abril 26, 2013

Los jóvenes en la Edad Media


La Edad Media es el período de la historia europea, que transcurre desde la desintegración del Imperio Romano de Occidente (siglo V) hasta el siglo XV. No obstante, las fechas anteriores no han de ser tomadas como referencias fijas, ya que nunca ha existido una brusca ruptura en el desarrollo cultural del continente. Al parecer el término lo empleó por primera vez el historiador Flavio Biondo de Forli, en su obra
Historiarum ab inclinatione romanorum imperii decades (Décadas de historia desde la decadencia del Imperio Romano), publicada en 1438 aunque fue escrita treinta años antes.

El concepto implicó en su origen una parálisis del progreso, considerando que la Edad Media fue un período de estancamiento cultural, ubicado cronológicamente entre la gloria de la Antigüedad clásica y el Renacimiento.

Durante la Edad Media la única institución europea con carácter universal fue la Iglesia católica, pero incluso en ella se había producido una fragmentación de la autoridad. Todo el poder en el seno de la jerarquía eclesiástica estaba en manos de los obispos de cada región. El Papa tenía una cierta preeminencia basada en el hecho de ser sucesor de Pedro, primer obispo de Roma, a quien Cristo le había otorgado la máxima autoridad eclesiástica. No obstante, la elaborada maquinaria del gobierno eclesiástico y la idea de una Iglesia católica encabezada por el Papa no se desarrollarían hasta pasado 500 años.

La Iglesia católica se veía a sí misma como una comunidad espiritual de creyentes cristianos, exiliados del Reino de Dios, que aguardaba en un mundo hostil el día de la salvación. Los miembros más destacados de esta comunidad se hallaban en los monasterios, diseminados por toda Europa y alejados de la jerarquía eclesiástica.

En este oscuro, difícil y complejo contexto sociocultural, el conocimiento que se tiene de los jóvenes viene dado principalmente por la literatura, sin embargo cabe señalar que en los relatos literarios se encuentra sólo una semblanza de cierto tipo de jóvenes: valerosos, intrépidos, hermosos, ricos y nobles. De los jóvenes pobres, campesinos, desarraigados, sin poder ni riqueza es muy poco lo que se sabe, porque muy poco se escribió sobre ellos.

A pesar de esto, los relatos que permiten hacerse una idea aproximada de un cierto tipo de joven que, por los valores que defendía y sustentaba, jugaba un rol de demostración para el resto de los jóvenes de la época. Nos referimos a los jóvenes ligados a las órdenes de caballería, a jóvenes como Lancelot o Tristán. La historia de personajes como ellos es la historia de héroes valientes, enamorados, dispuestos a todo.

Entre los siglos XI y XVI lo que domina en la literatura europea, vinculada al amor y a las proezas es la caballería y la courtoisie, vocablo francés que podría ser traducido por cortesía, aunque su sentido original es más amplio y no tiene una traducción exacta.

Ser joven en la época y pertenecer a determinada clase social implicaba necesariamente ser caballero, portar armas, defender el honor, participar en batallas, defender al Rey, luchar por la persona amada y ofrendar la vida como máxima prueba de courtoisie. Ser chevalier (caballero) era considerado un honor, un privilegio que sólo algunos merecían y por el cual había que luchar y demostrar que se era capaz de serlo.

Esta realidad, que en muchos casos raya en la mitología, recorrió prácticamente toda Europa. Es así como encontramos a los "Caballeros de la Mesa Redonda" en Inglaterra o a los "Caballeros del Grial" en Francia.

Otro concepto usado para referirse a los jóvenes era el de bacheler (aspirante). El rol de un bacheler era combatir al servicio de un señor; por lo general tenían entre 15 y 30 años. A estos jóvenes guerreros les correspondía una estética específica. Ellos eran siempre jóvenes hermosos, elegantemente vestidos, amantes de las aventuras, del peligro y de la violencia, la cual era ensalzada como una virtud necesaria.

Las motivaciones de los caballeros eran de orden geopolítico, pero principalmente de orden amoroso. Los caballeros luchaban por sus damas, las que normalmente eran mujeres casadas y ricas. "El enamorado se convertía en vasallo de la dama amada, y esa dependencia consentida le permitía tener acceso a los valores de la courtoisie" (Christiane Marchello-Nizia. Caballería y Courtoisie, 1996).

