Santiago, 13 de febrero de 1812: "Corrían los hombres por la calle con una Aurora en la mano y deteniendo a cuantos encontraban, leían y volvían a leer su contenido, dándose los parabienes de tanta felicidad, y prometiéndose que por este medio, pronto se desterraría la ignorancia y ceguera en que hasta ahora habían vivido..." (Barros Arana, Historia General de Chile, Tomo VIII)
Así describía un cronista el impacto que causó la Aurora de Chile -Periódico Ministerial y Político hace doscientos años, llenando el vacío que resultaba del gran analfabetismo, la limitada vida cultural y la displicencia de las autoridades ante un medio que cuestionaría el orden colonial. Aunque, subrepticiamente, entraban libros censurados, noticias, cartas privadas desde América y Europa, o circulaban manuscritos subversivos como el Catecismo Político Cristiano y la Proclama de Quirino Lemáchez, la imprenta fue una revolución: "Está ya en nuestro poder, el grande, el precioso instrumento de la ilustración universal, la Imprenta. Los sanos principios, el conocimiento de nuestros eternos derechos, las verdades sólidas y útiles van a difundirse entre todas las clases del Estado".
La situación política en los tiempos de la "Aurora"
La invasión de España por Napoleón, en 1808, precipitó el autonomismo americano. En Chile, la aristocracia criolla (hacendados, mineros y comerciantes), se había opuesto, desde el Cabildo de Santiago, a los pilares del poder imperial: la Real Audiencia y el Gobernador. La Junta de Gobierno de 1810, si bien reconoció al rey cautivo, Fernando VII, dio un paso separatista al asumir el mando del país.
A comienzos de 1812, gobernaba en Santiago una junta dominada por José Miguel Carrera; tres asonadas militares a fines de 1811, con apoyo inicial de diputados "exaltados", habían reforzado su poder y disuelto el primer Congreso. Carrera creía llegada la hora de una real independencia, pero su autoritarismo, el cierre del Congreso y la exclusión de los opositores, causaron un grave conflicto con la junta de Concepción. A despecho de esas tensiones, los patriotas habían transformado el gobierno del país: creación de nuevos militares, libertad de comercio, disolución de la Real Audiencia y elección del breve Congreso que inició la abolición de la esclavitud y elaboró planes educacionales. Por el momento, otros frentes insurgentes no permitían al Virrey Fernando de Abascal más que represalias comerciales.
"Un redactor adornado de principios políticos, de religión, talento y demás virtudes..."
En 1810, el jurista Juan Egaña propuso "costear una imprenta para uniformar la opinión pública a los principios de gobierno"; importada de Nueva York, aquella "máquina de civilización" fue instalada en la antigua Universidad de San Felipe, donde se levanta actualmente el Teatro Municipal. En enero de 1812, la Junta nombró redactor a fray Camilo Henríquez. Nacido en Valdivia en 1769, hizo sus estudios y se ordenó en Lima. La Inquisición lo persiguió, probablemente, por estudiar El Contrato Social de Rousseau cuya influencia es patente en sus escritos. Absuelto, y atraído por los sucesos de Chile, regresó a fines de 1810; pronto se distinguió entre los "exaltados". Antes de dirigir la Aurora, había escrito la Proclama de Quirino Lemáchez y pronunciado, el 4 de julio de 1811, el sermón de la misa de apertura del primer Congreso de Chile, afirmando el derecho a una Constitución. Fue, además, diputado suplente de esa asamblea.
"El editor publicará los papeles que se le confiaren bajo el nombre de sus autores"
La Aurora, órgano de gobierno, no sólo publicaba documentos oficiales, sus columnas eran variadas: salud pública, educación, minería, arribo de naves, parlamentos con los araucanos, meteorología, avisos comerciales, etc. Las noticias exteriores, de cartas y periódicos de Buenos Aires, Londres, Cádiz, Baltimore o Lima, tardaban meses, pero abrían el mundo a los asombrados chilenos: guerras entre patriotas y realistas en América, campañas de Napoleón en Rusia, de Wellington en España, debates en las Cortes de Cádiz, etc.
La difusión de ideas políticas racionalistas era primordial. "En esos escritos se sostenía y propagaba la noción del derecho que tenían los pueblos para darse la Constitución más conforme a sus intereses". Los criollos ilustrados sabían del parlamentarismo británico, la independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y de sus textos fundadores: la Declaración de la Independencia, la Constitución de los Estados Unidos, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la Constitución de Francia de 1791. La Aurora esparció ese conocimiento y atacó la monarquía colonial con las ideas de soberanía popular, democracia representativa y separación de poderes; su primer artículo no podía ser más claro: Nociones fundamentales sobre los derechos de los pueblos. Y su último número de abril de 1813, anunciando la invasión del país, enseñaba que en los jurados británicos "el poder judicial está absolutamente fuera de las manos del poder ejecutivo".
