noviembre 25, 2012

Sergio Villalobos - Diego de Almagro

Dentro de la discusión producida por el proyecto de la Cámara de Diputados que propone fijar el día del descubrimiento del Estrecho de Magallanes como hito de la fundación de Chile, se critica el desconocimiento de la historia y la falta de perspectiva que tienen esta y otras propuestas, que olvidan la trascendencia del viaje de Alamgro a Chile en 1536.

La historia, para ser realmente comprensible, tiene que ser estudiada en sus grandes unidades temáticas, como pueden ser el trayecto de una civilización o de un país. Sólo de esa manera se puede captar el sentido esencial de los hechos, dejando de lado aspectos aislados, circunstanciales o simplemente anecdóticos.

Una de esas unidades es la historia de nuestro país, que debe ser despojada de todo aquello que fue de menor importancia en la formación de la nacionalidad, gente y territorio. Llamar la atención sobre el poblamiento por los paleoamericanos, descendientes de grupos asiáticos que llegaron por el estrecho de Bering, es distraer hacia asuntos secundarios. El hombre de los conchales en el litoral norte, los pehuenches en las cordilleras del sur, los araucanos en su región y otras variedades, explican muy poco de nuestra historia. Son parte de la prehistoria, anterior al dominio de la escritura. Sus pequeñas comunidades, su aislamiento y falta de proyección, influye escasamente en la historia del país.

Se comete, por otra parte, un profundo error al designarlos como descubridores, por desconocimiento de la teoría de la historia, su método y sus enfoques. El descubrimiento es un concepto que nace en Europa, a raíz de la expansión en todo el mundo de la cultura cristiana occidental, la fuerza más importante que ha movido al mundo desde el siglo XV. Por eso el hallazgo de Colón, la colonización del Caribe, la conquista del Perú y, en fin, el descubrimiento de Chile por Almagro, forman un encadenamiento de sucesos que tienen perfecta coherencia.

La historia es una reflexión y no simplemente recuerdos para la memoria, como puede ser el afán de los anticuarios y colectores de anécdotas.

El error y falta de perspectiva se repite en quienes propugnan el descubrimiento de Chile por Magallanes.

Los hechos fueron claros y precisos y deben ser situados dentro del método histórico y no en propósitos regionalistas ni populistas.

No hay duda de que la empresa del célebre portugués se inscribe no tanto en la historia de Chile, como en la mundial y, más concretamente en el propósito mercantil de España de dominar el comercio de las especias producidas en el extremo sureste de Asia.

El paso del Atlántico al Pacífico era esencial y allá fue Magallanes con sus naves movido por la obsesión de un iluminado. El hecho de que permaneciese algún tiempo en el estrecho carece de significado, pues todas las expediciones, en cualquier parte, avanzaban con lentitud y efectuaban reconocimientos. Pero las tierras australes carecían de interés en sí.

Vale la pena recordar, por otra parte, que el estudio del laberinto austral tomó interés sólo tres siglos más tarde mediante los reconocimientos sistemáticos de Parker King y Fitz Roy, fuera de otras exploraciones de menor monto.

Mientras Magallanes andaba en busca del buen negocio, que al fin le costó la vida en Filipinas, otros exploradores anduvieron por el extremo austral y merodearon por las costas de Chile sin producir ningún efecto. Pedro Sarmiento de Gamboa, por encargo de la corona, funda dos pequeños fuertes en la ribera del estrecho, que terminan miserablemente. La corona, por su parte, nunca vinculó aquellas tierras al reino de Chile, salvo en forma circunstancial.

Solamente después de la Independencia, el Chile maduro que Almagro había contribuido a crear, llevó su atención al territorio austral y todavía puede añadirse que fue el centralismo capitaneado por la capital el que dio vida a la región magallánica con la fundación del fuerte Bulnes en 1843.

Volviendo atrás, acerquémonos a Diego de Almagro, que como capitán de grandes méritos se había destacado en la conquista de Panamá y del Perú junto a Francisco Pizarro. Sus deseos eran tener una propia gobernación y obtuvo para ese efecto una concesión real que abarcaba aproximadamente desde el Cuzco hasta el norte de Chile. Además, se le concedió el título de adelantado que, por tradición, era el encargado de llevar adelante la dominación, sin que le estuviesen señalados límites precisos y con amplias facultades. En la documentación de la época muchos testigos declaran que Almagro salió a "descubrir la tierra de Chile".

Almagro tuvo un conocimiento adecuado del camino y del territorio que se propuso señorear, de modo que nada le resultó imprevisto. Al cruzar la cordillera frente a Copiapó, descubrió el territorio de Chile, tal como lo representa el cuadro de fray Pedro Subercaseaux en la testera del antiguo Congreso Nacional, en Santiago, que según informe de historiadores es de gran fidelidad.

El Adelantado, en ejercicio de sus facultades, reconoció parte importante del territorio. Se estableció en Aconcagua, recorrió la parte central y despachó al sur al capitán Gómez de Alvarado con el propósito de alcanzar el estrecho de Magallanes, un deseo ilusorio por el desconocimiento de las latitudes. Alvarado llegó sólo hasta el río Laja, dio la vuelta y luego toda la expedición regresó al Perú.

