abril 26, 2013

Los jóvenes en la Edad Media


La Edad Media es el período de la historia europea, que transcurre desde la desintegración del Imperio Romano de Occidente (siglo V) hasta el siglo XV. No obstante, las fechas anteriores no han de ser tomadas como referencias fijas, ya que nunca ha existido una brusca ruptura en el desarrollo cultural del continente. Al parecer el término lo empleó por primera vez el historiador Flavio Biondo de Forli, en su obra
Historiarum ab inclinatione romanorum imperii decades (Décadas de historia desde la decadencia del Imperio Romano), publicada en 1438 aunque fue escrita treinta años antes.

El concepto implicó en su origen una parálisis del progreso, considerando que la Edad Media fue un período de estancamiento cultural, ubicado cronológicamente entre la gloria de la Antigüedad clásica y el Renacimiento.

Durante la Edad Media la única institución europea con carácter universal fue la Iglesia católica, pero incluso en ella se había producido una fragmentación de la autoridad. Todo el poder en el seno de la jerarquía eclesiástica estaba en manos de los obispos de cada región. El Papa tenía una cierta preeminencia basada en el hecho de ser sucesor de Pedro, primer obispo de Roma, a quien Cristo le había otorgado la máxima autoridad eclesiástica. No obstante, la elaborada maquinaria del gobierno eclesiástico y la idea de una Iglesia católica encabezada por el Papa no se desarrollarían hasta pasado 500 años.

La Iglesia católica se veía a sí misma como una comunidad espiritual de creyentes cristianos, exiliados del Reino de Dios, que aguardaba en un mundo hostil el día de la salvación. Los miembros más destacados de esta comunidad se hallaban en los monasterios, diseminados por toda Europa y alejados de la jerarquía eclesiástica.

En este oscuro, difícil y complejo contexto sociocultural, el conocimiento que se tiene de los jóvenes viene dado principalmente por la literatura, sin embargo cabe señalar que en los relatos literarios se encuentra sólo una semblanza de cierto tipo de jóvenes: valerosos, intrépidos, hermosos, ricos y nobles. De los jóvenes pobres, campesinos, desarraigados, sin poder ni riqueza es muy poco lo que se sabe, porque muy poco se escribió sobre ellos.

A pesar de esto, los relatos que permiten hacerse una idea aproximada de un cierto tipo de joven que, por los valores que defendía y sustentaba, jugaba un rol de demostración para el resto de los jóvenes de la época. Nos referimos a los jóvenes ligados a las órdenes de caballería, a jóvenes como Lancelot o Tristán. La historia de personajes como ellos es la historia de héroes valientes, enamorados, dispuestos a todo.

Entre los siglos XI y XVI lo que domina en la literatura europea, vinculada al amor y a las proezas es la caballería y la courtoisie, vocablo francés que podría ser traducido por cortesía, aunque su sentido original es más amplio y no tiene una traducción exacta.

Ser joven en la época y pertenecer a determinada clase social implicaba necesariamente ser caballero, portar armas, defender el honor, participar en batallas, defender al Rey, luchar por la persona amada y ofrendar la vida como máxima prueba de courtoisie. Ser chevalier (caballero) era considerado un honor, un privilegio que sólo algunos merecían y por el cual había que luchar y demostrar que se era capaz de serlo.

Esta realidad, que en muchos casos raya en la mitología, recorrió prácticamente toda Europa. Es así como encontramos a los "Caballeros de la Mesa Redonda" en Inglaterra o a los "Caballeros del Grial" en Francia.

Otro concepto usado para referirse a los jóvenes era el de bacheler (aspirante). El rol de un bacheler era combatir al servicio de un señor; por lo general tenían entre 15 y 30 años. A estos jóvenes guerreros les correspondía una estética específica. Ellos eran siempre jóvenes hermosos, elegantemente vestidos, amantes de las aventuras, del peligro y de la violencia, la cual era ensalzada como una virtud necesaria.

Las motivaciones de los caballeros eran de orden geopolítico, pero principalmente de orden amoroso. Los caballeros luchaban por sus damas, las que normalmente eran mujeres casadas y ricas. "El enamorado se convertía en vasallo de la dama amada, y esa dependencia consentida le permitía tener acceso a los valores de la courtoisie" (Christiane Marchello-Nizia. Caballería y Courtoisie, 1996).

Cabe señalar tres aspectos interesantes de la vida de estos jóvenes en la Edad Media. Uno se refiere al verdadero culto a la muerte. Morir dignamente era considerado un valor, incluso se deseaba. El joven caballero no se debía a sí mismo sino a su Rey o a su amada y por ambos podía dar la vida. "El destino del joven -esto es, en el plano simbólico, su función esencial- era morir, de manera ejemplar y si era posible estética, en beneficio de la institución" (Christiane Marchello-Nizia, Op. Cit.).