Cabe señalar tres aspectos interesantes de la vida de estos jóvenes en la Edad Media. Uno se refiere al verdadero culto a la muerte. Morir dignamente era considerado un valor, incluso se deseaba. El joven caballero no se debía a sí mismo sino a su Rey o a su amada y por ambos podía dar la vida. "El destino del joven -esto es, en el plano simbólico, su función esencial- era morir, de manera ejemplar y si era posible estética, en beneficio de la institución" (Christiane Marchello-Nizia, Op. Cit.).

Lo segundo está referido a la relación filial con los tíos. Estos eran los encargados de iniciar a los jóvenes en las órdenes de caballería. Algunos cantares de gesta de la época relatan incluso que estos tíos eran verdaderamente "padres-tíos" es decir, eran hijos de una relación incestuosa entre hermanos. Los tíos se encargaban de preparar a los jóvenes para las batallas, de dotarlos de las armas y pertrechos necesarios, pero también los podían matar si lo estimaban necesario.

En tercer lugar no deja de llamar la atención la relación amorosa con las amadas. Recordemos que todas ellas eran mujeres casadas, es decir, eran esposas de su señor. Por lo tanto, los jóvenes mantenían una relación doblemente amorosa, bisexual si se quiere. Dado que lo principal era servir a su señor, éste permitía la relación extramarital de su esposa con tal que el joven también y al mismo tiempo mantuviera relaciones con él. De alguna manera se reproducen las relaciones homosexuales entre jóvenes y maestros de la antigua Grecia.

En la Italia medieval la presencia de jóvenes y su relación con el conjunto de la sociedad no fue fácil. En este caso, lo que se conoce sobre el tema viene dado por la literatura, por los edictos municipales que prohibían tales o cuales conductas consideradas impropias y/o por las sentencias judiciales en las cuales la mayoría de las veces eran jóvenes los involucrados.

Pareciera ser que la conducta juvenil ha generado tensiones con el conjunto de la sociedad desde muy antiguo, es así como L. B. Alberti plantea que "la juventud ha de ser naturalmente ordenada". En este caso el concepto "ordenada" se refiere al control externo que deben ejercer los adultos sobre el mundo juvenil, ya que éstos eran considerados licenciosos, violentos, lascivos y peligrosos, por lo tanto, se imponían la idea de restringir, moderar y gobernar a la juventud.

"La juventud era el tiempo de los apetitos y de los excesos" nos señala E. Crouzet-Pavan. Para los adultos de la época, durante la juventud se manifestaba la debilidad del alma y de la razón, en consecuencia, los jóvenes se entregaban al mal, al goce sin freno, a la lujuria y a la violencia. Entonces, según San Bernardino de Siena, era necesario "administrarles" esa etapa de la vida a los seres humanos; controlarlos, mantenerlos a raya, reprimirlos y/o excluirlos, con el fin de mantener el statu quo y orden social impuesto.

Pero, ¿quiénes eran jóvenes?, ¿de qué etapa de la vida estamos hablando? En el caso de la Italia medieval, la infantia se acababa a los 7 años y a partir de ese momento empezaba la pueritia, la que iba de los 8 a los 13 años; a partir de los 14 y hasta los 21 años se vivía la adolescentia y solo a partir de los 21 años comenzaba la juventud, sin precisar cuando terminaba.

Estos jóvenes eran los giovani, estigmatizados como irresponsables, viciosos, rebeldes, irónicos, gozadores, a tal punto que San Bernardino de Siena consideraba que el final de los desórdenes, las debilidades y las tentaciones se producía a los 40 años. Cabe recordar que siempre se refiere a un determinado tipo de jóvenes; estos son los jóvenes de la burguesía y de la aristocracia urbana, una élite de la época, pero que marcó una tendencia a la juventud de la Edad Media en general.