Muchas falsedades se han escrito en torno al alejamiento de Chile. Almagro quedó complacido con el país, por su naturaleza y su rendimiento en oro. En la marcha al país recibió 90 mil ó 200 mil pesos del precioso metal y otras sumas se obtuvieron en el territorio mismo. Un testigo informaría al rey que "se descubrieron algunas minas de oro ricas" de las que se sacaron buenas cantidades. Además, existía una numerosa población indígena, que era la mano de obra indispensable para la colonización. Todo indicaba a Almagro que Chile sería un buen lugar de asentamiento.

El motivo para retornar al Perú fue la llegada del obispo Tomás de Berlanga, que debía dirimir en el pleito con Pizarro sobre la posesión del Cuzco, comienzo de la gobernación de Almagro y, por otra parte, habían llegado los originales de las reales cédulas que otorgaban al Adelantado su gobernación. Todavía pesó en el regreso la noticia del levantamiento indígena en el Perú, que moralmente obligaba a acudir a la defensa.

La expedición, a pesar de la dureza y los sufrimientos no había sido un desastre, como recordarían con orgullo varios de sus integrantes en años posteriores. No menos de once regresarían bajo el mando de Valdivia, de modo que el estigma de "los de Chile" no pasó de ser una burla de los pizarristas. Los documentos en que nos basamos fueron publicados hace 117 años y es lamentable que todavía se les desconozca.

La empresa de Almagro y sus hombres tuvo resultados positivos. El país quedó bien conocido y ese fue el antecedente que movió a Valdivia, al cabo de un año a organizar la conquista definitiva de Chile que es el resultado del encadenamiento de los descubrimientos y conquista.

Concluyendo, tal fue el comienzo de nuestra historia, como deben aceptarlo quienes conocen la teoría y el método y, por sobre todo, las fuentes de nuestro pasado.

Artículo de Sergio Villalobos. Premio Nacional de Historia 1992
Suplemento Artes y Letras. El Mercurio, 25 noviembre 2012

septiembre 28, 2012

“Ser sacerdote da la posibilidad de cambiar de rango social”


Pierre Dubois, cura de población, desmenuza el doble estándar de los católicos ricos y de los pastores que los atienden.

Ha dedicado 40 años de su vida a trabajar en las poblaciones, atendiendo al rebaño que descuidan los grupos de elite de la Iglesia. Buena parte de esos años lo ha pasado en La Victoria donde vio morir de un balazo al cura francés André Jarlán durante las protestas contra la dictadura . Pero ni eso lo hizo repensar su misión. Hoy vive en la José María Caro, aquejado de Parkinson, manteniendo inalterables sus convicciones. Dice que los pobres tienen que organizarse y que la iglesia debe estar con ellos. Le parece errado el camino de sus colegas del Opus Dei y de la Legión de Cristo. Y piensa que el empresariado católico asistencialista, no entiende nada sobre el cristianismo y que el triunfo de Piñera sería muy dañino para los trabajadores.

Da la sensación que para un poderoso sector de la Iglesia no es prioritario estar con los pobres, que le es más interesante pastorear a los ricos. ¿Qué piensa usted?

-Efectivamente en la Iglesia hay muchos que no están comprometidos con los pobres. Siento que hay mucha gente en la Iglesia que no se interesa por el trabajo y me parece preocupante que no hayan descubierto que la pobreza es el fruto de la explotación del trabajo.

¿De qué andan preocupados entonces?

-De la limosna, de la caridad, de la donación. Para poner todo en un mismo ejemplo, están más preocupados del Hogar de Cristo que del sindicato del Padre Hurtado.

¿Qué le parece la preferencia por el alma del rico que tienen congregaciones como el Opus Dei o la Legión de Cristo?

-Esa una opción anticuada. Antiguamente se estaba convencido de que el pueblo sería bueno sólo si los reyes lo eran. Es decir, para cambiar la sociedad había que cambiar a los nobles y los profetas se empeñaban en hablarle a los ricos para que fueran fieles a Dios. Pero a lo largo de la Bíblia hay todo una desilusión respecto de la no conversión de los poderosos. Sólo con el Nuevo Testamento se descubre que el cambio estaba en los pobres. Esto ya pasó en Chile en el siglo XIX, cuando los colegios católicos que se instalaron acá, tenían la función de convertir a las hijas de políticos y ricos porque ellas serían influyentes en el futuro. Y hoy esa es la estrategia del Opus y los Legionarios. Parece que cada generación comete el mismo error.

Pero, ¿qué tiene de malo dedicarse a los ricos?

-Optar por los ricos impide descubrir cuál es el misterio de Cristo: Él era rico y se empobreció para enriquecernos con su pobreza. Tenemos que descubrir que la pobreza enriquece porque nos permite amar. Con los sacerdotes, además, pasa algo mas grave: en la medida que frecuentan a la gente rica y poderosa, adquieren sus mismas manías.

