marzo 23, 2010

Japón: el imperio del Sol Naciente


El Japón feudal experimentó una profunda transformación para convertirse en una potencia mundial durante el siglo XIX.

El Fin del Aislamiento y los Tratados Desiguales

El período Tokugawa (1603-1868) se caracterizó por el cierre de Japón al comercio y a los visitantes extranjeros. Sin embargo, en 1853, esta política se vio interrumpida cuando el comodoro estadounidense Matthew Perry llegó a Edo (Tokio) con cuatro buques de guerra, exigiendo la apertura de los puertos japoneses al comercio. Ante la superioridad naval de Perry, la resistencia era inútil. En 1854, tras el regreso de Perry con una flota aún mayor, el shogunato se vio forzado a firmar el Tratado de Kanagawa, abriendo así las fronteras del país.

Otros países como Gran Bretaña, Francia, Rusia y los Países Bajos firmaron tratados similares, obteniendo concesiones comerciales y llevando a Japón a perder paulatinamente el control sobre sus derechos de aduana. Estos tratados, considerados humillantes e injustos por los japoneses, desataron una serie de rebeliones que pusieron fin a 700 años de shogunato.

La Restauración Meiji y la Occidentalización

Tras la Restauración Meiji, el nuevo régimen adoptó las ideas occidentales como un camino para fortalecer y modernizar Japón. Bajo el lema "oitsuke, oisoke" (Ponte al día, adelántate), se reestructuró el antiguo sistema de clases feudales, pasando de la jerarquía "samurái-campesino-artesano-comerciante" a "noble-descendiente de samurái-plebeyo". La modernización incluyó:


Impacto Social y Económico de la Modernización

La llegada del ferrocarril simbolizó la modernización. El primer tramo se inauguró en 1872, y en 15 años se construyeron 1.600 km de vías férreas, impactando profundamente la economía y geografía del país. Este desarrollo facilitó el crecimiento de los suburbios urbanos, ya que la población ya no necesitaba vivir cerca de sus lugares de trabajo.

El Imperialismo Japonés y la Consolidación como Potencia

Tras años de agitación interna, Japón reafirmó su identidad y orgullo nacional. El nuevo lema, "fukoku kyohei" (nación próspera, ejército poderoso), reflejaba su ambición.


Japón había logrado sus objetivos: las potencias occidentales comenzaron a tomarlo en serio. Los tratados desfavorables que causaron resentimiento fueron revisados, y en 1911 Japón recuperó el control de sus derechos aduaneros. En medio siglo, Japón pasó de ser un país atrasado y menospreciado a una potencia mundial.

Estados Unidos: una potencia emergente


Durante la industrialización, Estados Unidos experimentó un desarrollo comparable al de Europa, marcado por la consolidación nacional, el crecimiento demográfico y el avance industrial. Una parte crucial de este proceso fue la expansión territorial hacia el oeste, que implicó el desplazamiento de la población indígena a través de tratados y conflictos, confinándolos finalmente en reservas. La administración dividió estas nuevas tierras, vendiendo grandes parcelas o permitiendo su explotación libre, legalizada posteriormente como propiedad privada (Pre-emption Act), e incluso entregándolas gratuitamente para fomentar el asentamiento.

El gran flujo de inmigrantes jóvenes, atraídos por la libertad religiosa y el reparto de tierras, impulsó una alta natalidad y un intenso crecimiento poblacional.

Sin embargo, existían profundas diferencias entre los estados del norte y del sur:


La Guerra de Secesión y sus Consecuencias

El triunfo de Abraham Lincoln, abogado antiesclavista, en las elecciones presidenciales de 1860, llevó a los estados del sur a no reconocer el resultado y a proclamar la secesión, formando los Estados Confederados de América (1861). Este conflicto desembocó en la Guerra de Secesión (1861-1865), que culminó con la victoria de los estados del norte.

Tras la guerra, el Congreso promulgó enmiendas constitucionales que garantizaban la igualdad de derechos políticos para la población afroamericana. El Sur quedó dependiente del Norte, lo que marcó la decadencia de su modelo tradicional basado en las grandes plantaciones y sentó las bases para la implantación del sistema industrial en todo el país.

