abril 12, 2010

Comparación entre fascismo y comunismo


En un discurso pronunciado en Nápoles en octubre de 1922, Mussolini reconoce que en el corazón del fascismo, al igual que en del nacionalismo, yace una mentira vital, una creencia sostenida con tanta convicción que tiene la fuerza de la verdad. El Duce describe esta creencia como un mito que, de aceptarse universalmente, se convertiría en realidad:

"Hemos creado nuestro mito. El mito es una fe; es pasión. No es necesario que se haga realidad. Es una realidad por el hecho de que es un bien, una esperanza, una fe; de que es valor. Nuestro mito es la Nación, ¡nuestro mito es la grandeza de la Nación! Y es a este mito, a esta grandiosidad que deseamos transformar en realidad plena, subordinamos todo lo demás".


Esta "mentira vital" ilustra una de las diferencias entre el fascismo y el comunismo: el primero pone un énfasis mucho mayor en la nación. Pero hay asimismo muchas otras diferencias. En un artículo publicado en 1964 en World Politics, Klaus Epstein, profesor de historia de la Universidad Brown, explica esas diferencias:

"Es un hecho notorio que los regímenes fascistas adoptan muchas de las características del enemigo comunista al cual combaten (por ejemplo, el uso del terror, los campos de concentración, la dictadura de un solo partido y la destrucción de la "esfera privada" del hombre). Sin embargo, para fines de análisis es importante mantener el comunismo y el fascismo claramente separados. Estas doctrinas difieren en su objetivo declarado, en su contenido ideológico, en las circunstancias para alcanzar el poder y en los grupos a los cuales atraen. Los fascistas persiguen la grandeza de la nación (que no necesariamente excluye un internacionalismo racista); los comunistas, el triunfo mundial de la clase trabajadora (que no necesariamente excluye un intenso nacionalismo ruso). Los fascistas se rebelan abiertamente contra las ideas de 1789; los comunistas se presentan como herederos y ejecutores de esas ideas. El fascismo tiene un contenido ideológico variado y heterogéneo; el comunismo se enorgullece de la lógica totalmente excluyente de su [visión del mundo]. El fascismo se regodea con un mundo irracional en pugna; el comunismo busca en último término un mundo racional de paz y armonía (que no excluye cierto orgullo por los métodos violentos necesarios para el logro final de la utopía). El fascismo ha triunfado en ciertas comunidades muy desarrolladas merced al abuso del proceso electoral (por ejemplo, Alemania); el comunismo alcanza característicamente el poder mediante la ocupación militar o el uso exitoso de la violencia en comunidades atrasadas y desmoralizadas por esfuerzos militares prolongados (Rusia, Yugoslavia, China). El fascismo ejerce un atractivo especial sobre la clase media baja y sobre algunos segmentos de la clase alta atemorizada; en general, el comunismo encuentra su máxima resonancia en ciertos sectores de la clase trabajadora, del campesinado y de la intelectualidad. Por último, el fascismo consiste en una serie de movimientos nacionales carentes de una dirección global centralizada, en tanto que el comunismo es un movimiento mundial centralizado en el que cada partido miembro obedece las órdenes que emanan de un solo centro".

Fuentes.
Herbert Finer. Mussolini's Italy (Nueva York, Universal 1935)
Klaus Epstein. A New Study of Fascism (World Politics, XVI 1964)

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