la base de una tecnología pirquinera que era baratísima. La fase extractiva de la minería estuvo en manos de los pobres; el tratamiento lo hacían los capitalistas, como Edwards y todos esos campeones, que tenían fundiciones; y el transporte lo hacían los ingleses. Y los grandes explotados fueron los pirquineros... ¡los reventaron! Ellos asumían el costo del aumento del transporte y de las ganancias de los intermediarios. Esta explotación hacia abajo llevó a que se redujera la seguridad en las minas: pasó en el carbón y también en el cobre y el oro. ¿Esto que pasa hoy en la mina San José? ¡Historia del siglo XIX!

-¿Y por qué se ha producido esta atención enorme de parte de la gente y esta dedicación tan intensa de parte del gobierno?

-Bueno, está la solidaridad que siempre han tenido las clases populares de manera horizontal. Eso es normal, no me extraña. De parte del gobierno, responde al populismo, propio tanto de los gobiernos de la Concertación como de éste, más exacerbado en este caso. Porque en estricto rigor éste es el gobierno de los empresarios, pero no puede ser sólo el gobierno de los empresarios: tiene que mostrar una cara populista. Piñera no puede gobernar exitosamente con lógica neoliberal, porque el modelo tocó techo. Para mantenerse en el gobierno tiene que ser populista, no tiene otra, porque la mayoría de Chile está con este "malestar interior". Y como no hay izquierda, el voto popular se puso mutante...

-¿Con ese voto ganó Piñera? ¿No era voto de derecha, entonces?

-No, pues. Ese voto mutante crece y crece, porque son todos neoliberales.

-Usted dice que no hay izquierda, ¿qué pasó con ellos?

-El PS, el PPD y la DC son de hecho neoliberales. Incluso en el discurso: no recuerdan para nada su pasado socialistón. Ni se acuerdan de los mapuches, de los pingüinos ni de los subcontratados. El Partido Comunista luchó para estar en el Parlamento. Y ahora lo logró: está ahí. Entró a la misma lógica del Estado pinochetista, igual que la Concertación. ¡Y ahora están planeando hasta un candidato único el 2014! No hay ninguna alternativa...

-¿Y Marco Enríquez-Ominami?

-Lo escuché mucho en la campaña y me pareció un tipo que no tenía claras sus ideas, que tenía una confusión total. Lo que pasa es que es joven, hijo de Miguel Enríquez, un poco patudo, un poco farandulero... de todo un poco. Encarnó la expectativa del voto mutante, porque la política se expresa a través de la imagen: la imagen de simpatía de la Bachelet, la imagen del cambio de este otro... él era la imagen de la juventud, de la gente nueva, pero ME-O en sí no tiene peso: no sabe dónde está parado.

Qué piensan los cabros

-¿Tiene algo de esperanza para Chile?

-Para tener esperanza hay que partir de sus bases históricas. En los años 60, las esperanzas que uno tenía las agarraba de las teorías, de las ideologías, del Che Guevara, de la Unión Soviética, del Partido Comunista, del MIR, de Miguel Enríquez, de Juan XXIII... Hoy no estamos en condiciones de construir esperanza a partir de nada de eso. La única posibilidad es lo que veo entre mis propios alumnos: que los cabros se piensen a sí mismos sobre bases enteramente distintas y construyan sobre esas bases una expectativa de futuro que no pasa por tomarse el poder -este poder-, sino por construir sociedad, por construir cultura, por construir poder localmente. Ahí establecen bases de solidaridad, identidad, creatividad... rock de nuevo tipo, rap de nuevo tipo... todo de nuevo tipo.

-¿Y le ve viabilidad a un proyecto así?

-La pregunta es: ¿se le debe exigir a esta realidad nueva viabilidad?

-La sola pregunta es ilegítima, entonces...

-Sí, no tiene validez, porque no son proyectos que se planteen objetivos a largo plazo: son proyectos que buscan construir aquí y ahora. Si llegan a conquistar o a construir el Estado será por su expansión natural, no tienen apuro.

-Si entran en la lógica de los partidos tradicionales fracasarán, dice usted...

-No lo quieren simplemente: por eso hay 4 millones de cabros que no están inscritos. No están ni ahí con eso. Y si votan les da lo mismo, porque el voto no los identifica, no tiene importancia. El tipo de política que realizan es distinto: es política de red, de asamblea -como los pingüinos-, sin dirigentes, sólo con voceros. Y ahora en los colegios les prohíben las asambleas, así que ¿qué hacen los cabros? Sacan el celular, arman el blog y se comunican. No es la cultura de la toma ni de la revolución, ni siquiera la utopía: es puro pragmatismo.

