noviembre 18, 2011

Ricardo Lagos Escobar: "Estamos ante el fin de un ciclo político"

El ex Presidente Ricardo Lagos se le ve entusiasmado. Apenas abre la puerta de su oficina de su Fundación Democracia y Desarrollo, en Providencia, tras ofrecer algo para tomar y pedirse una taza de té, avanza a su escritorio y toma un fajo gordo de papeles que muestra con orgullo. Es el borrador de un libro que lanzará el próximo 6 de diciembre y que se titula El Chile que se viene. Ideas, miradas, perspectivas y sueños para el 2030. Tras las protestas sociales de los últimos meses, Lagos hizo una nueva versión de un documento que publicó en marzo, sobre los retos que debe asumir el país para el futuro. Pero además, convocó a una veintena de jóvenes profesionales y líderes sociales a escribir sobre educación, economía, Twitter. "Ahí están los futuros líderes. Y no sólo en los partidos", dice ya instalado en su sofá, donde habló extensamente sobre coyuntura política.

-¿Qué opina sobre la forma con que el gobierno se ha involucrado en el conflicto de Anglo American y Codelco?

-La ejecutiva máxima de Anglo American, Cynthia Carroll, dijo que ella se debe a los accionistas. Y tiene toda la razón. Pero Codelco también tiene un accionista: Chile. Por lo tanto, las autoridades tienen que involucrarse, porque representan el interés del pueblo chileno. El gobierno no estaría cumpliendo su rol si no actuara con firmeza en este conflicto. Y me parece inadmisible que se diga que no tiene que involucrarse. ¡¿Cómo no lo va a hacer?!

-Cynthia Carroll dijo: "Este debate es seguido por inversionistas de todo el mundo".

-Sí, sí, y yo diría que el debate es seguido por inversionistas de todo el mundo con mucho interés, porque el gobierno de Chile se ha ganado un prestigio internacional por lo que somos. En los balances de Anglo American, ¿en cuánto estaba evaluada la opción de compra de Chile? Me dicen que en cero. Nunca pensaron que se iba a ejercer. Y cuando los ejecutivos de las empresas hablaron durante todo 2011, ¿cuántas veces Anglo American le dijo a Codelco que los chilenos no tenían plata para ejercer la opción?

-¿Pero hasta dónde conviene escalar en el conflicto? ¿Podría perjudicar la imagen exterior del país el aparecer persiguiendo a una empresa extranjera?

-La imagen del país se vería perjudicada si las autoridades chilenas no intervienen. En el extranjero dirían que es un gobierno pusilánime. Y no. ¡¿Qué cosa más clara que esa?!

-Siendo usted presidente, en 2002, se estableció la fórmula para determinar el cálculo para valorar la opción de compra de Chile.

-Y en el convenio del 2002 se estableció, además, que cinco meses antes de cada año en que Chile puede ejercer la opción de compra, Anglo American debe enviar los antecedentes debidamente auditados para que Chile haga los cálculos correspondientes. Y eso se hizo en agosto de 2011 y se planteó: "Para que usted ejerza su opción del 49%, etcétera, etcétera". Entonces, la negociación comenzó en agosto, no iba a empezar recién el 1 de enero de 2012. Por lo tanto, ya hace tres meses se había comenzado a conversar sobre un principio elemental de buena fe.

-¿Anglo American ha actuado de mala fe?

-Anglo American ha actuado de mala fe y, por lo tanto, el gobierno de Chile debe intervenir activamente en este juicio. Tenemos que hacernos respetar.

-¿Ha percibido actitudes de matonaje?

-Matonaje es presentar hechos consumados. Y el gobierno está ejerciendo su derecho que está consagrado.

-¿Espera una postura más dura del Ejecutivo?

-El Presidente Piñera está actuando como corresponde en el conflicto con Anglo American y tiene el respaldo de todos nosotros. Y hago un reconocimiento especial a la firmeza del ministro de Hacienda. Cuando a Felipe Larraín le preguntaron si creía que Anglo American pudiera hacer alguna operación para trabar la opción de compra, dijo: "No, no, no, el convenio lo respetan". Fue una declaración muy firme.

-¿Cree que debe acudir el CDE?

-Por supuesto, el Consejo de Defensa del Estado está para defender los intereses de Chile. Entonces, si el Consejo amerita que corresponde, en buena hora. Y que a usted lo estén amenazando con ir a un tribunal internacional, no es ningún problema: tenemos plena confianza en nuestros derechos.

-En una columna publicada por este diario, usted escribió que es inaceptable transformar una operación comercial en un asunto diplomático.

-Pero en el caso chileno, el gobierno es actor, es distinto. Anglo tiene que medir las consecuencias. En 2002 establecimos las normas nítidas de poder ejercer la opción del 49%. Y en el fondo, lo que nos quieren decir es que esa opción no vale nada. Porque era cuestión de vender a un tercero y se acababa. Y hay un tema muy importante, que lo van a ver los tribunales. ¿Dónde la Exxon le vendió a Anglo? ¿Dónde se inscribió? ¿Pasaron las platas por Chile? No, las platas no ingresaron. Y me pregunto, ¿cómo va a ingresar esa inversión de Mitsubishi a Chile, si se llegara a realizar esa operación?

-A partir de este caso, ¿es partidario de revisar nuevamente el royalty a las mineras?

-El royalty no tiene que ver con esto. Creo que no sería el momento adecuado.

-¿Cómo explica las protestas que han marcado este 2011?

-Estamos ante el fin de un ciclo político en Chile. El primero se abrió al terminarse la dictadura, con el inicio del gobierno del Presidente Aylwin y durante 20 años tuvo como eje central la superación de la pobreza. Este segundo ciclo, en cambio, debe centrarse en la distribución del ingreso y en empoderar de una mejor manera a los sectores medios. Las cacerolas sonaban más fuerte en la plaza Ñuñoa que en los sectores más populares y modestos de Chile.

-¿Por qué la Concertación no se ocupó de esto antes?

-Antes, Chile estaba creciendo. Y gobernar consiste en tener una visión del país, hacia dónde voy. Y mi misión era clara: Chile tenía que crecer. Punto. Y porque crecimos disminuyó la pobreza. Ahora, cuando la pobreza es de un 11% tenemos que empezar a colocar la distribución del ingreso en el centro de nuestras políticas.

-¿Cree que hay que realizar determinadas reformas para enfrentar esta nueva etapa?

-Hay que cambiar el Estado subsidiario, que impide que el Estado entre donde están los privados. A partir de lo que ha ocurrido en el mundo en los últimos años, en que producto de la crisis el mundo ha amenazado con caerse a pedazos, la gente pregunta qué hace la señora Merkel, el señor Sarkozy y el señor Obama. Es decir, qué hace el Estado y cuáles serán sus respuestas políticas. Es necesario debatir, además, si queremos un sistema más presidencial o más parlamentario. Yo pienso que el sistema a la francesa estaría mejor, con un primer ministro y un presidente que tiene el dominio de las relaciones internacionales y de la defensa. Un tercer punto: implementar los plebiscitos vinculantes.

-Es una herramienta criticada porque se presta para el populismo y el autoritarismo.

