enero 26, 2010

La "Ley Maldita"


Dos años después de ingresar a La Moneda de la mano del mandatario radical Gabriel González Videla, el Partido Comunista iniciaba en 1948 uno de los momentos más oscuros de su historia.

Desde muy temprano en la mañana cundió el terror entre las filas de izquierda. De un zarpazo, el 24 de junio de 1948, más de 20 mil inscritos del Partido Comunista fueron borrados del Registro Electoral. Pocas horas antes había sido aprobada la Ley de Defensa de la Democracia -conocida como "Ley Maldita"-, que derogaba la existencia del conglomerado. A partir de ese minuto y sin ninguna posibilidad de rebatir la decisión, el Partido Comunista pasaba a ser ilegal en Chile.

Más de mil dirigentes fueron encarcelados, otros tantos deportados. Debieron abandonar los cargos municipales y sindicales. Congresistas del PC no estaban autorizados a postular a la reelección al expirar sus cargos. Los bienes del partido fueron confiscados.

Era un fin abrupto de una carrera en alza que había llevado al PC al gobierno y a convertirse en el tercer partido más importante del país.

Sólo dos años antes, en 1946, el PC había entrado a La Moneda de la mano del Presidente radical Gabriel González Videla. Ocupaban tres de los nueve ministerios. El propio mandatario aseveraba: "Les aseguro que no habrá poder humano ni divino capaz de romper los lazos que me unen con el Partido Comunista y con el pueblo".

Pero rápidamente comenzaron las tensiones entre el gobierno y sus socios comunistas. Eran años en que la II Guerra Mundial dejaba como huella un mundo dividido en dos polos ideológicamente irreconciliables: comunismo y capitalismo. Comenzaba la Guerra Fría. La influencia comunista se extendía hacia Yugoslavia, Hungría, Bulgaria, Albania y Polonia.

En Chile, el PC alzaba las banderas de la lucha de clases. Los sindicatos se convertían en su más apreciada herramienta para hacer uso de la huelga como fuerza de presión. González Videla los acusó de utilizar la plataforma de La Moneda para gobernar y ser oposición a la vez.

Un paro de buses, en junio de 1947, rompió irreversiblemente las relaciones entre los aliados. El violento episodio terminó con represión militar y la detención de dirigentes comunistas. Hubo cuatro muertos y 20 heridos. Los aliados de izquierda criticaron duramente a González Videla. En respuesta, el mandatario los expulsó del gabinete. La mala relación entre los socios de gobierno continuaría deteriorándose.

Siguieron las huelgas. Primero el carbón y luego las salitreras. González Videla denunció que se habían descubierto pruebas de que el paro había sido dirigido y financiado por Moscú.

Luego, el PC comenzaba uno de los momentos más oscuros de su historia: "...debí preservar a mi patria de tan peligroso como traicionero enemigo, que se valía de nuestras libertades sólo con objeto de llegar al poder y desde allí estrangularlas con los métodos de la más abyecta tiranía", explicaba González Videla al presentar la "Ley Maldita".

Diez años más tarde, en 1957, durante el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, la ley que prohibía la existencia del PC fue abolida.

enero 25, 2010

Los años de oro del radicalismo


Flameando las banderas de educación, salud y trabajo, los radicales gobernaron los destinos del país durante 14 años. Fue su gran oportunidad para poner en práctica sus lemas y sortear la desconfianza que despertaban en sectores conservadores.

Pedro Aguirre Cerda entró con los brazos en alto a La Moneda. Aquel 24 de diciembre de 1938, el nuevo mandatario tenía un gran motivo para festejar: era el primer presidente radical en la historia que alcanzaba el poder. Jamás previó que con él se iniciaba "la época de oro" del radicalismo. En los 14 años siguientes (1938-1952), las ideas radicales se anidaron por los pasillos del gobierno y durante tres gobiernos consecutivos -Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla- dirigieron el país.

Flameando las banderas de educación, salud y trabajo, el radicalismo pasó a ser junto con un partido ideológico, un estilo de vida: "Masón, radical y bombero", describía el perfil del político de la época. Masón, en lo cultural y moral; radical era su elemento político, y bombero, en el sentido público que decían que los inspiraba.

El nuevo mandatario era un perfecto molde de aquella corriente ideológica chilena. Aguirre Cerda creció en un ambiente austero, emergió del liceo fiscal para luego graduarse de profesor y de abogado en la Universidad de Chile. Profesaba los postulados que se habían dictado en la primera convención del partido, en 1888.

Los radicales consideraban que la enseñanza pública debía ser obligatoria, gratis y laica. Además, pregonaban por la separación de la Iglesia del Estado. En lo económico, abrazaban los postulados del "laissez faire" de Adam Smith. Leían a Valentín Letelier y a Enrique MacIver.

Se dice que un radical era conocido a kilómetros de distancia. El abrigo largo de pelo de camello era símbolo de prestigio. Austeros, pero gozadores de la vida, sus clubes pasaron ser un símbolo de la buena comida chilena, de la vida social y de los disputados partidos de dominó que los caracterizaba. Se jactaban de ser fieles practicantes de la tolerancia. Un buen radical acompañaba a su señora a misa los domingos, pero no entraba a la iglesia. La esperaba en la plaza leyendo el diario.

De igual forma, siempre fueron mirados con recelo entre los sectores conservadores. Las logias y sus ritos masónicos sólo despertaban desconfianza en lo que podrían hacer a la Iglesia Católica una vez en el poder. Y sus aliados de izquierda eran tampoco bien vistos por los sectores de derecha.

Nada de esto los detuvo a la hora de gobernar. Durante aquellos 14 años continuaron con sus costumbres y fortalecieron aún más los fuertes y valorados lazos de amistad. Se les criticó duramente por inflar el aparato estatal, abriendo nuevas plazas de trabajo para sus correligionarios. Así pasó a ser una figura emblemática la del empleado público radical: un hombre de clase media, laico, que hacía una carrera profesional en el aparato burocrático.

Una de las principales huellas que han dejado en la historia del país fue la creación de la Corporación de Fomento Industrial (CORFO). Inaugurada en 1939, durante el gobierno de Aguirre Cerda, la CORFO continuó recibiendo un fuerte impulso económico durante los gobiernos de Ríos y González Videla. Creada para impulsar el desarrollo de una escuálida industria nacional, hasta el día de hoy la CORFO es considerada como una de las principales obras de sus gobiernos.

Hijos de la educación fiscal, los radicales también dieron un fuerte impulso a la educación. Bajo el lema "Gobernar es educar", se preocuparon de inyectar recursos a los colegios y ampliar el número de escuelas fiscales. Los 110 mil alumnos que había en 1938, aumentaron a 616 mil en 1941. Además, elaboraron el Plan de Enseñanza Profesional, que culminó en 1949 con la creación de la Universidad Técnica del Estado (UTE).

Su forma zigzagueante de actuar en política -particularmente con los comunistas- hizo que fueran apodados como "los cucharones". González Videla subió al poder (1946), de la mano de socialistas y comunistas; sin embargo, dos años más tarde, no sólo los dejó fuera del gobierno, sino que dictó la Ley de Defensa de la Democracia, que terminó por prohibir la existencia del PC.

Con el transcurso de los años, el Partido Radical dejó de encandilar a los trabajadores. En 1952, con su popularidad fuertemente desgastada, González Videla -el último presidente radical- le entregó el mando presidencia a Carlos Ibáñez del Campo.