Tal vez un indicador del término del período juvenil esté relacionado con el trabajo, en este sentido el giovani seguía siéndolo mientras su padre viviera y dependiera económicamente de él. Sin embargo no bastaba la muerte del padre para obtener el status de adulto, había que demostrar determinada madurez, porque si el padre fallecía prematuramente "los hijos vivían aún con mayores excesos los desmanes de la juventud" (Elisabeth Crouzet-Pavan. Una flor del Mal: Los jóvenes en Italia medieval, 1996).

Dadas estas ambigüedades, es difícil definir con precisión la juventud, puesto que las diferentes definiciones socioeconómicas no logran delimitarla con exactitud. En este contexto los giovani representaban una categoría de edad: hombres jóvenes, los que desde la adolescentia hasta la tardía edad de la razón podían comportarse como juvenes.

De esta manera, aparece otro concepto ligado a la juventud, el de juvenes. Más que una categoría biológica ésta es una categoría normativa que sanciona las conductas de los jóvenes de la época. Como señala E. Crouzet-Pavan, el juvenis al igual que las mujeres, era motivo y objeto de miedo. Ambos grupos eran considerados un obstáculo para la paz y la salvación de la sociedad cristiana.

En sus prédicas, San Bernardino de Siena las citaba reiteradamente, interpelándolas a desarrollar comportamientos adecuados, puesto que se consideraba que sus conductas eran licenciosas, poco recatadas, ya que los juvenes participaban asiduamente en fiestas, carnavales, justas, bailes y diversiones, ostentando riqueza, derroche y lujuria.

Por su parte, el predicador Savonarola apuntaba en la misma dirección al considerar a los juvenes y a las mujeres como "pecadores" y "obstinados", que debían reformarse, dado que en sus fiestas daban rienda suelta a sus apetitos sexuales y vicios de todo tipo.

Lo anterior llevó a las autoridades de la época a dictar una frondosa legislación que sancionaba las conductas juveniles. Así, proliferaron decretos y edictos municipales que prohibían la ostentación, el lujo, el uso de joyas, el despilfarro, etc. Otro asunto es que los jóvenes obedecieran tales edictos.

La sociedad adulta de la época, representada principalmente por la Iglesia católica y los Consejos, definían la paz de la ciudad como la práctica del orden de Dios, por lo tanto, las conductas juveniles atentaban contra ese orden divino y constituían una "abominación para Dios y para el mundo" (Elisabeth Crouzet-Pavan. Op. Cit.).

Frente a esta estigmatización, la respuesta de los jóvenes no se hacía esperar. La violencia contra las fuerzas del orden se consideraba una proeza viril. Las reglas del honor exigían que los giovani lucharan cuando algo se les prohibía o cuando se les exigía someterse a determinado dictamen que consideraban injusto.

Para esto, los jóvenes se organizaban en pandillas (al igual que hoy), desarrollando actos de violencia callejeras contra el orden establecido o muchas veces como acto de provocación hacia el mundo adulto. La base de sustentación de las pandillas estaba dada por relaciones de solidaridad generacional, por vecindario o por relaciones semiprofesionales.

Cabe señalar que estas acciones de violencia no sólo se ejercían en contra de determinados poderes civiles o eclesiales, sino que frecuentemente se ejercían entre ellos mismos, entre pandillas, entre cofradías, entre grupos de caballeros, desarrollando una verdadera institución italiana que existe hasta hoy: la vendetta.

En general, la imagen que se da a los jóvenes de la época medieval es negativa y en permanente confrontación con el mundo adulto e institucional, ante lo cual las autoridades civiles y eclesiales no encontraron mejor forma de relacionarse con ellos que a través de la represión y la exclusión.

Al igual que en la literatura, en la iconografía de la época los jóvenes representados eran fundamentalmente jóvenes ricos, nobles y aristócratas y aún ellos ocupaban lugares secundarios en las imágenes; siempre en la periferia o en segundo plano. Cuando aparece algún joven campesino o de clase popular siempre está representado de menor talla, con el fin de demostrar su baja posición social (no su menor edad).

Sin embargo, los jóvenes que más aparecen en las imágenes medievales no son patricios, príncipes o caballeros, sino jóvenes vinculados a relatos bíblicos: jóvenes modelos, perfectos, santos y ángeles. Jóvenes como José, David, Daniel, Saúl, Adán, etc.