El Impulso del desarrollo económico de la postguerra

A la guerra le siguió un extraordinario crecimiento económico impulsado por:


Este proceso cimentó el gran entramado industrial estadounidense y consolidó empresas de la talla de Standard Oil, General Electric, Westinghouse y Ford Motor Company.

marzo 15, 2010

Visión panorámica del siglo XX

Isaiah Berlin (filósofo, Gran Bretaña)

"He vivido durante la mayor parte del siglo XX sin haber experimentado -debo decirlo- sufrimientos personales. Lo recuerdo como el siglo más terrible de la historia occidental".


Julio Caro Baroja (antropólogo, España)

"Existe una marcada contradicción entre la trayectoria vital individual -la niñez, la juventud y la vejez han pasado serenamente y sin grandes sobresaltos- y los hechos acaecidos en el siglo XX... los terribles acontecimientos que ha vivido la humanidad".


Primo Levi (escritor, Italia)

"Los que sobrevivimos a los campos de concentración no somos verdaderos testigos. Esta es una idea incómoda que gradualmente me he visto obligado a aceptar al leer lo que han escrito otros supervivientes, incluido yo mismo, cuando releo mis escritos al cabo de algunos años. Nosotros, los supervivientes, no somos sólo una minoría pequeña sino también anómala. Formamos parte de aquello que, gracias a la prevaricación, la habilidad o la suerte, no llegamos a tocar fondo. Quienes lo hicieron y vieron el rostro de la Gorgona no regresaron, o regresaron sin palabras".


René Dumont (agrónomo y ecologista, Francia)

"Es simplemente un siglo de matanzas y de guerras".


Rita Levi Montalcini (científica y premio Nobel, Italia)

"Pese a todo, en este siglo se han registrado revoluciones positivas... la aparición del cuarto estado y la promoción de la mujer tras varios siglos de represión".


William Golding (escritor y premio Nobel, Gran Bretaña)

"No puedo dejar de pensar que ha sido el siglo más violento en la historia humana".


Ernst Gombrich (historiador del arte, Gran Bretaña)

"La principal característica del siglo XX es la terrible multiplicación de la población mundial. Es una catástrofe, un desastre y no sabemos cómo atajarla".


Yehudi Menuhin (músico, Gran Bretaña)

"Si tuviera que resumir el siglo XX, diría que despertó las mayores esperanzas que haya concebido nunca la humanidad y destruyó todas las ilusiones e ideales".


Severo Ochoa (científico y premio Nobel, España)

"El rasgo esencial es el progreso de la ciencia, que ha sido realmente extraordinario... Esto es lo que caracteriza a nuestro siglo".


Raymond Firth (antropólogo, Gran Bretaña)

"Desde el punto de vista tecnológico, destacó el desarrollo de la electrónica entre los acontecimientos más significativos del siglo XX; desde el punto de vista de las ideas, el cambio de una visión de las cosas relativamente racional y científico a una visión no racional y menos científica".


Leo Valiani (historiador, Italia)

"Nuestro siglo demuestra que el triunfo de los ideales de la justicia y la igualdad siempre es efímero, pero también que, si conseguimos preservar la libertad, siempre es posible comenzar de nuevo... Es necesario conservar la esperanza incluso en las situaciones más desesperadas".


Franco Venturi (historiador, Italia)

"Los historiadores no pueden responder a esta cuestión. Para mí, el siglo XX es sólo el intento constantemente renovado de comprenderlo".

marzo 13, 2010

La crisis del Imperio romano


Entre los siglos III y V, el Imperio Romano, que había llevado sus conquistas desde las Columnas de Hércules (Gibraltar) hasta los ríos Tigris y Éufrates y, en sentido norte-sur, desde los ríos Rhin y Danubio hasta el norte de África, convirtiendo al Mar Mediterráneo en un "lago romano", entró en un período de agudas crisis que, finalmente, llevaron a su decadencia y caída. 