Los principios políticos
El gobierno debe ser establecido contractualmente, por consentimiento de los gobernados. La soberanía puede ser delegada en representantes. El Estado debe someterse a una Constitución que separe los poderes equitativamente. Las personas poseen derechos naturales e inalienables -libertad, seguridad, propiedad e igualdad ante la ley- cuya protección es deber del gobierno. La república necesita un cierto grado de virtud pública que sólo se logra con ciudadanos ilustrados. "Se necesita pues un reglamento fundamental; y este reglamento es la Constitución del Estado" (Aurora, n°1).
Estas nociones fortalecían la causa criolla; pero no tenían la connotación actual. El concepto de pueblo, por ejemplo, que hoy incluye a todos los miembros de la sociedad, se refería a los "vecinos", notables con solar y casa propios, a los propietarios de tierra; éstos podían darse un gobierno. La inmensa masa servil no contaba, eran el estado llano, los rotos, la plebe, el bajo pueblo, el populacho; su acceso a la ciudadanía tardaría. Nuestros próceres, si bien querían "desterrar de Chile la pobreza", no se proponían alterar el orden social. Sin embargo, puesto que según la suprema ley natural los hombres nacen iguales, los principios republicanos trascienden todo límite social. Desde su proclamación, han sido enarbolados, apropiados e interpretados a lo largo de la historia política y social chilena. ¿Cómo construir una sociedad libre y democrática? Las columnas de la Aurora abrían, en 1812, este largo debate inconcluso.
"Oh, si la "Aurora de Chile" pudiese contribuir de algún modo a la ilustración de mis compatriotas"
La educación, prioritaria, comprendía dos aspectos: 1) La instrucción básica y técnica para aliviar la miseria y contribuir al progreso (ya en 1795, Manuel de Salas proponía la escuela industrial nocturna). 2) La ilustración, formadora de ciudadanos virtuosos, era una base del nuevo sistema; "el gobierno republicano necesita todo el potencial de la educación" (Montesquieu, El Espíritu de las Leyes); desde esta perspectiva el periódico promovía la fundación del Instituto Nacional.
"La práctica de las ciencias sólidas y el cultivo útil de los talentos es inseparable de la grandeza y felicidad de los Estados. No es el número de los hombres el que constituye el poder de la nación, sino sus fuerzas bien arregladas, y estas provienen de la solidez y profundidad de sus entendimientos... La rudeza de costumbres e ignorancia de las letras no puede remediarse si no interviene el brazo poderoso del gobierno y toma a su cargo los primeros fundamentos de la reforma de las escuelas" (Aurora, n°9).
"Pero no olvidará la Patria que trabajé por ella cuanto estuvo a mi alcance"
En abril de 1813, la Aurora fue reemplazada por el Monitor Araucano, bajo el mismo redactor. Tras el triunfo de Osorio, en octubre de 1814, fray Camilo partió al exilio en Buenos Aires, donde continuó escribiendo. En 1822, llamado por O'Higgins, volvió a proseguir sus labores periodísticas y políticas hasta su muerte, en Santiago, el 16 de marzo de 1825.
"Recibir la imprenta en las manos y hacerla funcionar decorosa y sostenidamente por la vez primera; emplearla con dignidad; hacerla servir a ensueños vinculados al nacimiento de una patria libre, son logros que elevan el nombre de fray Camilo a grande altura en el panorama intelectual de Chile. Niéguesele cuanto se quiera, hágase a su labor literaria toda suerte de reservas. Siempre quedará en pie el modesto editor de la Aurora, diligente divulgador de novedades literarias y políticas, heraldo alerta y vigilante de nuevos tiempos y nuevos deberes" (Raúl Silva Castro, Prensa y periodismo en Chile, 1812-1956). Portavoces de vanguardia, Camilo Henríquez y sus colaboradores (Egaña, Gandarillas, Irisarri y Salas) inculcaron a los chilenos letrados las ideas de independencia, república y democracia. Las vacilaciones de la primera junta quedaban atrás; al final de la Patria Vieja, en 1814, el retorno a la colonia era inadmisible.
Fuente. Nelson Bustamante Cárcamo. Le Monde Diplomatique, Edición chilena (enero-febrero 2012)

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