Los artistas medievales crearon un verdadero mito del cuerpo joven representado en sus creaciones. "un cuerpo joven era un cuerpo bello, claro, liso, fresco, sano, risueño, delgado, vivo y suelto", pero siempre representado estereotipadamente, estático, poco diversificado; a diferencia de los relatos literarios que nos muestran a jóvenes belicosos, violentos y transgresores.

En la literatura medieval la juventud aparece como turbulenta, alborotada y peligrosa. "No podía estarse quieta, no respetaba nada y transgredía el orden social y moral. Los jóvenes despreciaban los valores establecidos y a las personas de edad, de las que decían que 'chocheaban'. Eran presuntuosos y pendencieros, se creían que lo sabían todo, se entregaban a locuras de toda laya, realizaban dispendios sin cuento y vivían en lujuria y pecado. Era preciso darles una buena lección, rebajar su orgullo, hacerles trabajar con su cuerpo en actividades útiles, enseñarles a despreciar la vida y, sobre todo, casarlos todavía jóvenes para evitar la fornicación y el adulterio" (J. Rossiaud. Prostitution, jeunesse et societé au XVe siècle, 1976).

Como fue dicho anteriormente, con este panorama de la juventud, la respuesta adulta e institucional no fue otra que la represión, el castigo y la exclusión de los jóvenes.

Fuente. Mario Sandoval M. (2002). Jóvenes del siglo XXI: Sujetos y actores de una sociedad en cambio.

abril 19, 2013

Los jóvenes en la época romana


Según la leyenda, la ciudad de Roma fue fundada por Rómulo (y su hermano Remo, según algunas versiones) en el año 753 a.C. Aunque las pruebas arqueológicas indican que existió vida humana en este lugar con anterioridad, un extenso asentamiento humano bien podría datar de esa fecha. Se han encontrado en la colina Palatina muestras de una aldea de la Edad de Hierro, de mediados del siglo VIII a.C. La leyenda del rapto de las sabinas y la consiguiente fusión de romanos y sabinos, también se apoyan en los restos arqueológicos constatados.

No sólo la fundación de Roma está ligada a Rómulo y Remo, sino toda la presencia juvenil está indisolublemente ligada a estos hermanos. Dos gemelos con un origen común, pero con destinos muy diferentes, que recuerdan la historia bíblica de Caín y Abel.

Recordemos que la leyenda nos cuenta que luego de vengar la muerte de su madre, Rea Silvia y de restituir el reino de Alba Longa a su abuelo Numitor, Rómulo y Remo deciden fundar una ciudad junto a sus compañeros, todos ellos jóvenes y hombres; esa ciudad era Roma.

Los jóvenes que los acompañaron en la fundación de la ciudad eran todos de origen humilde; eran considerados siervos y rebeldes, por lo tanto, el rey Numitor consideró oportuno mantenerlos alejados de su reino. Ante esto Rómulo y Remo deciden crear un lugar sagrado como asilo para los rebeldes y lo dedican al dios Asilo. En este espacio sagrado no había diferencias; a todos se les garantizaba el derecho a asilo en condiciones de igualdad.

Esta situación, sumada al origen de Rómulo y Remo marcan las características de un tipo de jóvenes que va a jugar un rol determinante en la historia de Roma. Como es sabido, la mitología nos narra que Rómulo y Remo en sus primeros años fueron amamantados por una loba y criados por pastores, en contacto directo con la naturaleza salvaje.

Al igual que en la antigua Grecia, en los jóvenes romanos hay una verdadera pasión por la caza, la que junto con la esgrima y la equitación representaban ejercicios para mantener el cuerpo. Las cacerías en las que incursionan Rómulo y Remo siempre estaban acompañadas de grupos de jóvenes, los que luchan y pelean por los derechos de pastoreo. En cada una de estas incursiones, Remo se muestra más valiente que su hermano.

Con el correr de los años comienzan a verse las diferencias entre ambos hermanos, las que terminan con el asesinato de Remo a manos de Rómulo, la que fue vista como una señal premonitoria de las futuras guerras civiles que Roma sufriría posteriormente.