-Es lo que le van a decir los cientistas políticos: que la democracia participativa es la predilección de los populistas y dictadores. Sí, yo sé, pero también tenemos que entender que estos nuevos elementos tecnológicos que tenemos a nuestra disposición, Twitter, por ejemplo, nos van a cambiar la forma de cómo hacemos política. Y a ratos eso se nos olvida un poquito. Ahora, no es llegar y hacer consultas ciudadanas todos los días. Además, para que sean vinculantes, tienen que tener un mínimo de participación. En Italia, la Constitución consagra el plebiscito para derogar leyes aprobadas por el Congreso. Y eso también hace que el parlamentario escuche un poco más lo que está pensando la ciudadanía que lo eligió. En ese sentido, también es clave revisar los quórum.

-Los quórum protegen los consensos.

-Y eso es bueno, pero creo que se ha exagerado, porque para un conjunto significativo de temas se refiere de quórum especiales. Y esto es algo que tiene que ser objeto de una revisión cuidadosa. No estoy diciendo que la mayoría haga lo que quiera. No. Cuando a mí me piden que cambie la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza que la dictadura dictó el 10 de marzo de 1990 y no pude, ese tipo de cosas también produce un distanciamiento con la ciudadanía. Por eso es fundamental pensar también cómo se democratizan los partidos políticos para que estén en consonancia con la gente. Analizar cómo se hacen más transparentes y la forma en que se financian, son temas de una sociedad moderna. De todas estas reformas, sin embargo, hay una urgente: la del binominal y el distritaje. Este nuevo ciclo nos obliga a revisar las leyes políticas.

-Usted ha conversado con el Presidente sobre coyuntura y, al parecer, no comparten el diagnóstico y sus recetas.

-Por las conversaciones que se han tenido, yo creo que, en general, el gobierno piensa que esta es una protesta que va a pasar. Como alguien me dijo irónicamente: "No, fue una fiesta de los estudiantes. Hasta eligieron una reina". No se está entendiendo el malestar profundo de la sociedad chilena.

-¿Ha visto el cartel pegado en el frontis de la casa central de la Universidad de Chile, donde hay una imagen suya y de la ex Presidenta Bachelet con la frase 'Dónde están'?

-Pienso que ellos no han leído lo que yo escribo nomás. Desgraciadamente. Porque si lo hubiesen visto sería distinto. Porque yo me he pronunciado sobre el tema, no me he quedado callado. Pero a lo mejor, como están tan preocupados en la toma no han tenido tiempo y por eso está ese cartel. Es parte de la libertad. Ahora, que los muchachos tienen toda la razón en decir: "Miren, no me hablen del pasado". Por supuesto que sí.

-Cuando habló con el Presidente, ¿notó su compromiso de cambiar el binominal?

-No lo vi muy decidido al Presidente con la idea de cambiar el binominal. Lo que vi fue una disposición a señalar: "Conversemos el tema". Y yo, créame, me cansé de conversar el tema. En un momento se me preguntó: "Usted, como ex presidente, ¿está dispuesto a negociar?". Yo dije: "Sí, señor. Pero yo les quiero aclarar que estoy dispuesto a negociar sobre la base de que el binominal se acabó. Lo que vamos a negociar es con qué sistema lo reemplazamos". Y quiero decirlo muy claro: tampoco quiero reformas cosméticas. ¿Ciento 20 diputados, más 30 que se eligen proporcionalmente? No, señor, porque es un ciclo nuevo. El ciclo anterior terminó.

-¿No han sido los propios dirigentes de la Concertación los que en otras ocasiones también han paralizado los avances?

-Eso es precisamente lo que hace entonces que la ciudadanía repudie a todos los bloques políticos y que todos estemos en entredicho. Y por ello me parecería tan importante que los cuatro presidentes de partido, con los 60 y tantos diputados y senadores de la Concertación, con una foto en el Congreso Nacional digan: "Estamos disponibles para esto. Nosotros nos hacemos cargo del interés ciudadano". Pero a mí me gustaría verlos con mayor empuje que el que han demostrado. Y que la ciudadanía tenga claro que seguimos pensando lo mismo que pedíamos hace 23 años. Pero no lo he visto.

-¿Ha planteado sus críticas a los partidos de la Concertación?

-Yo no quiero andar criticando. Ando en otra. Estoy dando mi opinión nomás. Yo lo que digo es que me hubiera gustado una cosa más firme y que creo que la Concertación ha dejado pasar una oportunidad para reformar el binominal.

-¿A qué se refiere?

-Entre sus demandas iniciales, los estudiantes plantearon el fin del binominal. Pero una vez que se sentaron en la mesa de negociación tienen que hablar de educación. ¿Qué le va a decir el ministro Felipe Bulnes? No van a decir: "Primero que todo, señor Bulnes, queremos cambiar el sistema electoral". Pero las otras demandas, ¿quién las toma?

-¿Cree que sea el momento? ¿Lo considera apropiado, cuando sigue abierto el conflicto educacional que ya lleva seis meses?

-Yo creo que no hay inconveniente en negociar varias cosas simultáneamente. La negociación con el ministro Bulnes es una, las platas con Hacienda otra y las reformas políticas se conversan con quién sea el jefe político del gabinete en La Moneda. Pero ante el país tiene que quedar claro que la Concertación dice no al binominal. Este es el momento, si la ciudadanía quiere ver cómo va a votar en las próximas parlamentarias. O si no, empecemos inmediatamente a hacer los arreglos y a distribuir las cuotas. Ya está el debate, ¿ha visto usted? Tres diputados socialistas están diciendo que no va a haber primarias en el PS…

-Plantean que dentro del acuerdo electoral entre el PS y la DC, se negociaron blindajes para garantizar la reelección de parlamentarios como Frei, Escalona y Pizarro.

-Yo no quiero entrar a esa pequeña historia, pero es lo que hace que la ciudadanía sienta una lejanía de la política. ¿Cuántos senadores designados ha habido por esa vía? ¿Contra quién compitió el almirante Arancibia? Sí, esas cosas ocurren. En un momento, después de la primaria con el Presidente Frei, él me planteó que le gustaría que en algún lugar de Chile la Democracia Cristiana también vote por mí. "¿Y eso que quiere decir?", le pregunté yo en ese momento. "Bueno, que sea candidato a senador", me dijo. Le agradecí, pero no me pareció adecuado, porque lo que estaba implícito era "cerremos una circunscripción senatorial para el señor Ricardo Lagos". ¿Me entiende? Era un gesto generoso del Presidente Frei, de la DC, pero no me pareció.

-¿Usted cree que la Concertación va a volver a La Moneda en 2014?

-En política, todo puede cambiar muy rápido, pero hoy día veo que es muy claro que la Concertación va a volver a ser gobierno en 2014. La derecha también piensa que van a perder y, desgraciadamente, se quieren aferrara a los quórum, al binominal, a todas estas cosas. Y no hemos hablado nada de la inscripción automática, que a este paso veo que tampoco está saliendo. Espero que salga, eso ya sería el colmo. Veo trabas y no entiendo por qué. Si Bolivia fue capaz en 72 días de sacar la inscripción automática, no veo por qué Chile no puede.

-En la oposición dan por hecho que la ex Presidenta Bachelet irá a la reelección. ¿Usted cree lo mismo?

