abril 08, 2007

Valdivia intenta conquistar el sur


A partir de ese momento, dos fueron las principales preocupaciones de Pedro de Valdivia: explorar los territorios que se encontraban hacia el sur y asegurar su condición de gobernador de Chile ante el rey. 

Varias fueron las expediciones que, por mar  tierra, comenzaron a explorar el territorio habitado por el pueblo mapuche. El hallazgo de lavaderos de oro, la cantidad de tierras cultivables y la mano de obra disponible en estas zonas -que estaban más pobladas-, llevaron a los españoles a insistir en la conquista del territorio, a pesar de la fuerte resistencia indígena.

Hacia fines de 1547, Valdivia decidió viajar a Perú dado que la guerra civil que allá ocurría ponía en riesgo su calidad de gobernador. Llegando a la capital virreinal se puso bajo las órdenes del representante del rey, quien intentaba sofocar la sublevación liderada por Gonzalo Pizarro y someter a los conquistadores al poder real. El importante papel jugado por Valdivia en la victoria de las fuerzas reales sobre los conquistadores leales a Pizarro le permitió recibir la confirmación real de su título de gobernador de Chile.

De vuelta a Santiago, Valdivia llevó adelante una política de fundación de fuertes y ciudades en la zona sur, que dio origen a las ciudades de Concepción, La Imperial, Angol, Villarrica y Valdivia, más los fuertes de Tucapel, Arauco y Purén. La creciente presencia hispana en el territorio mapuche intensificó la resistencia que éstos oponían a la conquista. Numerosas batallas se sucedieron a partir de 1550, muriendo en ella muchos españoles. A fines de 1553, el propio Valdivia encontró la muerte en la batalla de Tucapel.

La muerte de Valdivia no significó un cambio en la política de conquista de los españoles; éstos mantuvieron su decisión de dominar la zona sur, pese a que los levantamientos indígenas se hicieron cada vez más difíciles de contener. 

La muerte de Valdivia


Valdivia, como llevaba tan buen caballo, pudo pasar algo más adelante, siguiéndole un capellán que consigo traía, clérigo llamado el padre Pozo. Llegado a una ciénaga, atolló el caballo con él. Acudieron los indios que le estaban guardando, y como estaba en aquella necesidad fatigado, lo derribaron del caballo a lanzadas y golpes de macana. (...) Allí le trajeron a Valdivia su yanacona Agustinillo, el cual le quitó la celada. Viéndose con lengua les comenzó a hablar, diciéndoles que les sacaría los cristianos del reino y despoblaría las ciudades y daría dos mil ovejas si le daban la vida. Los indios, para darle a entender que no querían concierto ninguno, le hicieron pedazos al yanacona delante de el. Viendo el padre Pozo que no aprovechaban amonestaciones con aquellos bárbaros, hizo de dos pajas que par de sí halló una cruz, y persuadiéndole a bien morir, diciéndole muchas cosas de buen cristiano, pidiendo a Dios misericordia de sus culpas. Mientras en esto estaban, hicieron los indios un fuego delante de él, y con una cáscara de almejas de la mar, que ellos llaman pello en su lengua, le cortaron los lagartos de los brazos desde el codo a la muñeca; teniendo espadas, dagas y cuchillos con que poder hacerlo, no quisieron por darle mayor martirio, y los comieron asados en su presencia. Hechos otros vituperios lo mataron a él y al capellán, y la cabeza pusieron en una lanza juntamente con las demás de los cristianos, que no se les escapó ninguno. (...)


El cómo murió y de la manera que dicho tengo, yo me informé de un principal y señor del valle de Chile en Santiago, que se llama don Alonso y servía a Valdivia de guardarropa, que hablaba en lengua española, y de mucha razón que estuvo presente a todo, y escapó en hábito de indio de guerra sin ser conocido, y aquella noche llegó a la casa fuerte de Arauco y dio nueva de todo lo sucedido a los que en ella estaban, los cuales se fueron a la Concepción, que estaba de allí nueve leguas, antes que los indios les cerrasen el camino.


Pedro Mariño de Lobera. Crónica del Reyno de Chile.

Las dificultades de los primeros años de la Conquista

En un comienzo, los conquistadores recibieron la ayuda de los indígenas, que colaboraron en el asentamiento de la nueva ciudad, las tareas agrícolas y enseñaron a los españoles el lugar de donde sacaban oro (estero Marga Marga). Pero este panorama alentador pronto comenzó a cambiar, pues los indígenas, liderados por Michimalonko, cacique principal del valle de Aconcagua, se alzaron en contra de los invasores con la clara intención de expulsarlos del territorio. En este alzamiento asesinaron a los españoles que construían una nave con el objeto de mantener el contacto con el Perú, asaltaron los lavaderos de oro de Marga-Marga y, finalmente, atacaron la ciudad de Santiago el 11 de septiembre de 1541. En este combate, la ciudad fue incendiada, lo que significó la pérdida de todo lo construido hasta ese instante.