Durante su desarrollo, Roma no estuvo lejana a los problemas propios de su población juvenil. Ya en esa época existían pandillas de jóvenes, destacándose los lupercos, admiradores de la leyenda de Rómulo y Remo.

Los lupercos practicaron un verdadero culto al nudismo en sus ritos y fiestas juveniles, especialmente en las festividades denominadas lupercales (febrero), las que eran consideradas como un ritual de purificación y fecundidad.

Además de las lupercales, en Roma había todo un conjunto de ritos de iniciación para el mundo juvenil de ambos sexos, en los que ocupaba un lugar destacado la diosa Iuventus, el cual proviene el concepto "juventud".

La juventud era considerada una etapa de la vida. En la antigua Roma se era puer hasta los 15 años; la adolescencia (adulescentia) se extendía entre los 15 a los 30 años y la juventud (iuventa) de los 30 a los 45 años. Esta extensión (aparentemente excesiva) del período juvenil está íntimamente ligada a otra institución romana, la patria potestas, "el poder de los padres".

"No es casual que Roma haya sido definida como una 'ciudad de padres': una ciudad donde los padres no sólo tenían hacia sus hijos el derecho sobre su vida y su muerte, sino que también podían organizar bajo esta potestad todas las fases de la vida de los hijos hasta que, después de la muerte de los padres, aquéllos se conviertan a su vez en padres de familia, para reproducir y practicar los mismos mecanismos de poder a los que anteriormente habían estado sometidos" 
(Giovanni Levi y Jean-Claude Schmitt. Historia de los Jóvenes. Taurus, España, 1996)

La situación de las mujeres era diferente; no estaban clasificadas por su edad, sino por su condición física o social. Ellas eran físicamente virgines antes del matriomonio, socialmente uxores después del mismo, y matronae cuando tenían hijos.

En el caso de los jóvenes hombres, ritualmente el inicio de la juventud coincidía con la toma de la toga viril y el término de la misma, en el caso de los jóvenes de clase alta, cuando comienzan a hacerse cargo de las primeras magistraturas, entrando en el mundo de los adultos.

Desde la toma de la toga viril para los jóvenes romanos comenzaba el Tirocinio (tirocinium), una especie de aprendizaje de la vida de los adultos. En su origen el Tirocinio era fundamentalmente un aprendizaje de tipo militar y posteriormente se extendió a la retórica y a la política.

Durante el Tirocinio se destacaban las cualidades de los iuvenes tales como el coraje, la arrogancia e incluso la ferocidad, todas estas cualidades se denominaban con el término griego ferocitas, sin embargo, el ejército romano era gobernado por férreas reglas de disciplina, las que eran más importantes que la ferocitas. Incluso si algunos jóvenes demostraban que no anteponían la disciplina a la ferocitas, eran considerados peligrosos o insubordinados.

A diferencia de la antigua Grecia, en Roma la relación entre los jóvenes y los ancianos era ambigua. Por una parte, se encontraba el Senado, constituido como asamblea exclusiva de ancianos y órgano destinado a ayudar a gobernar al joven Rómulo, y por otra, el mismo Rómulo creó su propia guardia personal formada por un exclusivo grupo de jóvenes, éstos eran los celeres, es decir, los más veloces.

La existencia de los celeres contribuyó a definir como tiránico el último período de Rómulo, el que se opuso abiertamente a la asamblea de ancianos, desoyéndolos y no siguiendo sus consejos. A la muerte de Rómulo no sólo los celeres quedaron atónitos y mudos, sino la romana pubes completa (todos los jóvenes romanos), más aún cuando una de las versiones señala que Rómulo fue asesinado por los propios patres, haciendo pedazos su cadáver, el que nunca fue encontrado.

Posteriormente, bajo el Imperio, Roma contó con diversas organizaciones juveniles de carácter territorial vinculadas a las regiones y distritos en que se dividía la ciudad.

Fue idea de Octavio Augusto la creación de estas asociaciones de iuvenes, a partir del modelo griego de los efebos y de los neoi. Su objetivo principal era la preparación militar. Este tipo de organizaciones era fomentada por la autoridad política, creándose incluso el cargo de praefectus iuventutis (prefecto de la juventud).

