abril 12, 2013

Los jóvenes en la Grecia antigua


Muchos autores consideran a Grecia como la cuna de la civilización occidental actual, es por eso que es importante conocer la situación de los jóvenes en su seno. La presencia de jóvenes en la antigua Grecia estuvo ligada a distintas actividades sociales, culturales y deportivas, todas ellas desarrolladas y articuladas en torno a la ciudad y la
paideia. Como lo señala Alain Schnapp "la columna vertebral de la vida en sociedad era la paideia".

La paideia no solo tenía como objetivo adaptar a los ciudadanos a la ciudad, sino que particularmente contribuía a revelar las cualidades humanas que se encontraban en las personas, cualidades que había que descubrir a través de ciertos entrenamientos y sin lugar a dudas los jóvenes ocupaban un lugar privilegiado en ellos.

La paideia tenía como objetivo establecer solidaridades entre los jóvenes, modelándolos como ciudadanos de pleno derecho, capaces de emitir juicios sin confundir las causas con los efectos, por lo tanto, la paideia era ante todo el arte de vivir en la ciudad.

Los ejercicios en los que participaban los jóvenes eran de formación militar, de una formación especializada como el oficio de carpintero o la gimnasia. Respecto de esto último, llama la atención el culto al cuerpo joven y hermoso en la antigua Grecia. A través de la iconografía de jarrones, diversos tipos de platos y otras obras de arte, es posible advertir un ensalsamiento de los cuerpos jóvenes cultivados y exhibidos sin pudor.

En esta línea se destacan los hómoioi y los kleinói; estos eran jóvenes entrenados para ser los mejores guerreros griegos. Lo anterior se daba en el contexto de una organización social que exaltaba los valores militares y la afirmación de las cualidades físicas de la clase dirigente.

En la formación de estos jóvenes ocupaban un lugar central los maestros de mayor edad, los ancianos, estableciéndose una estrecha relación entre ambos, relación que Schnapp denomina como una "relación homosexual educativa". Esta relación estaba a tal punto institucionalizada que incluso se ratificaba con un rito que imitaba al matrimonio.

Lo anterior recibía el nombre de pederastia. Para algunos autores como Müller la pederastia, es decir, la relación entre el erasta con el erómeno no constituía ninguna desviación de las instituciones educativas, sino que más bien, era el pedestal de la paideia. "Aunque la homosexualidad era una práctica corriente en la Grecia clásica, sólo los Dorios la consideraban la relación íntima más estrecha posible entre dos camaradas del mismo sexo".

El panorama clásico de la educación cretense orientada a los jóvenes ha llamado la atención de muchos autores, ya que revela un sistema educativo en que era determinante el papel jugado por distintos etáreos. En el caso de los niños, éstos constituían una microsociedad sumisa, sometida al mundo adulto bajo sus reglas particulares.

En el caso de los jóvenes, éstos formaban grupos a cargo de un jefe y su régimen educativo contemplaba actividades de caza, carreras y simulación de combate; ejercicios que pretendían destacar sus aptitudes individuales y colectivas. La siguiente cita de Schnapp deja clara la situación:
"En lo tocante a las relaciones amorosas, los cretenses tenían una costumbre muy particular. Los amantes no conquistaban por la persuasión a quienes perseguían con sus asiduidades, sino mediante el rapto 'con anuencia'. El amante anunciaba con tres días de antelación como mucho a los amigos del amado que tenía la intención de llevar a cabo el rapto. Esconder el adolescente al amante que le deseaba, a no dejarle seguir adelante por el camino previsto para el rapto, sería por parte de ellos el mayor de los insultos, ya que ello significaría a los ojos de los demás que no era digno de pertenecer a un amante de tanta alcurnia. Se reunían y, si comprobaba que el raptor era igual o superior al adolescente en todos los aspectos, y en particular en cuanto al rango, le perseguían y se le quitaban, pero con toda suavidad, y solamente para cumplir con la costumbre, y luego se le confiaban con todo placer, para que pudiera llevárselo consigo definitivamente. Si, por el contrario, les parecía que el enamorado no tenía rango suficiente, eran ellos los que raptaban al muchacho, y de veras. De todos modos, la persecución cesaba cuando el raptor había logrado llevar al jovencito a su andría. Juzgaban digno de ser amado, no sólo al muchacho más hermoso, sino al que se distinguía por su valentía y su corrección. Tras haber deseado la bienvenida y entregado sus regalos, el enamorado se le llevaba fuera de la comarca, al lugar que más le placía. Todos los que habían asistido al rapto le acompañaban tras festejarlo en su casa y cazar con él, durante dos meses -la ley no permitía retener por más tiempo al adolescente-, y regresaban a la ciudad. Dejaban entonces marchar al muchacho, que como presentes recibía un equipo militar, un buey y una capa -eran los regalos prescritos por la ley- y, además, naturalmente, otros muchos obsequios valiosos, de modo que los amigos del amante solían contribuir para aliviarle el enorme gasto. Por su parte, el adolescente hacía un sacrificio a Zeus y convidaba a comer a quienes le habían ido a buscar a su regreso. Luego, realizaba una declaración pública acerca del trato que había tenido con su amante, y manifestaba si había quedado satisfecho o no, ya que la ley estipulaba que si había sido víctima de violencias en el transcurso del rapto tenía derecho en esa circunstancia a solicitar reparación, y a quedar fuera del poder del raptor. Por otro lado, para un adolescente hermoso y de ilustre ascendencia, el no encontrar un amante era una marca de infamia, porque ello se atribuía a algún defecto. Por el contrario, a los parastátes (nombre que recibían los que a quienes fueron raptados) les esperaban honores: se les cedían los asientos de más categoría en los lugares públicos y los estadios y, tenían el derecho de distinguirse de los demás adornándose  con la vestimenta que su amante les había regalado. Ese derecho no se limitaba a la época de la adolescencia, ya que una vez llegados a la edad adulta seguían llevando ropa particular, para que se supiera que en su tiempo habían sido kléinos, término con que entre ellos se designaba al erómeno, mientras que el amante se le llamaba filetor".
Al analizar la vida de los jóvenes en la antigua Grecia, pareciera que ésta era una sociedad de hombres, es decir, un sistema social que exaltaba los valores masculinos, aunque con una aceptación y valoración de la homosexualidad; mientras que las mujeres jóvenes permanecían recluidas en un segundo plano.

Sin embargo, también se advertía de la presencia de mujeres jóvenes. A diferencia de los hombres, éstas se destacaban por ser poetisas, músicas, bailarinas y, en algunos casos, nadadoras y hasta gimnastas. Dentro de todas estas actividades femeninas, la más valorada era la danza; ser una buena bailarina era signo de buena educación.

Había una clara distinción de roles sexuales en las actividades desarrolladas, los hombres: destreza física, fuerza, valentía (lo que no los eximía de ser homosexuales); en cambio las mujeres: gracia, suavidad, arte. Cada sexo en su especialidad, sin traspasar las fronteras.

Fuera cual fuera el sexo de cada uno, los jóvenes ocuparon un lugar importante en la antigua Grecia, como lo señala Schnapp: "La figuración de los jóvenes de ambos sexos pasó de la periferia al centro; de la periferia, de los bosques y las colinas, a las pistas apisonadas de los estadios: trabajo de interioridad que sabía llevar a cabo una economía del paisaje para decir que la ciudad es civil".

Fuente. Mario Sandoval M. (2002).Jóvenes del siglo XXI: Sujetos y actores de una sociedad en cambio.

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