Arenga de Michimalonko en el segundo día de batalla tras el asalto a Santiago (1541)


Espantado estoy de que unos hombres tan valerosos como yo entendí que erades vosotros, hayais caído en tal infamia y deshonor (…) perdiendo vuestra reputación acerca de los cristianos, y aun de los mesmos de vuestra patria de entre los cuales yo os escogí, entendiendo que erades hombres y no gallinas, como la experiencia muestra con desengaño. Yo no sé, por cierto, que nueva cobardía se ha metido y apasionado de vosotros, que, habiendo resistido tan varonilmente a los quinientos hombres que entraron con el capitán don Diego de Almagro hasta hacerlo salir de nuestras tierras con el temor que nos tuvieron, estéis agora tan amilanados que os hayan hecho huir cuatro hombrecitos de mala muerte, cobrando ellos avilantez de ver tan en su punto vuestra cobardía.


En Mariño de Lobera, P. Crónica del Reyno de Chile.


Después del asalto, los indígenas se replegaron y mantuvieron la ciudad sitiada por casi dos años. Con la intención de terminar con esta miserable situación, Valdivia envió al norte a Alonso de Monroy, junto a otros cinco acompañantes en busca de ayuda. Sólo Monroy y uno de sus compañeros lograron el objetivo, consiguieron los pertrechos necesarios y regresaron a Chile acompañados de un nuevo contingente. La llegada del grupo, a fines de 1543, permitió a los habitantes de Santiago salir de la difícil situación en que se encontraban.

Para no sufrir nuevamente el aislamiento al que habían sido sometidos, Pedro de Valdivia planificó la fundación de una segunda ciudad que permitiera mantener el contacto entre Santiago y Perú. Así, a fines de 1544, se fundó La Serena.

Fundación de ciudades

Durante el proceso de conquista, cuando los españoles hicieron esfuerzos por establecerse en el territorio, viviendo los sobresaltos del enfrentamiento con los indígenas, la fundación de ciudades jugó un papel fundamental, pues éstas eran el centro del dominio español en una determinada región, desde donde se partía a dominar los territorios cercanos. Las ciudades se constituyeron en el símbolo de la estabilidad y la permanencia.

En un corto período, fueron muchas las ciudades fundadas, que abarcaron una considerable porción de terreno, si consideramos el pequeño grupo que formaban los españoles en medio de la población indígena.

abril 07, 2007

La conquista de Chile


La conquista de Chile no fue una tarea fácil. El primer intento, fracasado, fue el liderado por Diego de Almagro; a éste le siguió la expedición que llevó adelante Pedro de Valdivia que, si bien logró su objetivo de permanecer en la zona central de Chile, necesito de constante apoyo proveniente del Perú para sortear los difíciles primeros años de la naciente gobernación. Pero esto no fue suficiente para afianzar definitivamente la conquista del territorio, proceso que se prolongó hasta fines del siglo XVI.

Diego de Almagro había participado, junto a Francisco Pizarro, en la conquista de Perú, y desde ahí planificó la conquista de Chile. Con gran cantidad de recursos personales, y motivado por las extraordinarias noticias que hablaban de grandes riquezas al sur del Perú, el conquistador logró reunir un contingente cercano a 500 españoles, a los que se sumaron miles de indios de servicio.

Los expedicionarios salieron del Cuzco rumbo a Chile a mediados de 1535 y tuvieron un viaje dramático debido a los sufrimientos que padecieron al atravesar, desde el actual territorio argentino, la cordillera de los Andes. Una vez sorteado aquel obstáculo geográfico, entraron por primera vez en el actual territorio chileno en febrero de 1536, estableciéndose por algún tiempo en el valle de Copiapó para luego avanzar hacia el sur e instalarse en el valle de Aconcagua. Desde ahí, Almagro y su gente salieron en busca de las riquezas que los indígenas aseguraban que existían. Una de estas expediciones, la que iba al mando de Gómez de Alvarado, se enfrentó por vez primera, en las cercanías del río Itata, al pueblo mapuche, en la batalla de Reinowelén.


La realidad que Almagro y su gente vieron en Chile distaba mucho de lo que ellos buscaban. No encontraron oro, la tierra no estaba cultivada, los indígenas de la zona central parecían ser pocos y los que habitaban el sur estaban decididos a rechazar su presencia. Ante tales condiciones, decidieron volver a Perú.

Tiempo después, Pedro de Valdivia debió realizar esfuerzos extremos para organizar su proyecto de conquista, ya que la experiencia negativa de Almagro había infamado al territorio que se encontraba al sur del desierto de Atacama.