-Sí. Creo que la Presidenta Bachelet será la candidata de la Concertación, porque me parece que los elementos están allí. Veo que todos están muy conformes con que ella sea nuevamente Presidenta, lo que me parece muy bien.

-¿Comparte el silencio de la ex Presidenta?

-François Mitterrand dijo alguna vez que hay que saber administrar los silencios.

-¿No es de los que piensa que ella debería pronunciarse sobre coyuntura, como lo pidió el exministro Francisco Vidal?

-Sin comentarios.

-¿Cree que las primarias son necesarias para legitimar a quien sea el candidato de la oposición?

-Es un buen sistema y es la fórmula que la ciudadanía pide.

-A diferencia de Bachelet, que estaría dispuesta a las primarias, cuando a usted se le propuso ser candidato, en 2008, pidió facultades extraordinarias.

-Yo dije que yo no era candidato y punto. Y cuando los partidos me pidieron que reconsiderara mi decisión, dije: "La reconsidero con dos condiciones: el programa y revisar las listas parlamentarias". Y esto segundo ellos me explicaron que no era posible. Entonces no fui candidato. Y no es que yo me negara a participar en primarias.

-¿Usted descarta totalmente repostular a La Moneda?

-Todas las cosas tienen su momento, ¿verdad? Y yo ya tuve un momento, lo jugué y está muy bien. Ahora tengo otros roles que cumplir en el país. Si alguien quiere un Lagos, hay Lagos para elegir, ¿verdad?

-¿Le gustaría ver al senador Lagos Weber embarcarse en una aventura presidencial?

-A todo padre le gusta que a sus hijos les vaya bien. Si él cree que eso es lo que le conviene hacer, que es bueno, que lo haga. ¿Qué quiere que le diga? No será uno quien le dé consejos y menos públicamente, ¿se da cuenta? Salvo que le he sugerido tomar unos cursillos de cueca por ahí, pero nada más. Pero fuera de eso, que creo que los ha tomado y está bailando mucho mejor, esas son cosas que no comentaría por la prensa. Me va a llamar al otro día y me va a decir: "Papá, pero para qué me da consejos por la prensa". Si nos vemos los fines de semana con un asadito en Caleu, mejor.

-Ha aparecido como presidenciable de la Concertación en algunas encuestas.

-Me parece muy bien.

-¿Cómo debería ser un eventual quinto gobierno de la Concertación? ¿Debería virar a la izquierda?

-El próximo gobierno debería tener un oído más grande y eso se va a interpretar como un gobierno más de izquierda, no hay duda, porque deberá trabajar por una sociedad más justa. Y la derecha, como sabemos, quiere mantener el statu quo. Siempre ha habido un sector que piensa que está bien como está y, normalmente, son los que están mejor. Otros, en cambio, dicen: "Podemos estar un poquitito mejor".

-¿Piensa que algún líder de la oposición sea capaz de liderar los movimientos sociales? ¿Sabe que uno de los lemas de los indignados es "ni derecha ni Concertación"?

-Por eso es que usted tiene que ganarse el concurso y por eso es tan importante lo que digo respecto de las reformas políticas. Aquí no se trata de decir: "Tienen razón los estudiantes". No, señor. Se trata de decir lo que nosotros creemos. Y ocurre que lo que nosotros creemos, hace veintitantos años, está en consonancia con lo que ellos están pidiendo respecto de muchas cosas. Y por lo tanto, ¡digámosla! ¡Seamos fieles a lo que hemos planteado hace veintitantos años!

-¿Qué opina de la Concertación?

-Están haciendo su esfuerzo, han hecho la pega. No es fácil estar en la oposición. Aunque me gustaría que los partidos políticos de la Concertación se ordenen un poquito más.

-Carolina Tohá en septiembre dio a conocer un documento en que llamó a crear un referente opositor más amplio. ¿Estuvo de acuerdo con esa propuesta?

-Lo que pasó con la educación es un buen ejemplo de eso. Bienvenido sea. Mientras sigan así estamos bien. Un planteamiento claro, nítido y no sólo de la Concertación. Cuando hay ideas, la Concertación puede decir: "Que venga el PC". El rol del diputado Teillier y de los diputados comunistas, espléndidos. El partido que representa el diputado Aguiló, el senador Navarro, en fin. Como alguien me dijo, creo que esa foto de la oposición está muy bien lograda. Una coalición que tiene como propósito cambiar la sociedad. Y eso mientras más amplio, mejor. Sobre la base de un proyecto común, claro.

-Entonces, no comparte las aprensiones actuales de la Democracia Cristiana respecto de abrirse a otros sectores, como el PC.

-(Largo silencio). Creo que todo partido tiene derecho a expresar sus puntos de vista.

-¿Cree que sus planteamientos son escuchados por los presidentes de los partidos y las cúpulas de la Concertación?

-Habría que preguntarles a ellos. Yo cuando los llamo, vienen. Son muy cariñosos conmigo. Me siento como una persona que en un momento dirigió a la Concertación, porque cuando usted es presidente inmediatamente es líder de la coalición. Y estoy contento del resultado electoral del 2004 y qué decir de las elecciones de 2005, ¿verdad? Me acuerdo cuando por ahí por 2001 ó 2002 me reuní con los diputados y les dije que el éxito de un gobierno se mide por quién me va a suceder. Y aquí, dije, va a haber alguien de mi coalición en Cerro Castillo. Me miraron como diciendo, este señor está medio loco.

-Desde esa perspectiva, el gobierno de Bachelet no fue exitoso, porque le entregó la banda presidencial a la derecha.

-En esa ocasión hubo otros factores. Pero hay que mirar al futuro.

-En su libro Recuerdos de la Concertación, el ex senador Carlos Ominami realiza severos juicios a su gobierno.

-No he leído el libro de Ominami. A lo mejor lo leo en el verano. Pero no quiero entrar en eso, no vale la pena.

-Dice, por ejemplo, que usted dudó mucho antes de decirle 'no' a EE.UU. por Irak.

-Pregúntele a Bush y a Blair cuál fue mi posición desde un comienzo.

Fuente. La Tercera (18 noviembre 2011)

octubre 20, 2011

La radical oferta de Gaddafi a la izquierda chilena

Muammar el Gaddafi no miraba directamente a los ojos. Lo hacía de soslayo, como queriendo remarcar la diferencia que existía entre el "líder maestro" de la Gran Yamahiriya Arabe Libia Popular Socialista y el resto de los mortales. Ese fue el primer rasgo que llamó la atención a José Miguel Insulza, Jorge Arrate, Benjamín Teplizky, Luis Maira y Luis Guastavino, representantes de los partidos de la Unidad Popular en el exilio que en septiembre de 1979 se reunieron en Trípoli con el líder libio para solicitar ayuda financiera para la resistencia contra el régimen de Pinochet.

Un segundo rasgo, más mesiánico y alocado, lo descubrirían poco después, cuando les entregó una contrapropuesta que sobresaltó a los chilenos: dinero a raudales, armas y un destacamento de hombres para crear un ejército supranacional y suprapartidario, para iniciar una guerra de liberación antiimperialista en toda América Latina. Aunque el ofrecimiento fue rechazado, los nexos y viajes de dirigentes chilenos a Libia continuaron por varios años.