¿Los sacerdotes se mimetizan?

-Exacto, y se transforman en perros que no ladran y no cumplen el papel de alejar a los lobos del rebaño. En el corazón de todo hombre está la ambición del ascenso social y de ser más que los demás y esa pretensión también está presente en la vida religiosa. Para muchos, el hecho de ser sacerdote les da la posibilidad de cambiar de rango social. Alguien que proviene de una familia pobre, que en su vida normal no tiene relaciones importantes, se da cuenta que sólo por el hecho de ser cura tiene roce con altos funcionarios que lo toman más en cuenta.

¿Qué le parece Sebastián Piñera?

-Yo estoy por la clase obrera y quiero que ellos no sean mirados en menos. Por lo tanto, no puedo estar apoyando a gente como Piñera que está en contra de la clase obrera.

¿No le gusta que un empresario quiera ser presidente?

-Es una agravante. Pero la gente pobre tiene ideas simplistas y ellos creen que lo mejor para el país es que el presidente sea rico, porque así no va a robar. Pero se olvidan que la Biblia dice que la riqueza es como el águila, que no se contenta nunca con su altura y quiere seguir subiendo: una persona rica siempre quiere más.

¿Cómo ve a la derecha?

-La derecha es un inmenso rebaño al que hay que convertir. Pero hay que hacerlo desde la pobreza y no desde el Opus Dei.

Usted se la ha jugado por el sindicalismo ¿Cómo ve a estas agrupaciones?

-El sindicalismo es la herramienta que tienen los trabajadores para defenderse de los abusos. Ellos no pueden vivir de la buena voluntad de sus patrones.

En Chile el sidicalismo no prende mucho.

-Claro, las empresas cada vez tienen más razones sociales distintas. Y además, se ve el sindicalismo como una lucha contra otros y no como una lucha a favor de un proyecto común, donde las relaciones laborales sean tan armoniosas que hagan crecer las comunidades. En el sidicalismo las personas adquieren una fuerza moral de hermanos, que junto con la fuerza de presión, son las armas de la lucha obrera en favor de la justicia. Una vez conocí un grupo de secretarias de médicos que trabajaban hasta muy tarde y sus jefes no las mandaban en taxi a sus casas o las obligaban a ir al banco durante la hora de colación. Ellas se agruparon en un sindicato, presionaron a sus jefes y los obligaron a cumplir sus horarios. Lo complicado es que los empresarios no entienden que al compartir, se crean mejores cosas.

¿Qué les interesa?

-La rentabilidad y saben que si el sindicato es fuerte los va a obligar a compartir la torta. La gran enseñanza de los padres de la Iglesia está en la visión comunitaria de los bienes. Ellos establecieron que en caso de necesidad todos los bienes son comunes y eso no es una teoría marxista, sino que son los padres de la Iglesia los que lo dicen.

¿Cómo es eso?

-Uno es dueño de las cosas hasta que otros necesitan de eso. Por ejemplo, si un terremoto destruye todas las casas, salvo la tuya, esa propiedad pasa a ser comunitaria. Imagínate cómo sería el mundo si aquellos empresarios que se dicen cristianos, pero que no hacen comunidad, aprendieran a compartir.

¿Son cristianos doble estándar?

-No, ellos son de un sólo estandar. Ellos simplemente no entienden nada del cristianismo y nunca entendieron lo que eso significa. Su excusa está en el asistencialismo.

¿No basta con donar plata?

-Eso no es cumplir con las exigencias del cristianismo, pero hay que hacerles descubrir que están equivocados, porque compartir con los pobres significa también querer que ellos tengan igualdad.

Más despidos, más utilidades

¿Qué le parece la colusión de las farmacias?

-Que es un ejemplo más de la tendencia de esta sociedad de aprovecharse del más débil. En el antiguo testamento se dice que no se perjudicará al huérfano, a la viuda, al extranjero, porque no pueden defenderse. Hoy, teóricamente, la ley nos defiende, pero normalmente la ley es tan engorrosa que la mayoría de las personas no entiende y termina pagando lo que le piden y sometiéndose a los empresarios.

¿Cómo está afectando la crisis a las poblaciones donde usted trabaja?

-Se han perdido muchos empleos. Y para el pobre estar cesantes es un terremoto. Además muchos creen que los despidos son una decisión arbitraria de los patrones.

Algunos dicen que los despidos son para aumentar las utilidades. ¿Qué piensa usted?

-Coincido con lo que dijo un dirigente del cobre, que aseguraba que las empresas habían ganado plata como nunca, y que estaban despidiendo a sus trabajadores sin estar en crisis. Pienso también que hoy el sistema funciona de tal manera que la compañía que quiere ser justa y pagar lo que corresponde a sus trabajadores corre el riesgo de ser devorada por la competencia. Una persona que suministra trabajadores a una constructora, me decía que en las licitaciones no podía ganarle al que pagaba menos sueldos, al que no daba bonos de colación o no pagaba el desgaste de las herramientas a los trabajadores. Hoy muchas empresas consiguen rentabilidad explotando a los trabajadores, no les interesa buscar la equidad en los sueldos.

