A partir de ese momento, dos fueron las principales preocupaciones de Pedro de Valdivia: explorar los territorios que se encontraban hacia el sur y asegurar su condición de gobernador de Chile ante el rey.
Varias fueron las expediciones que, por mar tierra, comenzaron a explorar el territorio habitado por el pueblo mapuche. El hallazgo de lavaderos de oro, la cantidad de tierras cultivables y la mano de obra disponible en estas zonas -que estaban más pobladas-, llevaron a los españoles a insistir en la conquista del territorio, a pesar de la fuerte resistencia indígena.
Hacia fines de 1547, Valdivia decidió viajar a Perú dado que la guerra civil que allá ocurría ponía en riesgo su calidad de gobernador. Llegando a la capital virreinal se puso bajo las órdenes del representante del rey, quien intentaba sofocar la sublevación liderada por Gonzalo Pizarro y someter a los conquistadores al poder real. El importante papel jugado por Valdivia en la victoria de las fuerzas reales sobre los conquistadores leales a Pizarro le permitió recibir la confirmación real de su título de gobernador de Chile.
De vuelta a Santiago, Valdivia llevó adelante una política de fundación de fuertes y ciudades en la zona sur, que dio origen a las ciudades de Concepción, La Imperial, Angol, Villarrica y Valdivia, más los fuertes de Tucapel, Arauco y Purén. La creciente presencia hispana en el territorio mapuche intensificó la resistencia que éstos oponían a la conquista. Numerosas batallas se sucedieron a partir de 1550, muriendo en ella muchos españoles. A fines de 1553, el propio Valdivia encontró la muerte en la batalla de Tucapel.
La muerte de Valdivia no significó un cambio en la política de conquista de los españoles; éstos mantuvieron su decisión de dominar la zona sur, pese a que los levantamientos indígenas se hicieron cada vez más difíciles de contener.
La muerte de Valdivia
Valdivia, como llevaba tan buen caballo, pudo pasar algo más adelante, siguiéndole un capellán que consigo traía, clérigo llamado el padre Pozo. Llegado a una ciénaga, atolló el caballo con él. Acudieron los indios que le estaban guardando, y como estaba en aquella necesidad fatigado, lo derribaron del caballo a lanzadas y golpes de macana. (...) Allí le trajeron a Valdivia su yanacona Agustinillo, el cual le quitó la celada. Viéndose con lengua les comenzó a hablar, diciéndoles que les sacaría los cristianos del reino y despoblaría las ciudades y daría dos mil ovejas si le daban la vida. Los indios, para darle a entender que no querían concierto ninguno, le hicieron pedazos al yanacona delante de el. Viendo el padre Pozo que no aprovechaban amonestaciones con aquellos bárbaros, hizo de dos pajas que par de sí halló una cruz, y persuadiéndole a bien morir, diciéndole muchas cosas de buen cristiano, pidiendo a Dios misericordia de sus culpas. Mientras en esto estaban, hicieron los indios un fuego delante de él, y con una cáscara de almejas de la mar, que ellos llaman pello en su lengua, le cortaron los lagartos de los brazos desde el codo a la muñeca; teniendo espadas, dagas y cuchillos con que poder hacerlo, no quisieron por darle mayor martirio, y los comieron asados en su presencia. Hechos otros vituperios lo mataron a él y al capellán, y la cabeza pusieron en una lanza juntamente con las demás de los cristianos, que no se les escapó ninguno. (...)
El cómo murió y de la manera que dicho tengo, yo me informé de un principal y señor del valle de Chile en Santiago, que se llama don Alonso y servía a Valdivia de guardarropa, que hablaba en lengua española, y de mucha razón que estuvo presente a todo, y escapó en hábito de indio de guerra sin ser conocido, y aquella noche llegó a la casa fuerte de Arauco y dio nueva de todo lo sucedido a los que en ella estaban, los cuales se fueron a la Concepción, que estaba de allí nueve leguas, antes que los indios les cerrasen el camino.
Pedro Mariño de Lobera. Crónica del Reyno de Chile. |
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