Estas organizaciones participaban activamente en los Iussus Iuvenum ("espectáculos juveniles"), los cuales eran preparados anualmente por las organizaciones juveniles en varios lugares de la península Itálica, protagonizando competencias de todo tipo.

En el plano político, los jóvenes participaban activamente a través de organizaciones, como lo demuestran los manifiestos electorales de Pompeya donde los jóvenes hacían propaganda a favor de algún candidato a la suprema magistratura de la ciudad. Estos candidatos, apoyados por los jóvenes se destacaban por ser dignos, honrados y... jóvenes, con lo cual queda demostrada la solidaridad generacional.

Fuente. Mario Sandoval M. (2002). Jóvenes del siglo XXI: Sujetos y actores de una sociedad en cambio.

abril 12, 2013

Los jóvenes en la Grecia antigua


Muchos autores consideran a Grecia como la cuna de la civilización occidental actual, es por eso que es importante conocer la situación de los jóvenes en su seno. La presencia de jóvenes en la antigua Grecia estuvo ligada a distintas actividades sociales, culturales y deportivas, todas ellas desarrolladas y articuladas en torno a la ciudad y la
paideia. Como lo señala Alain Schnapp "la columna vertebral de la vida en sociedad era la paideia".

La paideia no solo tenía como objetivo adaptar a los ciudadanos a la ciudad, sino que particularmente contribuía a revelar las cualidades humanas que se encontraban en las personas, cualidades que había que descubrir a través de ciertos entrenamientos y sin lugar a dudas los jóvenes ocupaban un lugar privilegiado en ellos.

La paideia tenía como objetivo establecer solidaridades entre los jóvenes, modelándolos como ciudadanos de pleno derecho, capaces de emitir juicios sin confundir las causas con los efectos, por lo tanto, la paideia era ante todo el arte de vivir en la ciudad.

Los ejercicios en los que participaban los jóvenes eran de formación militar, de una formación especializada como el oficio de carpintero o la gimnasia. Respecto de esto último, llama la atención el culto al cuerpo joven y hermoso en la antigua Grecia. A través de la iconografía de jarrones, diversos tipos de platos y otras obras de arte, es posible advertir un ensalsamiento de los cuerpos jóvenes cultivados y exhibidos sin pudor.

En esta línea se destacan los hómoioi y los kleinói; estos eran jóvenes entrenados para ser los mejores guerreros griegos. Lo anterior se daba en el contexto de una organización social que exaltaba los valores militares y la afirmación de las cualidades físicas de la clase dirigente.

En la formación de estos jóvenes ocupaban un lugar central los maestros de mayor edad, los ancianos, estableciéndose una estrecha relación entre ambos, relación que Schnapp denomina como una "relación homosexual educativa". Esta relación estaba a tal punto institucionalizada que incluso se ratificaba con un rito que imitaba al matrimonio.

Lo anterior recibía el nombre de pederastia. Para algunos autores como Müller la pederastia, es decir, la relación entre el erasta con el erómeno no constituía ninguna desviación de las instituciones educativas, sino que más bien, era el pedestal de la paideia. "Aunque la homosexualidad era una práctica corriente en la Grecia clásica, sólo los Dorios la consideraban la relación íntima más estrecha posible entre dos camaradas del mismo sexo".

El panorama clásico de la educación cretense orientada a los jóvenes ha llamado la atención de muchos autores, ya que revela un sistema educativo en que era determinante el papel jugado por distintos etáreos. En el caso de los niños, éstos constituían una microsociedad sumisa, sometida al mundo adulto bajo sus reglas particulares.