Lo curioso es que la gente, hasta ahora, no parece muy disconforme… no hay protestas…

-Bueno es que hay mucho consumismo y eso ha hecho que todos nos endeudemos. Hay todo un sistema empresarial hecho para hacer que las personas se endeuden. Hay una puerta muy grande para entrar a la fiesta del crédito, pero la puerta para salir es muy pequeña. Eso bloquea la posibilidad de tener una buena vida porque trabajamos para pagar las deudas. Y la gente desea el crédito con el secreta esperanza de que en algún momento el sistema los favorecerá. Por eso no le interesa acabar con el sistema, sino que siempre está intentando sacar su parte, como la clase media, que se ha convertido en el valuarte del capital… Creo que un problema es que esta sociedad valora mucho a los endeudados. Al que debe se lo mira como emprendedor. En cambio, el que junta un capital, al que no tiene tarjetas de crédito, se lo considera anticuado.

¿Qué piensa de Macial Maciel, el fundador de los Legionarios, que fue acusado de abuso sexual y de tener una hija?

-Es condenable, pero eso no significa que sea imperdonable, porque en el ser humano todo es posible.

La congregación ha escondido estos hechos y justificado otros.

-Esa no es la mejor ayuda. Pero entiendo que en una familia donde el padre ha cometido abusos sexuales los hijos van a tratar de tapar todo, aunque sólo la verdad es la que nos libra.

Leche por cuadra

¿Cómo recuerda su paso por La Victoria?

-Fueron años terribles, por la crudeza de la represión, y maravillosos porque a través de eso los pobladores descubrieron el uso de la no violencia para protestar. Lo más importante de mi presencia en La Victoria fue organizar la ‘Leche por cuadra’.

¿Qué fue eso?

-Después que murió el padre André Jarlán mucha gente dio plata a La Victoria para que la población la ocupara en cosas que sirvieran a la comunidad. Algunos decían que diéramos becas, pero eso sólo alcanzaría para que unos pocos estudiaran y otros quedaran mirando. Entonces decidimos alimentar mejor a los niños. Compramos leche y se organizaron como 50 cuadras para recibir el alimento.

¿Y eso permitió que los niños fueran más sanos?

-Sí, pero con el tiempo notamos que el cambio en los niños de La Victoria no se produjo sólo por la leche, sino que también por el cambio en la actitud de las madres, que se preocupaban de ellos como comunidad. Pero lo mejor fue el trabajo en grupo, porque la idea no sólo era poner más proteínas en el estómago de un niños, sino que fortalecer el desarrollo comunitario.

¿Ese desarrollo comunitario no se ve en la clase media?

-Es que ahí penetra la falsa ideología de la clase media: piensa que tiene posibilidad de llagar a ser clase alta y que cuando lo logre va a ser feliz. Así se vuelven más ambiciosos y piensan que estando solos tienen más posibilidades de crecer. Pero eso es un error que empobrece a la humanidad.

¿Qué le pasa cuando ve que en La Victoria hoy también están presentes los delincuentes y los narcos?

-Me duele mucho porque eso es el fruto del culto al dinero. La sociedad se ha puesto tan economisista que cree que el camino fácil es vender drogas. Ellos han pervertido la organización comunal de La Victoria y es doloroso ver que algunas familias que tenían otra idea de vida, hoy se han dejado llevar por la droga. Pero los narcos no han logrado quedarse con la organización de la población y eso da una esperanza para La Victoria.

La iglesia tiene curas obreros, pero también riquezas descomunales. En el Vaticano, por ejemplo… ¿No hay un doble estándar en eso?

-Hay que tomar al Vaticano como un museo y los museos son lugares donde se expone cultura y eso tendría que estar al servicio de la cultura popular. Ahora, todos los países tienen museos y la gente no se extraña de eso. pero el problema estuvo cuando la Iglesia se dedicó a acumular riquezas. Es mejor que la Iglesia no sea guardia de museo y que deje la riqueza del arte a otras personas que no tengan que dar el mensaje de la pobreza.

The Clinic (19 abril 2009)

julio 29, 2012

Visiones históricas en torno a la pobreza en Chile


Macarena Ponce de León: Hoy, la segregación es cultural


La urbanización, la educación y el mercado laboral son tres importantes hitos que definen la pobreza del país en el presente siglo. Chile fue una sociedad con un patrón de asentamiento rural hasta muy tarde en el siglo XX, pero tuvo un proceso de urbanización vertiginoso y permanente a partir de 1840. Se trató de una redistribución poblacional hacia la ciudad no siempre regulada y, adicionalmente, tensionada por graves crisis económicas, que terminó generando una pobreza novedosa. La rural es la miseria del aislamiento geográfico, mientras la pobreza urbana tiene relación con una permanente segregación social que explica la enorme desigualdad de oportunidades y la marginación en que se vive la pobreza. Históricamente esta segregación no sólo se reprodujo en el espacio urbano y en las formas de habitación, sino también en la educación y en el mercado laboral. La urbanización generó una sociedad anónima en donde se instalaron masas de pobres allegados, marginados no solo de los servicios urbanos sino también de los vínculos y redes sociales.