Lo segundo está referido a la relación filial con los tíos. Estos eran los encargados de iniciar a los jóvenes en las órdenes de caballería. Algunos cantares de gesta de la época relatan incluso que estos tíos eran verdaderamente "padres-tíos" es decir, eran hijos de una relación incestuosa entre hermanos. Los tíos se encargaban de preparar a los jóvenes para las batallas, de dotarlos de las armas y pertrechos necesarios, pero también los podían matar si lo estimaban necesario.

En tercer lugar no deja de llamar la atención la relación amorosa con las amadas. Recordemos que todas ellas eran mujeres casadas, es decir, eran esposas de su señor. Por lo tanto, los jóvenes mantenían una relación doblemente amorosa, bisexual si se quiere. Dado que lo principal era servir a su señor, éste permitía la relación extramarital de su esposa con tal que el joven también y al mismo tiempo mantuviera relaciones con él. De alguna manera se reproducen las relaciones homosexuales entre jóvenes y maestros de la antigua Grecia.

En la Italia medieval la presencia de jóvenes y su relación con el conjunto de la sociedad no fue fácil. En este caso, lo que se conoce sobre el tema viene dado por la literatura, por los edictos municipales que prohibían tales o cuales conductas consideradas impropias y/o por las sentencias judiciales en las cuales la mayoría de las veces eran jóvenes los involucrados.

Pareciera ser que la conducta juvenil ha generado tensiones con el conjunto de la sociedad desde muy antiguo, es así como L. B. Alberti plantea que "la juventud ha de ser naturalmente ordenada". En este caso el concepto "ordenada" se refiere al control externo que deben ejercer los adultos sobre el mundo juvenil, ya que éstos eran considerados licenciosos, violentos, lascivos y peligrosos, por lo tanto, se imponían la idea de restringir, moderar y gobernar a la juventud.

"La juventud era el tiempo de los apetitos y de los excesos" nos señala E. Crouzet-Pavan. Para los adultos de la época, durante la juventud se manifestaba la debilidad del alma y de la razón, en consecuencia, los jóvenes se entregaban al mal, al goce sin freno, a la lujuria y a la violencia. Entonces, según San Bernardino de Siena, era necesario "administrarles" esa etapa de la vida a los seres humanos; controlarlos, mantenerlos a raya, reprimirlos y/o excluirlos, con el fin de mantener el statu quo y orden social impuesto.

Pero, ¿quiénes eran jóvenes?, ¿de qué etapa de la vida estamos hablando? En el caso de la Italia medieval, la infantia se acababa a los 7 años y a partir de ese momento empezaba la pueritia, la que iba de los 8 a los 13 años; a partir de los 14 y hasta los 21 años se vivía la adolescentia y solo a partir de los 21 años comenzaba la juventud, sin precisar cuando terminaba.

Estos jóvenes eran los giovani, estigmatizados como irresponsables, viciosos, rebeldes, irónicos, gozadores, a tal punto que San Bernardino de Siena consideraba que el final de los desórdenes, las debilidades y las tentaciones se producía a los 40 años. Cabe recordar que siempre se refiere a un determinado tipo de jóvenes; estos son los jóvenes de la burguesía y de la aristocracia urbana, una élite de la época, pero que marcó una tendencia a la juventud de la Edad Media en general.

Tal vez un indicador del término del período juvenil esté relacionado con el trabajo, en este sentido el giovani seguía siéndolo mientras su padre viviera y dependiera económicamente de él. Sin embargo no bastaba la muerte del padre para obtener el status de adulto, había que demostrar determinada madurez, porque si el padre fallecía prematuramente "los hijos vivían aún con mayores excesos los desmanes de la juventud" (Elisabeth Crouzet-Pavan. Una flor del Mal: Los jóvenes en Italia medieval, 1996).

Dadas estas ambigüedades, es difícil definir con precisión la juventud, puesto que las diferentes definiciones socioeconómicas no logran delimitarla con exactitud. En este contexto los giovani representaban una categoría de edad: hombres jóvenes, los que desde la adolescentia hasta la tardía edad de la razón podían comportarse como juvenes.

De esta manera, aparece otro concepto ligado a la juventud, el de juvenes. Más que una categoría biológica ésta es una categoría normativa que sanciona las conductas de los jóvenes de la época. Como señala E. Crouzet-Pavan, el juvenis al igual que las mujeres, era motivo y objeto de miedo. Ambos grupos eran considerados un obstáculo para la paz y la salvación de la sociedad cristiana.

