abril 25, 2007
abril 08, 2007
Valdivia intenta conquistar el sur
La muerte de Valdivia Valdivia, como llevaba tan buen caballo, pudo pasar algo más adelante, siguiéndole un capellán que consigo traía, clérigo llamado el padre Pozo. Llegado a una ciénaga, atolló el caballo con él. Acudieron los indios que le estaban guardando, y como estaba en aquella necesidad fatigado, lo derribaron del caballo a lanzadas y golpes de macana. (...) Allí le trajeron a Valdivia su yanacona Agustinillo, el cual le quitó la celada. Viéndose con lengua les comenzó a hablar, diciéndoles que les sacaría los cristianos del reino y despoblaría las ciudades y daría dos mil ovejas si le daban la vida. Los indios, para darle a entender que no querían concierto ninguno, le hicieron pedazos al yanacona delante de el. Viendo el padre Pozo que no aprovechaban amonestaciones con aquellos bárbaros, hizo de dos pajas que par de sí halló una cruz, y persuadiéndole a bien morir, diciéndole muchas cosas de buen cristiano, pidiendo a Dios misericordia de sus culpas. Mientras en esto estaban, hicieron los indios un fuego delante de él, y con una cáscara de almejas de la mar, que ellos llaman pello en su lengua, le cortaron los lagartos de los brazos desde el codo a la muñeca; teniendo espadas, dagas y cuchillos con que poder hacerlo, no quisieron por darle mayor martirio, y los comieron asados en su presencia. Hechos otros vituperios lo mataron a él y al capellán, y la cabeza pusieron en una lanza juntamente con las demás de los cristianos, que no se les escapó ninguno. (...) El cómo murió y de la manera que dicho tengo, yo me informé de un principal y señor del valle de Chile en Santiago, que se llama don Alonso y servía a Valdivia de guardarropa, que hablaba en lengua española, y de mucha razón que estuvo presente a todo, y escapó en hábito de indio de guerra sin ser conocido, y aquella noche llegó a la casa fuerte de Arauco y dio nueva de todo lo sucedido a los que en ella estaban, los cuales se fueron a la Concepción, que estaba de allí nueve leguas, antes que los indios les cerrasen el camino. Pedro Mariño de Lobera. Crónica del Reyno de Chile. |
Las dificultades de los primeros años de la Conquista
Arenga de Michimalonko en el segundo día de batalla tras el asalto a Santiago (1541) Espantado estoy de que unos hombres tan valerosos como yo entendí que erades vosotros, hayais caído en tal infamia y deshonor (…) perdiendo vuestra reputación acerca de los cristianos, y aun de los mesmos de vuestra patria de entre los cuales yo os escogí, entendiendo que erades hombres y no gallinas, como la experiencia muestra con desengaño. Yo no sé, por cierto, que nueva cobardía se ha metido y apasionado de vosotros, que, habiendo resistido tan varonilmente a los quinientos hombres que entraron con el capitán don Diego de Almagro hasta hacerlo salir de nuestras tierras con el temor que nos tuvieron, estéis agora tan amilanados que os hayan hecho huir cuatro hombrecitos de mala muerte, cobrando ellos avilantez de ver tan en su punto vuestra cobardía. En Mariño de Lobera, P. Crónica del Reyno de Chile. |



.png)

.png)