La educación fue una forma de integración, como el trabajo, pero a pesar del enorme desarrollo educacional desde mediados del siglo XIX, el sistema segregó al desarrollar una educación primaria popular desvinculada de los niveles superiores y de una educación de élite en liceos y colegios particulares. Esta estructura replicó la pirámide social del país, generó nuevas exclusiones y, aunque la educación se democratizó mediante la cobertura y la enseñanza, hoy día la brecha persiste. En parte, la explicación tiene relación con una estructura laboral sustentada en una fuerza de trabajo no especializada, para la cual la educación, aún durante las primeras décadas del siglo XX, no era un factor de producción. La educación no supuso inmediatamente movilidad social y mejores condiciones de vida. Hoy, la segregación es cultural, profunda, y explica el abismo que nos separa entre unos y otros.


Instituto de Historia UC, su último libro es "Gobernar la pobreza. Prácticas de caridad y beneficencia en la ciudad de Santiago, 1839-1890".


Mario Garcés: Una sociedad fundada en la desigualdad


La pobreza acompaña toda la historia chilena, en la medida en que se trata de una sociedad fundada y estructurada en la desigualdad. Si tuviera que indicar tres hitos o coyunturas críticas en el siglo XX, serían, primero, la larga coyuntura de la "cuestión social" de fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Todos los indicadores relativos a los salarios, la vivienda, las enfermedades (incluidas, las altas tasas de mortalidad) y la "alimentación popular" se hicieron críticos y se expresaron en la "huelga de la carne" o "la semana roja" de octubre de 1905 y los "mítines del hambre" de 1918. Estas movilizaciones prepararon la crisis del régimen oligárquico.


Una segunda coyuntura política es la que sigue a la crisis del 30, que no sólo provocó la caída de Ibáñez, sino que también se expresó en el desempleo y la emigración de los obreros salitreros del norte, la organización de "Ollas para los pobres" y el incremento de los conventillos y luego las "poblaciones callampas", especialmente en Santiago. Esta coyuntura precedió a la formación del Frente Popular, que prometió "Pan, techo y abrigo". Una tercera coyuntura es la crisis recesiva de la economía chilena, de 1982-1984, que elevó el desempleo sobre dos dígitos, llevó a la creación de programas de empleo mínimo (PEM y POJH) desde el Estado y a la multiplicación de "ollas comunes". Esta coyuntura precedió a las movilizaciones de protesta social, en contra de la dictadura, en los años ochenta y preparó el retorno a la democracia en los noventa.


Departamento de Historia, Universidad de Santiago. Su último libro es "El despertar de la sociedad. Los movimientos sociales de América Latina y Chile".


Patricio Bernedo: Desde "la cuestión social", la pobreza interpela a la sociedad


Un hito es la toma de conciencia, por parte de la sociedad, de la existencia de la pobreza como un problema apremiante que nos interpela individual y colectivamente. Esta toma de conciencia se comenzó a desarrollar hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, en el contexto de la denominada "cuestión social". Contribuyeron a ella, entre otros actores, los propios pobres, quienes apoyados por incipientes movimientos de izquierda comenzaron a organizarse y a mostrar a la sociedad su precaria situación. En esta tarea fue fundamental el rol del catolicismo social, que con la Encíclica Rerum Novarum (1891) recibió un fuerte apoyo, que le otorgó una sistematización teológica e institucional a este movimiento, especialmente entre los grupos de la élite. En esta misma línea se enmarcó el trabajo que más tarde desarrolló el Padre Hurtado. Otro hito es la incapacidad endémica del Estado y la sociedad para proveer y garantizar una educación de calidad, acorde a las exigencias que la dinámica del cambio social, político y económico le ha ido demandando. Aunque sí exhibió importantes avances iniciados en el siglo XIX, como la red de liceos y escuelas, y en el XX, con la superación del analfabetismo, ello no fue suficiente para satisfacer las crecientes necesidades que fueron surgiendo. De hecho, cuando hoy Chile evidencia grandes éxitos macroeconómicos, los relativamente bajos niveles de capital humano que nuestra sociedad ha exhibido a lo largo de su historia, claramente han incidido de manera gravitante en los igualmente bajos niveles de productividad, generación de riqueza y acceso a rentas más altas por parte de los sectores más pobres. Un tercer hito, muy vinculado al anterior, se refiere a otra incapacidad del Estado y la sociedad: abordar la precaria situación de los pueblos indígenas. Los niveles de extrema pobreza en que viven los sitúan como los más pobres entre los pobres, condición que se explica en gran medida por la incapacidad de generar políticas sociales eficaces que les permitan acceder a niveles de vida más dignos.


Instituto de Historia UC. Su última publicación, en coautoría es "El proceso económico", en "Historia Contemporánea de Chile".