La crisis de Roma puede ser catalogada como una crisis total, por cuanto abarcó prácticamente todos los niveles de existencia histórica. El fin del expansionismo afectará a distintos ámbitos del Imperio; de algún modo, significa pasar del plano de la conquista mundial a no seguir expandiéndose más allá de sus fronteras, incluso a seguir actuando como si el ideal imperial siguiera vigente. Sin conquistas, ya no habrá botín, y en consecuencia, faltará una importante fuente de recursos para el Estado así como incentivos para su ejército. Éste, por su parte, no contaba con el número suficiente de efectivos para defender sus extensas fronteras, lo que obligó a contratar bárbaros, especialmente germanos, tantos que, para fines del siglo IV, el miles (soldado) era sinónimo de bárbaro. Además, el ejército no estaba en buenas condiciones para hacer frente a las acometidas -cada vez más numerosas- de los bárbaros en las fronteras: a la indisciplina y falta de recursos y entrenamiento, hay que agregar el hecho de que no se hicieron las innovaciones técnicas adecuadas para enfrentar a los enemigos externos del Imperio. Contrasta este retraso romano con el caso del Imperio Chino en el siglo II a.C., cuando enfrentó a la amenaza de los Hiung-nu (antepasados de los hunos), cambiaron la táctica de guerra adoptando el sistema de caballería y repeliendo exitosamente a las hordas bárbaras. Roma, no obstante, siguió confiando en la legión que había hecho grande al Imperio. Un ejército gravoso y poco efectivo implicará que el Imperio no es capaz de garantizar la paz dentro de sus fronteras, lo que genera una inseguridad generalizada; algunos hombres poderosos contratarán, en consecuencia, mercenarios a su servicio, los buccellarii, quienes serán combatidos por el Imperio -puesto que no aceptará la existencia de ejércitos privados dentro del Estado-, aunque finalmente fracasa en su intento.

Esto último, la crisis y el decaimiento del espíritu militar, estará en directa relación con el debilitamiento del espíritu cívico y público, que llevará a que los ciudadanos ya no consideren los cargos públicos como un honor sino como una pesada carga. Un ejemplo es el de los curiales, funcionarios encargados de recaudar los impuestos; una ley del año 396 prohibía a los curiales abandonar sus puestos, por mostrarse impíos hacia la patria. Para evitar que los funcionarios o los soldados dejasen sus puestos, el Imperio aplicó un sistema de fijación social: las personas debían permanecer en sus ocupaciones y en sus lugares de nacimiento de por vida, lo mismo que sus hijos. Ello implicaba, no obstante, una pérdida de libertad del hombre, que deja de ser un ciudadano y pasa a convertirse en un súbdito de la Majestad Imperial. Ésta, influida por el despotismo oriental, especialmente de Persia, había entrado en un proceso de absolutización y sacralización del poder, el cual alcanza el apogeo con Diocleciano (284-305), emperador que aplicó una serie de reformas que vinieron a dar un respiro a la agotada maquinaria imperial; sin embargo, se trataba de medidas de alcance temporal, que no servirán para salvar Roma, aunque algunas de las reformas tendrán una amplia repercusión en tiempos posteriores. Con este emperador, el Imperio pasa a transformarse en una Monarquía Absoluta, en la cual el emperador es un dios, cuya palabra tiene fuerza de ley, ante el cual hay que hacer una profunda reverencia hasta caer postrado, llamada proskynesis; el culto imperial se transforma en la religión oficial del Estado; es la época del Dominado, porque el emperador es el "señor" (dominus). Entre otras medidas tomadas por Diocleciano podemos nombrar la reforma monetaria, orientada a detener el proceso inflacionario, la heredabilidad obligatoria de los oficios, el famoso Edicto de Precios Máximos para combatir la escasez y la inflación, la descentralización de la administración con el sistema de Tetrarquía.

Roma tenía una economía de gasto, de conquista y, a medida que se avanza en el tiempo, el gasto va en aumento, de tal manera que llega un momento en que las necesidades exceden la capacidad de producción, y la insatisfacción acarrea después la frustración y pesimismo en la sociedad. El Imperio no tenía un sistema productivo eficiente, no poseía industria ni capacidad de inversión; la única salida para aumentar los ingresos del Estado era elevar los impuestos, cuya base será la tierra; ya que no se podía confiar en la moneda progresivamente devaluada, se cobrará tributo en especie (que implica la pérdida de 2/3 de la recaudación), lo que significa prácticamente la existencia de una economía natural, frente a la economía monetaria característica de Roma. El aumento de los impuestos y las consiguientes cargas tributarias se tradujeron en elevados índices de evasión y corrupción; en un intento por detener el fenómeno, la burocracia imperial se transforma en un sistema de fiscalización y el Imperio pasa a convertirse en un verdadero "Estado policíaco".