El episodio es una de las varias historias que unió a los principales dirigentes de la izquierda chilena con el hombre que controlaba Libia desde 1969, tras hacerse del poder mediante un golpe de Estado. Vínculos que comienzan a salir hora en medio de un incipiente proceso de autocrítica, especialmente en el Partido Socialista, respecto de Gaddafi.

Nuevos datos revelados por ex dirigentes del MIR señalan que fue esa colectividad la que abriría el camino a Libia a los chilenos. A fines de 1977, Andrés Pascal Allende se reunió en París con el líder socialista François Mitterrand y le pidió ayuda para contactar por primera vez a Gaddafi.

Con el aval de los franceses, Pascal Allende y el encargado de relaciones internacionales del MIR Patricio Rivas partieron a Trípoli a comienzos de 1978. A ojos de los libios, el MIR aparecía entonces como el único movimiento chileno que mantenía algún grado de resistencia armada a Pinochet.

"Fue una reunión bastante surrealista la que se produjo con Gaddafi, nos encontramos con un tipo de pensamiento bastante integrista, cerrado y que no entendía mucho la lógica de América Latina", recalca un ex militante del MIR. Al líder libio le dijeron que era prioritario abastecer de dinero a la izquierda chilena a través de la oficina de Chile Democrático en Roma. Gaddafi les ofreció, además, instrucción militar. Como requisito, pidió que nombraran a "un embajador no oficial" que llevara el nexo con los libios.

Como representante permanente en Trípoli, el MIR designó a Marcelo Calfuquir Henríquez. Hijo de un detenido desaparecido de la zona de Pitrufquén, Calfuquir permaneció por ocho años en Libia. En 1999 intentó levantar sin éxito una candidatura presidencial y más tarde fue candidato a concejal del Juntos Podemos por Pitrufquén. Uno de sus hermanos, Patricio, fue segundo jefe de la guerrilla en Neltume y murió en combate en 1981, durante la fallida "operación retorno". Según algunos, combatientes del MIR se formaron en Libia. Otros dirigentes aseguran que eso es falso y que el desértico territorio del país norafricano no tenía relación con el tipo de lucha que el MIR preparaba en los bosques de la cordillera de Neltume y Nahuelbuta. En Cuba y Vietnam, aseguran esas fuentes, se abrieron campos de entrenamiento más acordes con Chile.

El interés de Gaddafi por adiestrar a guerrilleros latinoamericanos hizo que el líder libio le pidiera al MIR que le ayudara a contactar a otros grupos armados sudamericanos. El MIR llevó a Trípoli a militantes de los movimientos argentinos Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), entre ellos, a Hugo Irurzún, el "capitán Santiago" jefe del grupo del ERP que asesinó en Asunción, en 1981, al exdictador nicaragüense Anastasio Somoza.

Los libios entregaron al MIR 22 mil dólares árabes para financiar la lucha en Chile, pero los chilenos esperaban mucho más.

La solidaridad del líder africano se expresaría de otra forma. A petición del MIR, aseguran ex dirigentes de esa colectividad, Gaddafi inició los contactos con políticos chilenos para organizar un masivo encuentro de la izquierda latinoamericana en solidaridad con Chile. Fue a mediados de 1978, cuando la embajada libia en Italia empezó a tejer redes con el jefe de la oficina Chile Democrático en Roma, el radical Benjamín Teplisky, y con el entonces representante comunista en el exilio Luis Guastavino. "En esa época el régimen de Gaddafi era un referente para los países tercermundistas. No se tomaba en cuenta el carácter dictatorial de ese gobierno y nos seducían los conceptos de socialista, revolucionario y antiimperialista, con los que se vestía", afirmó Guastavino.

A comienzos de 1979, admitió Guastavino, viajó junto al ex canciller de Allende, el socialista Clodomiro Almeyda, a Trípoli para ver detalles del "encuentro mundial antiimperialista" que estaban preparando los libios para septiembre de ese mismo año en la ciudad de Bengasi y al que fueron convocados representantes de 41 partidos y organizaciones de izquierda de América Latina. La delegación chilena era la más abundante, incluso, asistía la ex primera dama Hortensia Bussi.

Al finalizar los actos, que duraron tres días, los libios les avisaron que Gaddafi recibiría a las delegaciones de cada país en Trípoli. Un representante de cada partido de la UP fueron al encuentro. Insulza, por el Mapu; Arrate, por el PS; Guastavino, por el PC, Maira, por la IC, y Teplizky -al que llamaban Benjamín Tep, para ocultar su ascendencia judía en un país árabe-, por el PR, integraron la comitiva.

Gaddafi los recibió en su despacho con gesto adusto, "era un semidiós que mantenía distancia", recuerda Guastavino. Según Luis Maira, las diferencias no tardaron en aflorar. A medida que los chilenos intentaban explicarle al líder libio cuál era la situación en Chile y la forma en que enfrentaban la dictadura de Pinochet, Gaddafi se volvía hacia sus asesores, algo molesto y descolocado, para decirles "qué hacen estos aquí, si no son un movimiento de liberación nacional", recuerda Maira.

"La propuesta que nos hizo Gaddafi era absolutamente descabellada. Era un especie de triada: dinero, fondos enormes, armas y hombres para formar un ejército de liberación antiimperialista que hiciera un quiebre en América Latina", sostiene Guastavino.

Para entonces, los sandinistas se habían apoderado de Managua, y Gaddafi imaginaba iniciar desde allí un movimiento armado en todo el continente.

Según Guastavino, la idea de Gaddafi sedujo a nicaragüenses, salvadoreños y a otros representantes de movimientos izquierdistas latinoamericanos. "El debate fue muy intenso. Chilenos y uruguayos nos oponíamos", añade Guastavino. Habría sido el jefe de la delegación cubana quien ayudó a zanjar la discusión y Guastavino fue designado para llevar la respuesta negativa al ministro de Justicia de Gaddafi.

Pese a esto, los vínculos de la dirigencia chilena continuaron. El ex secretario general del PS en tiempos de Allende, Carlos Altamirano, y el dirigente socialista Jorge Arrate se entrevistaron en otras ocasiones con los libios en busca de apoyo financiero.

En 1985, durante el Festival Mundial de la Juventud en Moscú, un grupo amplio de dirigentes chilenos sostuvo una "bilateral" con los representantes libios en un hotel moscovita. Los chilenos volvieron a pedir dinero, pero la respuesta llegó dos días después: Gaddafi ofrecía una extensa lista de armas y explosivos. La delegación chilena se habría marchado del hotel defraudada y sin la plata que esperaba recibir.

La Tercera - 6 marzo 2011

septiembre 29, 2011

Sergio Grez - ¿Inasible malestar? Jocelyn-Holt o el desconcierto y terror de la casta oligárquica chilena


En su columna de opinión estipendiada por una de las cabezas del duopolio de la prensa escrita nacional, el ensayista y opinólogo Alfredo Jocelyn-Holt ha develado una vez más el fondo de su pensamiento sobre los movimientos sociales que desde hace varios meses han comenzado a cambiar la fisonomía del país ("Ese inasible malestar", La Tercera, Santiago, 17.09.2011). Tomando como ejemplo ciertas frases mañosamente entresacadas de declaraciones de Camila Vallejo, de un plenario de la CONFECH y de un reciente artículo de mi autoría ("Un nuevo amanecer de los movimientos sociales en Chile", The Clinic, N°409, Santiago, 01.09.2011), Jocelyn-Holt se centra en algunas metáforas que hacen alusión a la guerra para dar a entender el carácter prolongado y estratégico de determinados conflictos sociales (como la lucha por la Educación Pública), a fin de descalificar y tratar de "delirantes" algunas de nuestras propuestas. Particular irritación le provocan las proposiciones de renacionalización del cobre, convocatoria a una Asamblea Constituyente y refundación de la República de manera de superar la soberanía delegada y esencialmente nominal que ha imperado durante dos siglos en Chile, sustituyéndola por la soberanía efectiva de los pueblos que viven en este Estado-nación.