Marco Antonio León: Los censos comienzan a medir la pobreza en el siglo XIX


La pobreza ha sido entendida históricamente como una condición socioeconómica que ha tratado de ser caracterizada a través de categorías estáticas, que tienden a ignorar o enmascarar la fluidez y la progresión de los procesos por los cuales las personas caen en ella, no sólo una, sino varias veces. Dicha condición ha experimentado cambios a través del tiempo, pero la pobreza que identificamos como tal es la que ha tomado lugar a partir de los siglos XIX y XX, etapa marcada por la ideología liberal y por el desarrollo del capitalismo y que se ha conceptualizado como parte de una "cuestión social".


La definición de pobreza desde el siglo XIX hasta la actualidad se ha establecido a través de criterios cuantitativos y cualitativos que se reflejan en la estadística, perfeccionada institucionalmente a partir de 1843. Desde allí en adelante, los censos de población y el Anuario Estadístico de la República de Chile permitieron tener los primeros acercamientos al analfabetismo del grueso de la población, a la existencia de inquilinos, peones, mineros e indígenas; como también a los trabajadores urbanos y rurales. Otro criterio a considerar es la educación, en especial la primaria, extendida al resto del país desde el gobierno de Manuel Bulnes (1841-1851). Ser pobre muchas veces implicó no tener educación o tener una dirigida sólo al trabajo industrial-urbano, concebida para reproducir un esquema foráneo e insertar a la población en el mercado laboral, pero no como una vía de ascenso social. Por último, las condiciones de vida en la ciudad (vivienda, higiene, salud, alimentación) y el salario, en particular desde el siglo XX (décadas de 1920 y 1930), hicieron ver que el nivel de ingresos era otro criterio definidor de la pobreza en un país cuyos habitantes empezaban a concentrarse en las ciudades.


Departamento de Ciencias Históricas y Sociales, Universidad de Concepción. Su último libro es "La cultura de la muerte en Chiloé".


Joaquín Fermandois: La "invención" de la pobreza


En muchas redes intelectuales tiene hegemonía la impresión de que todo se ha "inventado": familia, Estado, Dios, pecado, el bien y el mal. Poseen ciertos argumentos, aunque siempre se trata de creaciones humanas que persisten a lo largo de la historia, aunque no sin transformaciones. La pobreza es una de ellas. No fue inventada, sino que ha sido la condición general de una mayoría -muchas veces abrumadora- de la humanidad hasta el alba de los tiempos modernos. Desde el 1800 se desarrollaron dos procesos, que conviven: la economía moderna entregó la primera posibilidad de superar la pobreza; y la formación de la opinión pública la fue poniendo en el centro del debate. Lo que parecía natural dejó de serlo. ¿Cómo se dio en Chile? Primero, la pobreza deviene un tema público, desde fines del XIX hasta el Centenario, como "cuestión social". Su trasfondo es un desarrollo económico no despreciable, pero que llegó a ser considerado avaro. El segundo momento sucede desde la reformulación del Estado en los 20, la Gran Depresión de los 30 y el establecimiento del llamado "Estado de Compromiso" hasta 1970. En medio de una creciente participación política, con más sofisticación en el debate, y con un crecimiento económico muy limitado, se desarrolla una gran clase media, pero los grandes bolsones de pobreza permanecen; predomina la frustración. Y viene el tercer estadio, desde mediados de los 70 hasta hoy. No sin grandes quebrantos (1975, 1982) se desarrollan cambios monumentales en la economía política que mejoran la interacción con el mundo y elevan el nivel de vida. Los sectores de la base de la pirámide social ven subir su nivel y posibilidades, pero el foso entre los ingresos máximos y mínimos se eleva, algo típico en los países que toman el impulso para el desarrollo. Más Chile todavía no es desarrollado, y sus costos son fuentes de discusión y confusión. ¿Llegaremos a ese estatus donde los pobres sean una muy pequeña minoría, que ya no esté en el foco del debate, como lo ha estado en los últimos 120 años?


Instituto de Historia UC. Su último libro es "Historia política del cobre. 1945-2008".


María Angélica Illanes: Tres fenómenos en el origen de la pobreza chilena


Más que hitos generadores de pobreza, debemos hablar de un proceso histórico que la genera y consolida. La investigación histórica ha mostrado que en América Latina y Chile el origen de la pobreza se relaciona con un triple fenómeno histórico, paralelo y simultáneo: a) la pérdida de los medios de producción y quiebre del sistema comunitario de producción que sufren los pueblos americanos desde la conquista, proceso que se consolida en la República (siglo XIX) y que continúa hoy; b) la consiguiente proletarización ampliada de la fuerza de trabajo (que hoy día es transversal a todos los segmentos laborales) y su empleo en trabajos poco calificados, mal remunerados y "flexibles" o inestables; c) la concentración de la propiedad y el beneficio en manos de un grupo que, a su vez, ejerce el poder político como vía para la legalización de una economía capitalista de acumulación basada en la concentración de la propiedad y del beneficio socialmente producido. Este triple proceso se puede visualizar a través de algunos sucesos: 1) parcelación y enajenación de los "pueblos de indios" (1830 en adelante) y conquista de las tierras mapuches (siglo XIX), con la consiguiente expulsión de gente a los caminos y pueblos y su proletarización y pauperización en faenas y ciudades; 2) pérdida de los medios de producción del artesanado chileno (siglo XIX en adelante) y quiebra de industrias manufactureras (siglo XX) a partir de la irrestricta apertura a los mercados externos, generando escasez de fuentes laborales, proletarización y empleo precario e inestable; 3) concentración de la propiedad de los medios de producción en un reducido "grupo económico" (siglos XIX al XXI) que concentra el poder financiero, productivo y legislativo, explotando indiscriminadamente los recursos naturales, generando pobreza ampliada y estructural a mediano plazo.