Pese a todo, Valdivia logró apertrechar a un pequeño grupo de españoles que se decidió a acompañarlo, y así en enero de 1540, salieron del Cuzco en dirección al sur unas 10-12 personas, con la esperanza de que en el camino se les unieran otras expediciones que volvían al Perú después del fracaso de sus empresas.

El pequeño grupo salió hacia el sur siguiendo la ruta del desierto, para evitar las penurias vividas por Almagro. Pero aquella ruta tampoco fue fácil, por la escasez de agua y alimento. Tal como lo había previsto Valdivia, dos importantes expediciones de conquistadores -encabezados por Francisco de Villagra y Francisco de Aguirre- se les unieron en Tarapacá y Atacama. Así, cuando la expedición de Valdivia llegó al valle de Copiapó, estaba compuesto aproximadamente por 150 españoles.

El año 1540, pocos días antes de Navidad, los conquistadores llegaron al valle del Mapocho, lugar que escogieron para asentarse. Al poco tiempo, el grupo mostró su voluntad de permanecer en el territorio, fundando el 12 de febrero de 1541 la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura, que se convertiría en la base para realizar la conquista definitiva de la zona central de Chile.

Las motivaciones de la conquista


Desde el siglo XV, Europa comenzó a experimentar una serie de cambios sociales, políticos y económicos que anunciaban el fin del periodo medieval. Entre ellos, destaca la creciente actividad comercial, que fortaleció los contactos entre Oriente y Europa. Esta actividad comercial abrió nuevos horizontes a muchos europeos que la sociedad medieval condenaba a una vida carente de expectativas materiales.

Las ciudades italianas, que tenían una ubicación estratégica en el mar Mediterráneo, iban a la vanguardia de la floreciente actividad comercial, mientras otros Estados, como Portugal y España, se veían favorecidos y obligados a adquirir productos a través de numerosos intermediarios. Esta situación los obligó a buscar rutas alternativas para comerciar directamente con Oriente; entonces, comenzaron a explorar el océano Atlántico.

En este contexto se realizó el primer viaje de Cristóbal Colón, que cambió totalmente el curso de los acontecimientos, pues significó el encuentro con un continente hasta entonces desconocido para los europeos. A partir de este momento, decenas de expediciones comenzaron a zarpar desde Europa, siguiendo el camino trazado por Colón o las rutas abiertas en viajes posteriores. Navegantes y exploradores se arriesgaron en empresas absolutamente inciertas y peligrosas, motivados por el afán de fama y riqueza; ellos llevaron adelante el descubrimiento y la conquista de América.

La empresa de conquista española

Cada nuevo territorio en el que se establecían los conquistadores en América servía de base para la planificación de nuevas expediciones. Desde el Caribe salieron las expediciones que conquistaron México, y desde ahí, buena parte de las que recorrieron América Central y del Norte. Panamá se transformó también en un lugar de donde salieron importantes expediciones hacia Sudamérica, como la de Francisco Pizarro, que conquistó Perú, y desde ahí, aquellas que descubrieron y conquistaron Chile.

¿Cómo se organizaban las expediciones de conquista?

Cada empresa de conquista era organizada privadamente tanto en el reclutamiento del contingente humano como en su financiamiento, es decir, tanto los costos como los riesgos eran asumidos por los conquistadores. Sin embargo, esas expediciones se hacían en nombre de los reyes de España, a quienes el papa Alejandro VI les había donado los territorios ya descubiertos y por descubrir, con el fin de conquistarlos y evangelizarlos. Este documento o donación pontificia, conocida como Bula Intercaetera, estableció derechos respecto de las tierras ocupadas por los habitantes originarios y se transformó en el fundamento legal de la conquista.

Los reyes establecían los territorios que cada expedición podía conquistar, y entregaban atribuciones a quien comandaba la empresa. Los derechos y obligaciones de los expedicionarios se consagraban en documentos conocidos como capitulaciones, un contrato entre quien ejercía derechos soberanos sobre los territorios de América y quienes disponían de los recursos económicos y humanos para conquistarlos.


Sin embargo, muchas veces las expediciones se llevaron a cabo sin el consentimiento previo de la Corona. Una vez realizadas, y habiendo obtenido éxito en sus propósitos, quienes encabezaban estas empresas buscaban después el consentimiento real.

En las expediciones que vinieron a Chile, por ejemplo, Diego de Almagro obtuvo el permiso real para conquistar de Isabel de Portugal, esposa del emperador Carlos V, quien firmó en calidad de regente. Pedro de Valdivia, por su parte, llevó adelante su empresa por encargo de Francisco Pizarro, obteniendo con posterioridad la gobernación de los territorios conquistados.