En el caso de los jóvenes, éstos formaban grupos a cargo de un jefe y su régimen educativo contemplaba actividades de caza, carreras y simulación de combate; ejercicios que pretendían destacar sus aptitudes individuales y colectivas. La siguiente cita de Schnapp deja clara la situación:
"En lo tocante a las relaciones amorosas, los cretenses tenían una costumbre muy particular. Los amantes no conquistaban por la persuasión a quienes perseguían con sus asiduidades, sino mediante el rapto 'con anuencia'. El amante anunciaba con tres días de antelación como mucho a los amigos del amado que tenía la intención de llevar a cabo el rapto. Esconder el adolescente al amante que le deseaba, a no dejarle seguir adelante por el camino previsto para el rapto, sería por parte de ellos el mayor de los insultos, ya que ello significaría a los ojos de los demás que no era digno de pertenecer a un amante de tanta alcurnia. Se reunían y, si comprobaba que el raptor era igual o superior al adolescente en todos los aspectos, y en particular en cuanto al rango, le perseguían y se le quitaban, pero con toda suavidad, y solamente para cumplir con la costumbre, y luego se le confiaban con todo placer, para que pudiera llevárselo consigo definitivamente. Si, por el contrario, les parecía que el enamorado no tenía rango suficiente, eran ellos los que raptaban al muchacho, y de veras. De todos modos, la persecución cesaba cuando el raptor había logrado llevar al jovencito a su andría. Juzgaban digno de ser amado, no sólo al muchacho más hermoso, sino al que se distinguía por su valentía y su corrección. Tras haber deseado la bienvenida y entregado sus regalos, el enamorado se le llevaba fuera de la comarca, al lugar que más le placía. Todos los que habían asistido al rapto le acompañaban tras festejarlo en su casa y cazar con él, durante dos meses -la ley no permitía retener por más tiempo al adolescente-, y regresaban a la ciudad. Dejaban entonces marchar al muchacho, que como presentes recibía un equipo militar, un buey y una capa -eran los regalos prescritos por la ley- y, además, naturalmente, otros muchos obsequios valiosos, de modo que los amigos del amante solían contribuir para aliviarle el enorme gasto. Por su parte, el adolescente hacía un sacrificio a Zeus y convidaba a comer a quienes le habían ido a buscar a su regreso. Luego, realizaba una declaración pública acerca del trato que había tenido con su amante, y manifestaba si había quedado satisfecho o no, ya que la ley estipulaba que si había sido víctima de violencias en el transcurso del rapto tenía derecho en esa circunstancia a solicitar reparación, y a quedar fuera del poder del raptor. Por otro lado, para un adolescente hermoso y de ilustre ascendencia, el no encontrar un amante era una marca de infamia, porque ello se atribuía a algún defecto. Por el contrario, a los parastátes (nombre que recibían los que a quienes fueron raptados) les esperaban honores: se les cedían los asientos de más categoría en los lugares públicos y los estadios y, tenían el derecho de distinguirse de los demás adornándose  con la vestimenta que su amante les había regalado. Ese derecho no se limitaba a la época de la adolescencia, ya que una vez llegados a la edad adulta seguían llevando ropa particular, para que se supiera que en su tiempo habían sido kléinos, término con que entre ellos se designaba al erómeno, mientras que el amante se le llamaba filetor".
Al analizar la vida de los jóvenes en la antigua Grecia, pareciera que ésta era una sociedad de hombres, es decir, un sistema social que exaltaba los valores masculinos, aunque con una aceptación y valoración de la homosexualidad; mientras que las mujeres jóvenes permanecían recluidas en un segundo plano.

Sin embargo, también se advertía de la presencia de mujeres jóvenes. A diferencia de los hombres, éstas se destacaban por ser poetisas, músicas, bailarinas y, en algunos casos, nadadoras y hasta gimnastas. Dentro de todas estas actividades femeninas, la más valorada era la danza; ser una buena bailarina era signo de buena educación.

Había una clara distinción de roles sexuales en las actividades desarrolladas, los hombres: destreza física, fuerza, valentía (lo que no los eximía de ser homosexuales); en cambio las mujeres: gracia, suavidad, arte. Cada sexo en su especialidad, sin traspasar las fronteras.

Fuera cual fuera el sexo de cada uno, los jóvenes ocuparon un lugar importante en la antigua Grecia, como lo señala Schnapp: "La figuración de los jóvenes de ambos sexos pasó de la periferia al centro; de la periferia, de los bosques y las colinas, a las pistas apisonadas de los estadios: trabajo de interioridad que sabía llevar a cabo una economía del paisaje para decir que la ciudad es civil".

Fuente. Mario Sandoval M. (2002).Jóvenes del siglo XXI: Sujetos y actores de una sociedad en cambio.