Característico de esta época es el desequilibrio entre la resistencia del Limes (frontera) y la presión de los bárbaros, entre el costo de la guerra y los recursos del Imperio, entre producción y consumo, entre la atracción de la ciudad y del ámbito rural, entre la autoridad senatorial y la imperial, entre otros.

Además, se irá acentuando cada vez más las diferencias entre las partes occidental y oriental del Imperio, ya dividido desde el año 395, a la muerte del emperador Teodosio el Grande (379-395). El Occidente, eminentemente latino, empobrecido y ruralizado, contrasta con el Oriente, esencialmente helénico, rico, con una economía monetaria sólida, de carácter urbano y mejor defendido. A la larga, será el Imperio Romano de Oriente que sobreviva a la adversidad, prolongando la historia de Roma por más de un milenio, pasando a llamarse posteriormente como Imperio Bizantino o Griego Medieval, el cual caerá en manos de los turcos otomanos en 1453. Occidente, agobiado por los problemas, desaparecerá en 476 de enfermedad interna; las invasiones bárbaras jugaron un rol importante en el proceso. En rigor, lo que sucedió a partir de ese año es que el Imperio Romano perdió sus provincias orientales.

Fuente. José Marín R. (2003). Textos Históricos: del Imperio Romano hasta el siglo VIII

marzo 08, 2010

El movimiento por los derechos de las mujeres


El feminismo moderno, o sea, el movimiento por los derechos de las mujeres, se originó durante la Ilustración, cuando algunas mujeres defendieron su igualdad basadas en la doctrina de los derechos naturales. En la década de 1830, mujeres estadounidenses y europeas defendían el derecho de las mujeres a divorciarse y tener propiedades (por ley, los maridos ejercían un control casi total sobre las propiedades de su esposa). Estos primeros empeños no tuvieron gran éxito. En Inglaterra, las esposas consiguieron el derecho a tener algunas propiedades hasta 1870.

La lucha por el derecho a la propiedad fue apenas el comienzo del movimiento de las mujeres. Algunas mujeres de clase media y alta pelearon y se ganaron el acceso a las universidades, en tanto que otras quisieron entrar en profesiones dominadas por hombres.

La educación para ejercer la medicina estaba cerrada para las mujeres; sin embargo, algunas ingresaron en el campo médico como enfermeras. En Alemania, Amalie Sieveking fue una enfermera pionera que fundó en Hamburgo la Asociación Femenina para la Atención de Pobres y Enfermos. Pero la más famosa fue la enfermera inglesa Florence Nightingale. Sus esfuerzos durante la Guerra de Crimea (1853-1856), junto con los de Clara Barton en la Guerra Civil estadounidense (1861-1865) transformaron la enfermería en una profesión de “mujeres de blanco”, mujeres de clase media educadas.

En las décadas de 1840 y 1850, el movimiento por los derechos de las mujeres se extendió cuando exigieron la igualdad de los derechos políticos. Muchas feministas pensaban que el derecho al voto era la clave para mejorar la posición general de las mujeres.

El movimiento de las inglesas fue el más activo de Europa. La Unión Femenina Social y Política, fundada en 1903 por Emmeline Pankhurst y sus hijas, recurrió a estrategias publicitarias inusitadas para llamar la atención a sus exigencias. Las integrantes de la unión lanzaban huevos a las autoridades, se encadenaban a los faroles, quemaban carros de ferrocarril y reventaban los mostradores de las tiendas de moda. Estas sufragistas (que abogaban por la extensión de los derechos políticos, como el derecho al voto) tenían un objetivo fundamental: el derecho de las mujeres a gozar de toda la ciudadanía en el Estado-nación.

