Dos años después de ingresar a La Moneda de la mano del mandatario radical Gabriel González Videla, el Partido Comunista iniciaba en 1948 uno de los momentos más oscuros de su historia.
Desde muy temprano en la mañana cundió el terror entre las filas de izquierda. De un zarpazo, el 24 de junio de 1948, más de 20 mil inscritos del Partido Comunista fueron borrados del Registro Electoral. Pocas horas antes había sido aprobada la Ley de Defensa de la Democracia -conocida como "Ley Maldita"-, que derogaba la existencia del conglomerado. A partir de ese minuto y sin ninguna posibilidad de rebatir la decisión, el Partido Comunista pasaba a ser ilegal en Chile.
Más de mil dirigentes fueron encarcelados, otros tantos deportados. Debieron abandonar los cargos municipales y sindicales. Congresistas del PC no estaban autorizados a postular a la reelección al expirar sus cargos. Los bienes del partido fueron confiscados.
Era un fin abrupto de una carrera en alza que había llevado al PC al gobierno y a convertirse en el tercer partido más importante del país.
Sólo dos años antes, en 1946, el PC había entrado a La Moneda de la mano del Presidente radical Gabriel González Videla. Ocupaban tres de los nueve ministerios. El propio mandatario aseveraba: "Les aseguro que no habrá poder humano ni divino capaz de romper los lazos que me unen con el Partido Comunista y con el pueblo".
Pero rápidamente comenzaron las tensiones entre el gobierno y sus socios comunistas. Eran años en que la II Guerra Mundial dejaba como huella un mundo dividido en dos polos ideológicamente irreconciliables: comunismo y capitalismo. Comenzaba la Guerra Fría. La influencia comunista se extendía hacia Yugoslavia, Hungría, Bulgaria, Albania y Polonia.
En Chile, el PC alzaba las banderas de la lucha de clases. Los sindicatos se convertían en su más apreciada herramienta para hacer uso de la huelga como fuerza de presión. González Videla los acusó de utilizar la plataforma de La Moneda para gobernar y ser oposición a la vez.
Un paro de buses, en junio de 1947, rompió irreversiblemente las relaciones entre los aliados. El violento episodio terminó con represión militar y la detención de dirigentes comunistas. Hubo cuatro muertos y 20 heridos. Los aliados de izquierda criticaron duramente a González Videla. En respuesta, el mandatario los expulsó del gabinete. La mala relación entre los socios de gobierno continuaría deteriorándose.
Siguieron las huelgas. Primero el carbón y luego las salitreras. González Videla denunció que se habían descubierto pruebas de que el paro había sido dirigido y financiado por Moscú.
Luego, el PC comenzaba uno de los momentos más oscuros de su historia: "...debí preservar a mi patria de tan peligroso como traicionero enemigo, que se valía de nuestras libertades sólo con objeto de llegar al poder y desde allí estrangularlas con los métodos de la más abyecta tiranía", explicaba González Videla al presentar la "Ley Maldita".
Diez años más tarde, en 1957, durante el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, la ley que prohibía la existencia del PC fue abolida.

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