Su texto no merecería mayor atención si no fuera porque hay un trasfondo de peso: revela el sentir profundo de la clase dominante chilena, con la cual pretende identificarse Jocelyn-Holt. Durante estos últimos meses hemos asistido a numerosos berrinches histéricos como el suyo protagonizado por políticos de derecha, opinólogos, panelistas y periodistas de ciertos medios de prensa, especialmente de TV, que al igual que el personaje que nos distrae, no logran entender las causas, la profundidad ni los alcances del movimiento por la Educación Pública ni de otros movimientos sociales que han hecho eclosión durante el presente año. Desde Lavín a Zalaquett, pasando por Carlos Larraín, Sabat, Labbé y Jocelyn-Holt, la misma reacción, el mismo sentimiento de clase ha inspirado la reprobación de los movimientos sociales, en particular, el protagonizado por los estudiantes. Ninguno de estos y otros prohombres de la clase que dirige Chile desde la fundación de la República, comprende las causas profundas del malestar social. Para ellos este es "inasible". No entienden, porque no quieren, no les conviene ni pueden entender que la mayoría de la población esté harta de la desigualdad social extrema (una de las mayores del planeta); de los bajos sueldos; de las diferencias de hasta 70, 80 o más veces en el ingreso de familias que viven en una misma ciudad; de los abusos patronales contra los trabajadores y los consumidores; de pagar servicios de salud y de educación mediocres a tarifas que se encuentran entre las más caras del mundo. Tampoco comprenden las causas de fondo de la violencia social ni el malestar de los pueblos originarios y su creciente rebelión contra la opresión del Estado-nación República de Chile y de la clase dominante que se ha beneficiado de esta situación. Menos aún logran explicarse que un sector cada vez más creciente de la población manifieste un deseo de empoderamiento para exigir lo más básico y esencial en cualquier régimen político que se presente como democrático: que el pueblo sea titular efectivo de la soberanía. Algo que nunca ha ocurrido en la historia de Chile. De allí entonces el reclamo de una Asamblea Constituyente, que Jocelyn-Holt considera "delirante". Los privilegios de clase se defienden (basta recorrer rápidamente nuestra historia para darse cuenta), y el primero y más primordial de ellos -el del Poder Constituyente- se defiende a como dé lugar.

Locura-delirio. Así califican siempre los dueños del poder las propuestas y proyectos de quienes osan cuestionar su dominación. Recordemos que el célebre reaccionario Joseph de Maistre, enemigo acérrimo de la Revolución Francesa (a la que consideraba como un hecho satánico y radicalmente malo), del liberalismo y de todo aquello que oliera a democracia y derechos del pueblo, sostenía que: "Una asamblea cualquiera de hombres no puede constituir una nación. Una empresa de ese género merece alcanzar un lugar entre las locuras más memorables". La coincidencia de Jocelyn-Holt con este pensamiento ultra conservador es perfecta.

Pero hay más en el texto del opinólogo de marras.

Sin enunciar prueba alguna, sostiene que los militantes de la "izquierda dura" (que en su devaneo parece identificar con el Partido Comunista), "se atrincheraron en las universidades públicas, dejadas a su suerte, decaídas, sin pluralismo interno (académicos de derecha y de centro han emigrado), con autoridades quesillo [sic] cooptables, obsesas con cuestiones de plata. Esperaron, agitaron. [...] Llegamos al año 2011, cosecharon y aquí estamos. No son ningunos genios".

Se podrían hacer muchos comentarios sobre estas líneas repletas de falsedades, insultos, descalificaciones e incoherencias intelectuales y personales de su autor. Anunciemos solo algunas.

¿Qué entiende por "izquierda dura"? ¿Solo a aquel sector que siempre estuvo dispuesto a servir de "salvavidas" en las segundas vueltas electorales a la decadente Concertación? Su "análisis" hiede a un pasado en el cual la dicotomía Concertación/Derecha tradicional ordenaba casi todo el juego político. Sus sosas críticas a la Concertación formuladas en los últimos párrafos apuntan a cuestiones secundarias y, por sobre todo, a la incapacidad de esa coalición de mantener lo que a él más le preocupa: la gobernabilidad, para que nada esencial cambie. Pero la porfiada realidad (la rebelión estudiantil y el despertar de otros movimientos sociales) terminó imponiéndose y la laboriosa arquitectura política de la transición controlada se fracturó definitivamente. Mientras el acuerdo hegemónico funcionaba, Jocelyn-Holt podía posar de crítico y de "liberal-progresista", llegando incluso a encantar a algunos intelectuales de izquierda impresionados por este enfant terrible de la bourgeoisie. Pero cuando "las papas comienzan a quemar", caen las máscaras y el señorito Jocelyn-Holt hace gala impúdicamente de la histeria que recorre la clase dirigente. No es la primera vez que lo vemos mutarse radicalmente y de seguro, no será la última (para mayores precisiones, buscar en internet: "Un nuevo número de transformismo: Jocelyn-Holt y el movimiento popular").

Sigamos con sus dichos. ¿Cuáles son las universidades públicas, decaídas, sin pluralismo? ¿Tal vez se trata de la Universidad de Talca o de la Universidad de Santiago de Chile por las cuales él pasó dejando un triste recuerdo? ¿O tal vez se refiere a la Universidad de Chile, que lo ha acogido y soportado a pesar de sus continuos ataques en contra de la misma institución y de sus autoridades? ¿No es esta la mejor prueba de pluralismo en la Casa de Bello? ¿Y a qué "autoridades quesillo cooptables" se refiere? Al Rector de la Universidad de Chile, sin duda, cuya renuncia viene pidiendo públicamente (La Tercera, Santiago, 06.08.2011). Pero, muy probablemente también está aludiendo a las autoridades de las Facultades de Ciencias Jurídicas y de Filosofía y Humanidades donde se desempeña sin sufrir la más mínima presión o censura por sus destempladas expresiones. Cabe preguntarse, ¿cómo compatibiliza esos juicios con su permanencia en la Universidad de Chile o en cualquier otra "decaída" universidad pública? ¿Por qué no emigra hacia una "exitosa" universidad privada con fines de lucro? Pero tal empresa es igualmente azarosa, a juzgar por lo que le ocurrió hace algunos años en la Universidad Diego Portales, donde protagonizó hechos muy similares a los vividos en la Universidad de Talca y en la USACH. Evidentemente, la coherencia entre el pensar, el decir y el hacer no es una de las características de este comediante de la farándula intelectual.