Antes de la Primera Guerra Mundial ya se oían en toda Europa y Estados Unidos las demandas de derechos para las mujeres. Sin embargo, antes de 1914, las mujeres tenían el derecho de votar en muy pocos países, como Noruega y Finlandia, junto con algunos lugares de Estados Unidos. Se necesitó la agitación radical de la Primera Guerra Mundial para que los gobiernos dominados por hombres cedieran en el asunto elemental de los derechos de las mujeres.

marzo 02, 2010

Gómez Carreño, el "sheriff" de Valparaíso

Empezó a poco más de un día del terremoto: un turba abrió a fuerza las bodegas de un supermercado de Concepción y empezó a llevarse todo lo que pudo. La escena, una de las más perturbadoras del día después del desastre, se repitió tantas veces en la VII y VIII Región que se decretó Estado de Catástrofe, dejando a las Fuerzas Armadas a cargo de la seguridad. Impresionante, pero nada nuevo: un siglo atrás, el Valparaíso devastado por el terremoto de 1906 también era asediado por el pillaje. La respuesta fue implacable: fusilamientos, ordenó el almirante Luis Gómez Carreño. Le hicieron caso. El puerto fue controlado.

Hombre decidido, Gómez Carreño pasó a la historia por haber puesto orden a Valparaíso tras el terremoto. Hoy una población de la Quinta Región lleva su nombre. "Fue un hombre muy admirado en su época", asegura el historiador Cristián Gazmuri. Lo prueban las palabras que le dedicó Joaquín Edwards Bello: "Los reos se sublevaban en las cárceles, la gente huía despavorida en la oscuridad. Sentíanse extraños ruidos, y veíanse luces lúgubres y negras nubes por el cielo. Entonces se reveló el carácter de un gran marino: Gómez Carreño sujetó a la hez y devolvió a la ciudad el orden por medio de una dictadura 'bala en boca'".

Marino precoz, a los 15 años Gómez Carreño se subió como aprendiz al monitor Huáscar y batalló en la Guerra del Pacífico. En 1903 tuvo una brillante labor al mando del buque escuela General Baquedano. Luego pasaría a la historia.

Fusilamientos

El terremoto que afectó a Valparaíso el 16 de agosto de 1906 dejó al puerto en el suelo. Horas después, en medio de un caos flanqueado por incendios, se desató el pillaje. El día 19 Gómez Carreño entró en escena asumiendo como Jefe de Plaza del puerto. Desde su oficina, instalada en una carpa en la Plaza Victoria, puso en marcha un plan que incluía la distribución de alimento y agua potable, remoción de cadáveres y demolición de edificios en riesgo de desplome.

Impasible, Gómez Carreño fue el encargado de revivir una costumbre que Chile ya había dejado en el pasado en el 1900: fusilamientos públicos y exhibición de los cadáveres. Según la historiadora Patricia Arancibia Clavel su labor fue decisiva: "De no ser por él estoy segura de que los saqueos que ocurrieron tras el terremoto de 1906 habrían causado algo muy grave, inmanejable. El cortó de raíz toda la delincuencia post-terremoto".

Sin embargo, el historiador de la Universidad Alberto Hurtado, Joaquín Fernández, asegura que la figura del almirante está rodeada de mitos. Antes que Gómez Carreño, el intendente Enrique Larraín Alcalde impuso un toque de queda entre las 18 horas y las siete de la mañana. Además, ordenó la pena máxima para los delincuentes. "Es ahí que el intendente designa a Gómez Carreño para hacerse cargo de las fuerzas de policía, de Ejército y de Armada para llevar a cabo estas disposiciones", explica Fernández.

Un siglo atrás, con aquellas medidas para imponer orden, Gómez Carreño encabezó el fusilamiento de al menos 15 personas. También habrían sido castigados físicamente otros ladrones sorprendidos in situ. Pocas semanas después, se formó una Junta de Reconstrucción que recibió dineros internacionales. Valparaíso se pondría en pie tres años después. Gómez Carreño se anotaría otro logro en carrera trayendo seis submarinos desde EE.UU. y en 1930 moriría en un accidente automovilístico. "Fondeado sin novedad", se lee en su epitafio.

La Tercera - 2 marzo 2010