Fuente. Revista Qué Pasa (septiembre 2010)

septiembre 01, 2010

Interpretaciones históricas sobre la independencia chilena


"Los sucesos de España produjeron desconcierto, temor y perplejidad. Se reaccionó con medidas de emergencia y ensayos constitucionales. Y así, contingentemente, con una curiosa mezcla de prudencia e improvisación, se fue tomando conciencia del vacío de poder dejado por una monarquía acéfala y del consiguiente potencial autónomo que ello implicaba para la sociedad local. El desmoronamiento final de la antigua legitimidad fue accidental, su sustitución se hizo a tientas.


A la crisis institucional de la monarquía le siguió un período de autonomía jurídica y política que se manifiesta en el establecimiento de la Primera Junta de Gobierno y en la convocatoria del primer Congreso Nacional. Una vez consolidada la autonomía, esta etapa se paraliza, al producirse un equilibrio de fuerzas con estrategias opuestas, situación que comienza a resolverse con la aparición del personalismo caudillesco de José Miguel Carrera, convirtiéndose en acelerador de cambio. Dicho personalismo se trata de legitimar en términos político-ideológicos de corte abiertamente republicano, acrecentando la distancia con una monarquía meramente formal.


Esta creciente escisión se profundiza aún más con el fracaso del ejército patriota frente a las expediciones ordenadas por el virrey del Perú. La guerra acelera el proceso de distanciamiento y termina por constituirse en el mecanismo resolutorio ulterior. En síntesis, la fuerza de los acontecimientos, la contingencia coyuntural, la improvisación y el ensayo hacen derivar las opciones hacia un orden nuevo autónomo e independiente".


Alfredo Jocelyn-Holt: La Independencia de Chile. Tradición, modernización y mito. Editorial Mapfre, Madrid, 1992.


"La llegada de la independencia de la Capitanía General (y de la mayor parte del resto de la América española) fue una consecuencia directa del gran trastorno provocado por las guerras napoleónicas en Europa. (...)


La noticia de que Fernando VII había sido destronado llegó a Chile en septiembre de 1808. La reacción inmediata fue de intensa y ferviente lealtad a la madre patria. Una vez más, los criollos enviaron donaciones para ayudar a la guerra; los jóvenes de alcurnia de Santiago (Francisco Antonio Pinto, entre ellos) lucían imágenes de Fernando VII en sus sombreros. A medida que pasaban los meses, sin embargo, este espíritu de lealtad cambió. Puesto que la propaganda española apuntaba a una estructura más liberal para el Imperio, algunos criollos comenzaron a sopesar si no sería deseable tomar el control de los asuntos de la colonia. La presión en este sentido provenía de tres fuentes principales: Los criollos instruidos, que ya antes habían promovido la reforma económica y social sentían ahora que este cambio podía lograrse mejor a través de la creación de un gobierno chileno autónomo, aunque siempre en el interior del Imperio español. Un mayor número, quizá, veía el régimen nacional como un medio para obtener más fácilmente el tan deseado acceso a los cargos públicos. Y también estaba ese ínfimo puñado de separatistas y revolucionarios a ultranza, para los cuales las dificultades de España eran la oportunidad para Chile. Para el gobernador y la Audiencia, de más está decirlo, incluso la más leve de estas proposiciones sonaba a subversión".


Simon Collier-William Sater. Historia de Chile, 1808-1994. Cambridge University Press, 1998.


"Es indispensable, también, para enfocar los antecedentes (de la independencia), tener una visión total del proceso hasta sus últimas etapas, en lugar de basarse exclusivamente en la documentación de un momento. Así, por ejemplo, antes de decidir si el desarrollo de Chile hacia 1810 era suficiente para provocar la independencia, forzosamente hay que consultar una documentación que llega hasta 1818, y aún más allá. Sólo de este modo pueden apreciarse correctamente las ideas y sentimientos que movían a los hombres en los comienzos de la revolución. Aunque en nuestro trabajo analizamos una etapa que concluye en 1810, no por eso hemos dejado de estudiar la documentación posterior y de tenerla presente en cada una de nuestras aseveraciones.


Para una comprensión adecuada de la revolución emancipadora, se hace necesario distinguir dos etapas separadas por el año 1810: Antes de ese año, hay que considerar principalmente el desarrollo que el país ha experimentado bajo el período colonial, con su secuela de aspiraciones y descontento. Después de 1810, entran en juego, cada vez con mayor insistencia, influencias venidas de fuera, que son determinantes en la peligrosa inclinación por la cual se deslizan los hechos. Debe agregarse a ello el odio profundo contra el español, que surge y alcanza su momento más vívido en la Reconquista, 1814-1817, resultando el factor esencial del rompimiento".


Sergio Villalobos, Tradición y reforma en 1810. Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago, 1961.