Al comienzo de este artículo decía que la opinión de Jocelyn-Holt solo merece atención en la medida que refleja el sentimiento profundo de los sectores más reaccionarios de la sociedad chilena. A pesar de su pretensión de ser el "Pepe Grillo" de la clase dominante, técnicamente podría sostenerse que estamos más bien ante un particular tipo de lumpen en el sentido que Marx le da a este término, cuando se refiere al lumpen-Wolle, que alude no a la chusma (Gesindel), sino a la gente "cursi". También eran y son parte de este lumpen "los aventureros de la burguesía" (El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte), como es el caso de este personaje. Su ataque, tanto a los movimientos sociales actuales, como a los proyectos y propuestas de la ciudadanía crítica que comienzan a despuntar en Chile no es más que el patético arrebato de una casta oligárquica, con su coro de servidores y lumpen-Wolle, que al ver cuestionada su hegemonía -aunque sea en pequeña medida- hace uso de todas las armas para defender sus rancios privilegios. Como en la fábula, los niños y jóvenes han dicho la verdad: "¡El rey está desnudo!".

Sergio Grez Toso

septiembre 17, 2011

Alfredo Jocelyn-Holt - Ese inasible malestar

"Esta es una guerra de cuatro años, y si somos jóvenes comprometidos nos vamos a tener que levantar nuevamente el próximo año, si es que tenemos una derrota"
. Este comentario de Camila Vallejo del 10 de septiembre, ¿cómo lo interpretamos: como advertencia (no pierden), como provocación (no transan)? En el acta del plenario de la Confech realizado en la Universidad de Concepción hace un mes, el representante de la UTEM aparece llamando a "cambiar la lógica de las movilizaciones: marchar por los sectores donde viven los acomodados (cuicos, etc.)", esto definitivamente una bravata. A su vez, Sergio Grez, ex director del Museo Vicuña Mackenna (1997-2010), refiriéndose al movimiento estudiantil sostiene que "ellos son y seguirán siendo el elemento decisivo, como es la infantería en la guerra, considerada tradicionalmente como la 'reina de las batallas'". Reina en sentido bélico ajedrecístico.

Podría consignar decenas de declaraciones de igual calibre, las hay diarias, que si bien confirman hasta qué punto las tácticas de trinchera y barricada han estado primando, no queda claro qué relación guarda esta radicalización y empoderamiento de los jóvenes con ese otro sentir, también colectivo, inasible,  no inducido, el del malestar. Porque no son lo mismo, y si se les confunde, bueno, hablemos mejor cuando impongan sus términos; según Grez: asamblea constituyente, refundación de la República, "soberanía efectiva de los pueblos", nacionalización del cobre y lo que discurran: son delirantes.

El malestar con el modelo consensual político, económico, y social, a su vez, viene siendo diagnosticado desde, a lo menos, 1997, de antes de confirmarse la crisis económica, desde la derrota de la Concertación en las parlamentarias. De hecho, fuimos muchos que, a diez años del plebiscito, advertimos que si no se producían cambios urgentes, podrían producirse reventones sociales. El entorno del candidato y luego presidente Lagos conocía perfectamente ese diagnóstico (vid. Sergio Marras, Chile, ese inasible malestar, 2001).

¿Qué pasó? Por de pronto, Lagos casi no llegó a La Moneda, y si llegó fue gracias al PC, al igual que Bachelet. Su evidente viraje a la derecha, fruto del temor a la derecha UDI y a la izquierda extraconcertacionista, los llevó a afincarse en un centrismo inmóvil y a sofocar cualquier crítica. Se castigó a la generación de los 80, se insistió en un sesgo tecnócrata, y a los críticos independientes se nos acalló duramente. A lo sumo, compensaron algo a la izquierda populista, fomentando un discurso antielitario; Bachelet en eso más coqueta que Lagos.

Con todo, la izquierda dura jugó la carta de la paciencia; sabían que a la hora de los quiubos (segundas vueltas) la Concertación dependía de ellos. Se atrincheraron en las universidades públicas, dejadas a su suerte, decaídas, sin pluralismo interno (académicos de derecha y centro han emigrado), con autoridades quesillo cooptables, obsesas con cuestiones de plata. Esperaron, agitaron. El pingüinazo marcó pauta: educación = grito y plata. A Frei se le quitó piso, fue torpe, y se apostó a que un gobierno de Piñera, de derecha, le fuera peor, pudiendo volverse inmanejable la situación para La Moneda. Llegamos al año 2011, cosecharon y aquí estamos. No son ningunos genios.

La Tercera - 17 septiembre 2011

septiembre 05, 2011

Sergio Grez - Un nuevo amanecer de los movimientos sociales en Chile


El año 2011 quedará inscrito en la historia de Chile como el de un nuevo despertar de los movimientos sociales después de más de dos décadas de aletargamiento debido a la combinación de la acción “natural” del modelo económico neoliberal, del recuerdo del régimen de terror de la dictadura, de las trabas y cortapisas legales e institucionales para la expresión de las demandas sociales, de la virtual dictadura mediática impuesta por un puñado de grupos económicos y de poder, además del control y cooptación de estos movimientos ejercidos durante largo tiempo por los gobiernos de la Concertación y sus partidos.

En lo que va corrido de este año, los movimientos sociales en Chile se han sucedido con insólita rapidez, masividad y persistencia. En apretada e incompleta síntesis habría que mencionar la protesta regional de Magallanes, las movilizaciones contra el megaproyecto de HidroAysén, las marchas por los derechos de la diversidad sexual, los paros comunales de Calama, la protesta de Arica, las huelgas de los trabajadores del cobre (estatales y privados), los paros de los empleados fiscales, sin olvidar la persistente lucha de los mapuches por la recuperación de sus tierras y la reconquista de su autonomía y libertad. Pero, sin duda, el más masivo y de mayores efectos sociales, culturales y políticos, ha sido el movimiento por la educación pública cuya columna vertebral y principal componente son los estudiantes.

Tal vez la principal virtud de este movimiento –aparte la de poner en la agenda política con tremenda fuerza la cuestión educacional- ha sido su aporte a la repolitización de la sociedad chilena, potenciando la reactivación de otros sectores y cuestionando certezas, valores, normas, instituciones y formas de hacer las cosas que parecían haber adquirido características “naturales” para millones de ciudadanos sometidos a la hegemonía ideológica del neoliberalismo. Hasta hace unos cuantos meses solo una minoría de chilenos cuestionaba seriamente el lucro en la educación y el rol subsidiario del Estado. Hoy son millones los que exigen junto a los estudiantes una educación estatal gratuita, laica, democrática, igualitaria y de calidad. El cambio ha sido radical. Igualmente, hasta hace poco, plantear demandas como el plebiscito para zanjar disyuntivas de gran interés ciudadano, la renacionalización del cobre y una reforma tributaria para financiar la solución de los más acuciantes problemas sociales, además de la convocatoria a una Asamblea Constituyente para que por primera vez en su historia los pueblos de Chile ejerzan su soberanía, eran sueños de izquierdistas impenitentes, sin gran eco social. Hoy son temas ineludibles y hasta la “clase política”, que ha pretendido monopolizar la representación ciudadana en las últimas décadas, debe, muy a contrapelo de sus naturales inclinaciones e intereses, tomarlas en cuenta para rebatirlas o simular acuerdo con ellas para mejor contener las exigencias provenientes de la sociedad civil.