Instituto de Ciencias Sociales, Universidad Austral de Chile. Su último libro es "Cuerpo y sangre en la política. La construcción histórica de las Visitadoras Sociales".

febrero 12, 2012

Camilo Henríquez y la "Aurora de Chile"


Santiago, 13 de febrero de 1812: "Corrían los hombres por la calle con una Aurora en la mano y deteniendo a cuantos encontraban, leían y volvían a leer su contenido, dándose los parabienes de tanta felicidad, y prometiéndose que por este medio, pronto se desterraría la ignorancia y ceguera en que hasta ahora habían vivido..." (Barros Arana, Historia General de Chile, Tomo VIII)

Así describía un cronista el impacto que causó la Aurora de Chile -Periódico Ministerial y Político hace doscientos años, llenando el vacío que resultaba del gran analfabetismo, la limitada vida cultural y la displicencia de las autoridades ante un medio que cuestionaría el orden colonial. Aunque, subrepticiamente, entraban libros censurados, noticias, cartas privadas desde América y Europa, o circulaban manuscritos subversivos como el Catecismo Político Cristiano y la Proclama de Quirino Lemáchez, la imprenta fue una revolución: "Está ya en nuestro poder, el grande, el precioso instrumento de la ilustración universal, la Imprenta. Los sanos principios, el conocimiento de nuestros eternos derechos, las verdades sólidas y útiles van a difundirse entre todas las clases del Estado".

La situación política en los tiempos de la "Aurora"

La invasión de España por Napoleón, en 1808, precipitó el autonomismo americano. En Chile, la aristocracia criolla (hacendados, mineros y comerciantes), se había opuesto, desde el Cabildo de Santiago, a los pilares del poder imperial: la Real Audiencia y el Gobernador. La Junta de Gobierno de 1810, si bien reconoció al rey cautivo, Fernando VII, dio un paso separatista al asumir el mando del país.

A comienzos de 1812, gobernaba en Santiago una junta dominada por José Miguel Carrera; tres asonadas militares a fines de 1811, con apoyo inicial de diputados "exaltados", habían reforzado su poder y disuelto el primer Congreso. Carrera creía llegada la hora de una real independencia, pero su autoritarismo, el cierre del Congreso y la exclusión de los opositores, causaron un grave conflicto con la junta de Concepción. A despecho de esas tensiones, los patriotas habían transformado el gobierno del país: creación de nuevos militares, libertad de comercio, disolución de la Real Audiencia y elección del breve Congreso que inició la abolición de la esclavitud y elaboró planes educacionales. Por el momento, otros frentes insurgentes no permitían al Virrey Fernando de Abascal más que represalias comerciales.

"Un redactor adornado de principios políticos, de religión, talento y demás virtudes..."

En 1810, el jurista Juan Egaña propuso "costear una imprenta para uniformar la opinión pública a los principios de gobierno"; importada de Nueva York, aquella "máquina de civilización" fue instalada en la antigua Universidad de San Felipe, donde se levanta actualmente el Teatro Municipal. En enero de 1812, la Junta nombró redactor a fray Camilo Henríquez. Nacido en Valdivia en 1769, hizo sus estudios y se ordenó en Lima. La Inquisición lo persiguió, probablemente, por estudiar El Contrato Social de Rousseau cuya influencia es patente en sus escritos. Absuelto, y atraído por los sucesos de Chile, regresó a fines de 1810; pronto se distinguió entre los "exaltados". Antes de dirigir la Aurora, había escrito la Proclama de Quirino Lemáchez y pronunciado, el 4 de julio de 1811, el sermón de la misa de apertura del primer Congreso de Chile, afirmando el derecho a una Constitución. Fue, además, diputado suplente de esa asamblea.

"El editor publicará los papeles que se le confiaren bajo el nombre de sus autores"

La Aurora, órgano de gobierno, no sólo publicaba documentos oficiales, sus columnas eran variadas: salud pública, educación, minería, arribo de naves, parlamentos con los araucanos, meteorología, avisos comerciales, etc. Las noticias exteriores, de cartas y periódicos de Buenos Aires, Londres, Cádiz, Baltimore o Lima, tardaban meses, pero abrían el mundo a los asombrados chilenos: guerras entre patriotas y realistas en América, campañas de Napoleón en Rusia, de Wellington en España, debates en las Cortes de Cádiz, etc.