En sus prédicas, San Bernardino de Siena las citaba reiteradamente, interpelándolas a desarrollar comportamientos adecuados, puesto que se consideraba que sus conductas eran licenciosas, poco recatadas, ya que los juvenes participaban asiduamente en fiestas, carnavales, justas, bailes y diversiones, ostentando riqueza, derroche y lujuria.

Por su parte, el predicador Savonarola apuntaba en la misma dirección al considerar a los juvenes y a las mujeres como "pecadores" y "obstinados", que debían reformarse, dado que en sus fiestas daban rienda suelta a sus apetitos sexuales y vicios de todo tipo.

Lo anterior llevó a las autoridades de la época a dictar una frondosa legislación que sancionaba las conductas juveniles. Así, proliferaron decretos y edictos municipales que prohibían la ostentación, el lujo, el uso de joyas, el despilfarro, etc. Otro asunto es que los jóvenes obedecieran tales edictos.

La sociedad adulta de la época, representada principalmente por la Iglesia católica y los Consejos, definían la paz de la ciudad como la práctica del orden de Dios, por lo tanto, las conductas juveniles atentaban contra ese orden divino y constituían una "abominación para Dios y para el mundo" (Elisabeth Crouzet-Pavan. Op. Cit.).

Frente a esta estigmatización, la respuesta de los jóvenes no se hacía esperar. La violencia contra las fuerzas del orden se consideraba una proeza viril. Las reglas del honor exigían que los giovani lucharan cuando algo se les prohibía o cuando se les exigía someterse a determinado dictamen que consideraban injusto.

Para esto, los jóvenes se organizaban en pandillas (al igual que hoy), desarrollando actos de violencia callejeras contra el orden establecido o muchas veces como acto de provocación hacia el mundo adulto. La base de sustentación de las pandillas estaba dada por relaciones de solidaridad generacional, por vecindario o por relaciones semiprofesionales.

Cabe señalar que estas acciones de violencia no sólo se ejercían en contra de determinados poderes civiles o eclesiales, sino que frecuentemente se ejercían entre ellos mismos, entre pandillas, entre cofradías, entre grupos de caballeros, desarrollando una verdadera institución italiana que existe hasta hoy: la vendetta.

En general, la imagen que se da a los jóvenes de la época medieval es negativa y en permanente confrontación con el mundo adulto e institucional, ante lo cual las autoridades civiles y eclesiales no encontraron mejor forma de relacionarse con ellos que a través de la represión y la exclusión.

Al igual que en la literatura, en la iconografía de la época los jóvenes representados eran fundamentalmente jóvenes ricos, nobles y aristócratas y aún ellos ocupaban lugares secundarios en las imágenes; siempre en la periferia o en segundo plano. Cuando aparece algún joven campesino o de clase popular siempre está representado de menor talla, con el fin de demostrar su baja posición social (no su menor edad).

Sin embargo, los jóvenes que más aparecen en las imágenes medievales no son patricios, príncipes o caballeros, sino jóvenes vinculados a relatos bíblicos: jóvenes modelos, perfectos, santos y ángeles. Jóvenes como José, David, Daniel, Saúl, Adán, etc.

Los artistas medievales crearon un verdadero mito del cuerpo joven representado en sus creaciones. "un cuerpo joven era un cuerpo bello, claro, liso, fresco, sano, risueño, delgado, vivo y suelto", pero siempre representado estereotipadamente, estático, poco diversificado; a diferencia de los relatos literarios que nos muestran a jóvenes belicosos, violentos y transgresores.

En la literatura medieval la juventud aparece como turbulenta, alborotada y peligrosa. "No podía estarse quieta, no respetaba nada y transgredía el orden social y moral. Los jóvenes despreciaban los valores establecidos y a las personas de edad, de las que decían que 'chocheaban'. Eran presuntuosos y pendencieros, se creían que lo sabían todo, se entregaban a locuras de toda laya, realizaban dispendios sin cuento y vivían en lujuria y pecado. Era preciso darles una buena lección, rebajar su orgullo, hacerles trabajar con su cuerpo en actividades útiles, enseñarles a despreciar la vida y, sobre todo, casarlos todavía jóvenes para evitar la fornicación y el adulterio" (J. Rossiaud. Prostitution, jeunesse et societé au XVe siècle, 1976).

Como fue dicho anteriormente, con este panorama de la juventud, la respuesta adulta e institucional no fue otra que la represión, el castigo y la exclusión de los jóvenes.

Fuente. Mario Sandoval M. (2002). Jóvenes del siglo XXI: Sujetos y actores de una sociedad en cambio.

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