Asistimos, tal como lo han señalado diversos analistas, a un colapso del acuerdo de gobernabilidad suscrito entre los partidarios de la dictadura y sus opositores moderados en la segunda mitad de la década 1980, pero también a una crisis de legitimidad del modelo económico neoliberal y del sistema de democracia restringida, tutelada y de baja intensidad administrado por dichas fuerzas desde 1990. Al mismo tiempo se extiende el cuestionamiento a las viejas formas “delegadas” de hacer política a través de representaciones institucionales divorciadas de las bases sociales, altamente centralizadas y jerárquicas. En su lugar, los jóvenes y otros actores sociales han venido construyendo desde hace años formas más democráticas y horizontales, como los colectivos sociopolíticos, las asambleas territoriales y locales y las coordinaciones sectoriales, regionales y nacionales de colectivos y organizaciones sociales cuyas políticas y decisiones se toman colectivamente y en las que no es extraño que los dirigentes y voceros sean removidos por sus bases si estas lo estiman conveniente. El sistema político binominal, la elitización de la política “profesional” y los abusos de la “clase política”, han engendrado sus propios sepultureros: una ciudadanía popular y de clases medias crecientemente empoderada. La crisis del sistema es profunda aunque aún no es “terminal”.

¿Qué falta para que la democracia de baja intensidad y el extremista modelo neoliberal chileno sean desalojados del escenario histórico?

Varios elementos. Los más importantes e inmediatos parecen ser los siguientes.

En primer lugar, que los trabajadores en tanto tales (y no solo como pobladores, consumidores, padres o apoderados) entren decididamente en la lucha por sus propios derechos, con los mismos grados de autonomía, radicalidad y sagacidad política demostrados hasta ahora por el movimiento estudiantil. Ellos son y seguirán siendo el elemento decisivo, como lo es la infantería en la guerra, considerada tradicionalmente como la “reina de las batallas”.

En segundo término, es indispensable que los movimientos sociales (no solo el estudiantil) sean capaces de elaborar sus propias propuestas políticas y de tender lazos solidarios entre sí para formar un frente común ante sus adversarios. Esos movimientos deben buscar sus puntos de acuerdo para construir plataformas unitarias consensuadas democráticamente. Pero también es imprescindible que se doten de sus propias representaciones en la esfera política. El profundo desprestigio que envuelve al duopolio de la “transición chilena” (la Concertación y la Derecha clásica) ofrece una oportunidad como pocas veces se ha visto en la historia de este país para que los movimientos sociales se auto representen políticamente y sean, por primera vez, los actores principales de la refundación de las bases políticas que la sociedad requiere so pena de deslizarse hacia callejones sin salida de sucesivos estallidos sociales sin capacidad de construir alternativas viables. La anomia política es un mal que suele acechar a los movimientos sociales si estos no están en condiciones de orientarse más allá de sus reivindicaciones sectoriales o corporativas, y esa anomia es también un peligro que está rondando a la sociedad chilena.

La convocatoria a una Asamblea Constituyente en la cual los representantes de los movimientos sociales sean la fuerza principal, debería ser el horizonte político para la refundación de una segunda República, que deje atrás la soberanía delegada y esencialmente nominal que ha imperado durante doscientos años, sustituyéndola por la soberanía efectiva de los pueblos que viven en este Estado nación. El plebiscito sobre la educación puede ser un hito importante en ese camino hacia la soberanía popular.

The Clinic - 5 septiembre 2011

agosto 29, 2011

Manifiesto de Historiadores: Revolución anti-neoliberal social/estudiantil en Chile


Las calles, plazas y puentes de todas las ciudades a lo largo de Chile se han transformado en las arterias donde fluyen y circulan miles de estudiantes y ciudadanos, entonando y gritando las demandas por cambios estructurales en la educación los que, a su vez, exigen cambios sustanciales en el paradigma económico, en el carácter y rol del Estado y en su conjunto, en el pacto social constitucional del país. Desde hace meses las movilizaciones no han cesado, recuperándose y adaptándose algunas consignas de antaño, cantándose nuevas que apuntan críticamente al corazón del modelo social y económico financiero neoliberal actual: el mercado, el crédito, el endeudamiento, el lucro, la inequidad social y educativa.

Y si bien inicialmente parecía que se hubieran abierto, al fin, las Alamedas, marcando la llegada de la hora histórica anunciada por el discurso final de Allende, el desarrollo de los acontecimientos con el recrudecimiento de la represión policial, las amenazas y amedrentamiento a los/as dirigentes estudiantiles por parte de adherentes oficialistas y la actuación provocativa de policías encapuchados infiltrados de civil, nos recuerdan que estamos en un régimen político dirigido por la derecha chilena, heredera de las prácticas de la dictadura militar y verdadera fundadora del régimen neo-liberal que busca resguardar. Y mientras los jóvenes copan el cuerpo de Chile y la represión enfurece, suenan los cacerolazos del apoyo ciudadano, recordando el tiempo de las protestas.

Si no ha llegado aún el tiempo de las alamedas, ha brotado con fuerza la voluntad de poder de la nueva generación para presionar sobre ellas hasta lograr su verdadera Apertura histórica.

Los que realizamos el oficio de historiar nos preguntamos acerca del carácter de este movimiento y del significado de su irrupción histórica. ¿Se trata de una fase más del movimiento estudiantil postdictadura? ¿Corresponden sus demandas a reivindicaciones básicamente sectoriales? ¿Cuál es la forma de hacer política de este movimiento? ¿Qué relación tiene este movimiento con la historia de Chile y su fractura provocada por el golpe armado de 1973? ¿Cómo se articula este movimiento con el camino y orientación de la historicidad secular de Chile? ¿Qué memoria social y política ciudadana ha activado la irrupción callejera y discursiva estudiantil?

Si bien es arriesgado responder a estas preguntas cuando se trata de un movimiento en marcha, los que aquí firmamos lo hacemos como una necesidad de aportar desde la trinchera de nuestro oficio, con la plena convicción de que estamos ante un acontecimiento nacional que exige nuestro pronunciamiento, sumándonos a tantos otros que se han realizado y se realizan cotidianamente desde distintos frentes institucionales, gremiales y civiles.

1. Consideramos, en primer lugar, que estamos ante un movimiento de carácter revolucionario anti-neoliberal. Las demandas del movimiento estudiantil emergen desde la situación específica de la estructura educativa del país, basada en el principio de la desigualdad social; una transformación a esta estructura –como bien lo dicen los gritos callejeros- exige un cambio sistémico en el modelo neo-liberal, que hace del principio de desigualdad (fundado en la mercantilización de todos los factores y en la consiguiente capacidad de compra de cada cual) la clave ordenadora de las relaciones sociales y del pacto social. Correspondiente con este principio de ordenamiento, la figura política del Estado neo-liberal se perfila como un aparato mediador, neutralizador y garante, a través de sus propias políticas sociales, de dicho principio des-igualitario; estructura económico-política sustentada en la escritura de una carta constitucional legitimadora de dicho principio.