La difusión de ideas políticas racionalistas era primordial. "En esos escritos se sostenía y propagaba la noción del derecho que tenían los pueblos para darse la Constitución más conforme a sus intereses". Los criollos ilustrados sabían del parlamentarismo británico, la independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y de sus textos fundadores: la Declaración de la Independencia, la Constitución de los Estados Unidos, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la Constitución de Francia de 1791. La Aurora esparció ese conocimiento y atacó la monarquía colonial con las ideas de soberanía popular, democracia representativa y separación de poderes; su primer artículo no podía ser más claro: Nociones fundamentales sobre los derechos de los pueblos. Y su último número de abril de 1813, anunciando la invasión del país, enseñaba que en los jurados británicos "el poder judicial está absolutamente fuera de las manos del poder ejecutivo".

Los principios políticos

El gobierno debe ser establecido contractualmente, por consentimiento de los gobernados. La soberanía puede ser delegada en representantes. El Estado debe someterse a una Constitución que separe los poderes equitativamente. Las personas poseen derechos naturales e inalienables -libertad, seguridad, propiedad e igualdad ante la ley- cuya protección es deber del gobierno. La república necesita un cierto grado de virtud pública que sólo se logra con ciudadanos ilustrados. "Se necesita pues un reglamento fundamental; y este reglamento es la Constitución del Estado" (Aurora, n°1).

Estas nociones fortalecían la causa criolla; pero no tenían la connotación actual. El concepto de pueblo, por ejemplo, que hoy incluye a todos los miembros de la sociedad, se refería a los "vecinos", notables con solar y casa propios, a los propietarios de tierra; éstos podían darse un gobierno. La inmensa masa servil no contaba, eran el estado llano, los rotos, la plebe, el bajo pueblo, el populacho; su acceso a la ciudadanía tardaría. Nuestros próceres, si bien querían "desterrar de Chile la pobreza", no se proponían alterar el orden social. Sin embargo, puesto que según la suprema ley natural los hombres nacen iguales, los principios republicanos trascienden todo límite social. Desde su proclamación, han sido enarbolados, apropiados e interpretados a lo largo de la historia política y social chilena. ¿Cómo construir una sociedad libre y democrática? Las columnas de la Aurora abrían, en 1812, este largo debate inconcluso.

"Oh, si la "Aurora de Chile" pudiese contribuir de algún modo a la ilustración de mis compatriotas"

La educación, prioritaria, comprendía dos aspectos: 1) La instrucción básica y técnica para aliviar la miseria y contribuir al progreso (ya en 1795, Manuel de Salas proponía la escuela industrial nocturna). 2) La ilustración, formadora de ciudadanos virtuosos, era una base del nuevo sistema; "el gobierno republicano necesita todo el potencial de la educación" (Montesquieu, El Espíritu de las Leyes); desde esta perspectiva el periódico promovía la fundación del Instituto Nacional.

"La práctica de las ciencias sólidas y el cultivo útil de los talentos es inseparable de la grandeza y felicidad de los Estados. No es el número de los hombres el que constituye el poder de la nación, sino sus fuerzas bien arregladas, y estas provienen de la solidez y profundidad de sus entendimientos... La rudeza de costumbres e ignorancia de las letras no puede remediarse si no interviene el brazo poderoso del gobierno y toma a su cargo los primeros fundamentos de la reforma de las escuelas" (Aurora, n°9).

"Pero no olvidará la Patria que trabajé por ella cuanto estuvo a mi alcance"

En abril de 1813, la Aurora fue reemplazada por el Monitor Araucano, bajo el mismo redactor. Tras el triunfo de Osorio, en octubre de 1814, fray Camilo partió al exilio en Buenos Aires, donde continuó escribiendo. En 1822, llamado por O'Higgins, volvió a proseguir sus labores periodísticas y políticas hasta su muerte, en Santiago, el 16 de marzo de 1825.

"Recibir la imprenta en las manos y hacerla funcionar decorosa y sostenidamente por la vez primera; emplearla con dignidad; hacerla servir a ensueños vinculados al nacimiento de una patria libre, son logros que elevan el nombre de fray Camilo a grande altura en el panorama intelectual de Chile. Niéguesele cuanto se quiera, hágase a su labor literaria toda suerte de reservas. Siempre quedará en pie el modesto editor de la Aurora, diligente divulgador de novedades literarias y políticas, heraldo alerta y vigilante de nuevos tiempos y nuevos deberes" (Raúl Silva Castro, Prensa y periodismo en Chile, 1812-1956). Portavoces de vanguardia, Camilo Henríquez y sus colaboradores (Egaña, Gandarillas, Irisarri y Salas) inculcaron a los chilenos letrados las ideas de independencia, república y democracia. Las vacilaciones de la primera junta quedaban atrás; al final de la Patria Vieja, en 1814, el retorno a la colonia era inadmisible.

Fuente. Nelson Bustamante Cárcamo. Le Monde Diplomatique, Edición chilena (enero-febrero 2012)