No es de extrañar, así, que el movimiento estudiantil actual encuentre un tan amplio respaldo ciudadano: en la categoría dicotómica de “deudores” respecto de un grupo legalmente abusivo y corrupto de “acreedores”, se encuentra la mayoría de los chilenos que grita y cacerolea su apoyo a los estudiantes: porque los estudiantes no son solo “estudiantes” sino que son ellos mismos en tanto deudores. Porque no sólo los estudiantes viven en el principio de la desigualdad, sino la mayoría social chilena actual lo sufre en carne propia. Lo social particular y lo social general se auto-pertenecen y se auto-identifican mutuamente en una unidad que se construye y se concientiza sobre la marcha.

Así, el movimiento estudiantil, aparentemente sectorial, constituye un “movimiento social” que, al tocar el nervio estructurante del sistema, irradia e identifica a la sociedad civil ampliada, reproduciendo socialmente la fuerza de manifestación de su poder, descongelando el miedo y aglutinando los discursos y las prácticas fragmentadas.

Es decir, el movimiento estudiantil actual tiene un carácter radical en cuanto busca revertir el principio neoliberal de la desigualdad que construye la sociedad actual, por el principio de la igualdad social (basado en un sistema de “derechos sociales ciudadanos”), promesa irrenunciable de la modernidad, a pesar de cualquier post/modernidad; principio que, desde la esfera educativa chilena, se propaga como fragancia de nueva primavera a todas las esferas de la sociedad.

2. Este movimiento ha comenzado a recuperar lo político para la sociedad civil, poniendo en cuestionamiento la lógica de la política intramuros, y con ello el modelo de seudo-democracia y legalidad que no ha cortado el cordón umbilical con la dictadura.

Se trata de una política deliberativa en el más amplio sentido de la palabra, que trasciende los esquemas partidarios (a pesar de las militancias personales de algunos dirigentes). El movimiento muestra cómo, a través de la orgánica de las bases movilizadas, con el apoyo de las redes comunicacionales (“política en red”), se ejerce el poder de las masas en el escenario público, presionando por la transformación de las estructuras. Este hecho está replanteando los fundamentos del cambio social histórico, cuestionando las modalidades verticalistas y representativas, propias de la premisa moderna, propiciando activamente formas de democracia directa y descentralizada.

Por otra parte, respecto de la relación del movimiento con el sistema político y el gobierno actualmente imperante, este movimiento corresponde a un nuevo momento de su trayectoria histórica postdictadura, en el cual la vinculación con la institucionalidad se realiza básicamente desde la calle, no habiendo entrado a la negociación institucional dada al interior de los recintos gubernamentales. Desde esta perspectiva, lo nuevo de este movimiento es la “política abierta” o “política en la calle” que, al mismo tiempo que permite mantener el control del territorio propio de la sociedad civil, difunde y transparenta su discurso, su texto y sus prácticas a plena intemperie, ante toda la ciudadanía. La política clásica de los gobiernos concertacionistas de “invitación al diálogo” se ha vuelto una trampa ineficaz, manteniendo el movimiento social actual la fuerza de sus propias prácticas de poder.

Así, las movilizaciones estudiantiles y sociales que hoy se desarrollan a partir de las demandas por la educación, no sólo ciudadanizan lo educativo y lo sitúan como base fundamental del proyecto de sociedad, sino que dan cuenta de la crisis del sistema político, cuestionando y transgrediendo la “democracia de los acuerdos”, consagrada como principal herramienta para neutralizar y postergar las demandas sociales.

Esta nueva política encuentra su expresión manifiesta en un tipo de protesta social que rompe los marcos impuestos tanto por la cultura del terror de la dictadura, como la del “bien mayor” de la transición. A través de una incansable apropiación del espacio público y, en general, a través de prácticas corporales de no-violencia activa, el movimiento ha generado múltiples acciones culturales en un lenguaje rico, plástico, inclusivo y audaz que interpela el cerco de la represión policial y de los medios que criminalizan la protesta.

3. Si bien este movimiento corresponde a un momento nuevo de la política y de la historia social postdictadura, este sólo puede comprenderse desde la perspectiva más amplia de la historicidad siglo xx en Chile. En el curso de ésta, la equidad educacional junto a las limitaciones legales impuestas al capitalismo anárquico, habían alcanzado una maduración estructural en los años ‘60 y ‘70, siendo este proceso abortado con el golpe del ’73 en su fase de plena consolidación. El movimiento social estudiantil actual es expresión de la voluntad y del acto de recuperación de esa hebra rota de nuestra historicidad. Es la irrupción del brote de la semilla que fue pisada y soterrada por la bota dictatorial y el neoliberalismo. Es el renacimiento, en la nueva generación, del sueño y voluntad de sus padres de fundar una sociedad basada en la democracia, la justicia social y los derechos humanos fundamentales, de los que la educación es uno de sus campos más fértiles.

En efecto, el pacto social educativo alcanzado en los ’60 y ’70 fue el fruto de una larga lucha dada por muchas generaciones desde mediados del s. XIX. Proceso y lucha que consistió básicamente en la voluntad política progresiva de arrancar los niños proletarizados en el mercado laboral, para escolarizarlos, como una vía hacia una sociedad más equitativa y como un camino de emancipación social y cultural. Este trayecto histórico, que involucró a toda la sociedad, alcanzó a producir semillas que fructificaron en las décadas del ’60 y ’70 cuando el Estado y la sociedad civil hicieron del pacto social educativo uno de sus más caros proyectos de construcción de nueva sociedad democrática. Es ese proceso el que hoy irrumpe nuevamente en el discurso y en la práctica del movimiento estudiantil. Se trata de una generación que no acepta volver a ser objeto de mercado al que deban proletarizarse sin mas, ya por la vía del endeudamiento o de una educación de mala calidad. Lo que está en juego y que hoy se encarna en este movimiento, es el “proyecto y pacto social educativo republicano/democrático” chileno, como principio ético-político de igualdad social.

Aquí radica la densidad histórica de este movimiento, produciendo, a su paso, una irrupción de memoria histórica en el seno de la ciudadanía: la memoria de los padres y abuelos que marchan y cacerolean su apoyo a la nueva generación que está recogiendo y tejiendo a su modo la hebra de nuestra historicidad.

Así, en su triple carácter dado por su alcance revolucionario anti-neoliberal, por la recuperación de la política para la sociedad civil y por su conexión con la historicidad profunda del movimiento popular de Chile contemporáneo, el actual movimiento ciudadano que los estudiantes de nuestro país aparecen encabezando con fuerza, decisión y clara vocación de poder, recoge y reinstala las dimensiones más consistentes que la frustrada transición chilena a la democracia sacrificó.

A través de estas breves reflexiones este grupo de historiadores/as chilenas, con el apoyo de mucho/as, saludamos al movimiento estudiantil y adherimos a las reivindicaciones estructurales que ellos han instalado sobre la política chilena. Saludamos y nos sumamos a las demandas de Asamblea Constituyente.

Al mismo tiempo, invitamos a no ver a este movimiento actuando en la sola coyuntura de este gobierno de derecha, sino a tomar conciencia de que este es un momento de un proceso histórico ya en marcha, cuyo principal fruto sin duda será dejar instalada definitivamente la demanda de las reformas estructurales al neoliberalismo, como irrenunciable voluntad de poder de la ciudadanía y como agenda indispensable de los proyectos políticos inmediatos y porvenir.

agosto del 2011